Víctor Corcoba

Algo más que palabras

Víctor Corcoba


Sociedades armónicas

23/01/2024

Son los cimientos de las sociedades armónicas, las que nos sustentan a través de esa fuerza auténtica, que nos impulsa hacia lo alto. Sin duda, tenemos que poner en valor el lenguaje contemplativo, una vía necesaria para aprender a reprendernos, embelleciendo los propios interiores vivientes. Nuestra distintiva continuidad radica, ciertamente, en ejercitarse para una sonrisa permanente y en practicar comportamientos solidarios.
Desde luego, nos urge practicar una mudanza de modos y modales, frente a la escalada del cambio climático, la erosión democrática, las desigualdades persistentes, la creciente discriminación, la siembra de los discursos de rencor y venganza, la violencia y la multitud de contiendas, que nos acorralan por doquier territorio del planeta. 
Hemos de despertar con la llamada de las entretelas. Dulcificada la siembra conciliadora, con el testimonio del abrazo a través del magisterio celeste, germina el eterno poema de lo sublime. Con razón se dice que el espíritu atrayente es aquel que eleva sus melódicas cúpulas con latidos invisibles de acercamiento. La propia vida tampoco es aceptable en discordia, necesitamos percibir los movimientos de la concordia hasta en nuestros andares. 
Hoy, más nunca, debemos formarnos para no caer en el endiosamiento competitivo, que nos vuelve piedras en lugar de pulsos visibles, próximos con el prójimo. Se habla de la apuesta por una educación de calidad, inclusiva y equitativa para todos y de oportunidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida; pero se nos olvida que, tan vital como adquirir conocimientos, es tomar conciencia del saber conjugar el ser con el estar. 
Tan sólo de este modo, uno puede comprenderse a fondo, a través de su propia aptitud y cometido. De ahí la importancia de no malgastar ese talento innato, que todos llevamos consigo, y que lo único que tenemos que hacer es desarrollarlo. Cuidado con esclavizarse, siendo productores y consumidores. El porvenir está en ser ciudadanos libres. En consecuencia, pienso que no sólo hay que llevar la educación a la cima de la agenda política mundial. La transformación comienza por los cánones estéticos de hacer hogar y, simultáneamente, transmitir apego.