Campos de Tierra

Julio César Izquierdo


Almendrucos

17/10/2020

En la ventana de lo que fue cochinera te puedes encontrar un gario, un hocino, sacos con la leyenda Nitrato de Chile, un par de amecales de hacer adobes y un trillo reconvertido en puerta de entrada. Artesas, un badil pintado de añil y un toro de plástico que debió ser primo hermano de la UHF. Va. Está todo colocado, dice, mientras observo como se han ido apilando generaciones de intendencias que pasaron a mejor hacer y que ahora se han convertido en arte gracias a la pátina del tiempo o del polvo, que tiene más solera. Más o menos, el habitáculo es una caja de sorpresas sin Pandora. Se puede bucear en la historia rural de los últimos cincuenta años y encontrar semillas envueltas en las páginas de sucesos de El Caso; sin dejar de lado un molinillo de café a manubrio, tres paquetes aplastados de Bisonte, una cuchara de nácar y una fotografía en blanco y negro donde aparecen más de treinta zagales a la sombra de una iglesia. «Te puedes llevar lo que quieras menos los botes rojos». Y es que Tiburcio siempre me deja fisgar en la trastienda de su ayer, como si supiera que la carrera tiene cerca ya la cinta de meta. Está convencido que todo irá a la lumbre, que a nadie interesará lo que esconde su –ahora- cochera sin vehículos. Lo más dos bicicletas, de las de barra, con faro gigante. Me llamó la atención un San Pancracio, metido en la típica capilla que se repartía de casa en casa. «Ahí quedó cuando se murió el penúltimo», apunta mientras se termina el tazón de achicoria. En fin, señala, «para ser abogado de la salud se lució, aunque no toda la culpa es suya». Silencio. Y así, porque la curiosidad mató al gato, abrí uno de los frascos rojos. Estaban llenos de almendras y en cada tapa ponía el año. Había al menos un centenar. Siempre le encantó coger almendrucos, cascarlos e ir guardando el bien preciado en diferentes recipientes, como si fueran añadas de vino. Y ha seguido con la manía, aunque con un gesto me señala la dentadura postiza. Queda entendido. ¿Y sigue almacenando aunque no pueda comerlos? Asiente, mientras relata, fabuloso, que el vasar que los sostiene es fórmula de savia. Que ayuda a madurar, con rasgos amargos, miel, ayuno, leche y turrones. Lo que viene a ser el truco del almendruco.