Víctor Corcoba

Algo más que palabras

Víctor Corcoba


Juventud

01/06/2021

Resulta emocionante ver a los jóvenes con un estado de ánimo siempre dispuesto, máxime si utilizan ese genio vivo para el mantenimiento de la paz, desplegándose por todo el mundo para llevar aliento a tantas gentes hundidas en la desesperación. Hay que reconocerles su mérito, pues cada día hay que enfrentarse a mayores desafíos y amenazas, y el contar con su colaboración para ayudar a desarrollar una mayor calma entre análogos, lo considero verdaderamente primordial. Indudablemente, son agentes necesarios y claves del cambio, con el que soñamos más de uno, para la reconstrucción de sociedades justas y armónicas. Ahora bien, quizás los adultos tengamos que dejarles una mayor autonomía, en cuanto a un desarrollo de valores y principios, brindándoles un conocimiento sano y las oportunidades que necesitan para avanzar, sobre todo interiormente. Para empezar, no me gusta esta economía productiva que aborrega y esclaviza, que utiliza y pervierte. No son las ideologías las que nos dan quietud, sino otras vías más entrañables que permiten, poseer el tiempo necesario para interrogarnos y poder discernir. 
Desarrollar una personalidad coherente y equilibrada, capaz de asumir cada cual su misión responsable, es esencial. De ahí, lo importante que es que los jóvenes adquieran la educación precisa y las habilidades necesarias para contribuir a un entorno más humano. Sea como fuere, no podemos continuar con este ambiente crispado y deshumanizado por completo. El secreto para tener un corazón que sienta y comprenda; radica, en buena parte, en la escucha y en reavivar el entusiasmo cooperante. Desde luego, no debemos encerrarnos en nuestras miserias, es menester abrirse y reabrirse permanentemente Será esperanzador, por consiguiente, aprovechar el potencial de los chavales para la alianza entre semejantes. En la actualidad, nos consta que decenas de miles de jóvenes del personal de mantenimiento de la paz (de entre 18 y 29 años de edad) están desplegados en todo el mundo y desempeñan un papel fundamental en la protección de los civiles, entre otras cosas. Son, precisamente, estos sueños de lozanía primaveral; los que nos invitan a crecer, desde las raíces del ser y del saber estar.



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