La madeja

Froilán de Lózar


Lupe Grande

26/02/2021

«Cuando los días huyen a hurtadillas despreciando nuestro estupor (mientras se pudre el grano en el almiar) es menester ser precavidos». Con esa tesitura acaba de dejarnos a los 55 años Guadalupe Grande, hija del crítico y poeta pacense Félix Grande y de la poeta y escritora Francisca Aguirre, Premio Nacional de las Letras en 2018. Estos meses, tal vez por el momento de incertidumbre que vivimos, he tirado de Las madejas de gentes a las que he conocido cuando se marchaban, por las citas de otros autores que apreciaban su poesía. En el caso de Guadalupe, su obra siempre poco expuesta y promocionada, habla por ella. Dicen los críticos que fue haciendo su senda entre poetas, entre poemas, entre libros, entre amigos, entre soledades. Basta un poema para expresarlo todo. No hace falta ni un libro, bastan unas palabras que te vienen de dentro, encajadas en medio de otras, como lágrimas, para que se te despierte ese deseo de conocerla. «Quién nos dijo / mientras nos desperezábamos al mundo / que alguna vez hallaríamos / cobijo en este desierto». Hay que decir en cuatro palabras lo que entendemos por vida, que no es fácil, porque el desierto al que hace referencia puede ser la ciudad con su desorden, muy repleta de todo, pero vacía de contenido, y el cobijo puede ser también aquello que le ayuda, esa excepción de encontrar consuelo entre aquellos que entienden su entrega a pintar con poesía esta vida sin tiempo. De ahí, quizá, lo de considerar su trabajo diferente, muy personal, avalado por importantes premios, como el Rafael Alberti.
Lupe puso su mirada en las ciudades y así como una palabra ya te sugiere la desnudez del mundo en tantas situaciones, donde a pesar de todo encuentras cobijo, en el Libro de Lilit, publicado en 1996, es como si estuviera describiendo este momento actual: «He venido a pregonar la escarcha de la duda». «Demos el último paseo de esta desdichada esperanza». «Sin la tristeza que da mirar el firmamento». Alguien que conocía bien su obra asegura en la última crónica de urgencia que Lupe traza la topografía de la incertidumbre en esos poemas urbanos, densos y deslumbrantes. «Quién nos hizo creer, confiar,/-peor: esperar-,/ que tras la puerta, bajo la taza, / en aquel cajón, tras la palabra, / en aquella piel, / nuestra herida sería curada».