Froilán de Lózar

La madeja

Froilán de Lózar


Apamplado

05/04/2024

En el diccionario de la Real Academia Española, «amoragar» es asar con fuego de leña y, en la playa, sardinas y otros peces o moluscos. En las grabaciones de Cillamayor, se hace referencia a este mismo verbo, que se entiende en aquella zona como hervir por breve tiempo. En la grabación hablan también de comida: así, «amoragao», el arroz cocido, con cebolla, un poco de pimienta y poca sal ateniéndose al dicho «la morcilla sabrosa, picante y sosa». Un tío apamplado es un bobalicón. En Camporredondo, a los que comen mucho pan, sin ton ni son, los dicen «apanarrados». Otra palabra que se usaba mucho por mi tierra era apergollar, que viene a ser lo mismo que atacar, golpear, coger por el cuello a alguien; en Barruelo se decía también «apizancar». Cuando hemos ido añadiendo en nuestros propios libros palabras curiosas de nuestras respectivas comarcas, nos parecía que en aquellas tres o cuatro páginas ya lo teníamos todo tratado, pero de ninguna manera.
El arcojo, por ejemplo, que forma parte del vocabulario de Santibáñez de Resoba, era un barzón. ¿Y qué demonios es el barzón? Pues, un aro de hierro que se sujeta con el sobiyugo al yugo y que sirve para enganchar al mismo el arado u otros aperos de labranza. En La Castillería el argallar era un segundo aro de hierro que une y asegura las duelas de una cuba. Lo explican allí al detalle: «Para apretar del todo la cuba se ponen cuatro aros en la parte superior e inferior: el testero, el argayar, el intermedio y el panza». En Cillamayor, se llama armella a la vilorta, que es una abrazadera de hierro que sujeta al timón la cama del arado. Y el armón es la telera. ¿Qué es la telera? Es la madera de la parte delantera y trasera del carro, que le da consistencia. Término también utilizado en Rabanal de los Caballeros y en varios pueblos de Fuentes Carrionas.
En muchos de estos pueblos, arrampar era esquilar, pero no el esquilar que nos sugiere a todos la palabra: cortar, pelar, esquilar al ganado, al que también se trasquilaba para elaborar luego productos con su lana. Ni era tocar la esquila, según entendían los vecinos de Ávila y Salamanca.
No. Esquilar, en nuestros pueblos, era subir a los árboles.  

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