Froilán de Lózar

La madeja

Froilán de Lózar


En Vado con Vega Antuña

29/03/2024

Tenía yo veinte años cuando Vega Antuña se prodigaba en La Voz de Palencia, en el famoso Cimbalillo que se emitía a las dos de la tarde. Entonces mucha gente bromeaba por su manera de contar las cosas. «Dicen que exageraba mucho en las nevadas, pero tengo citas grabadas que se aproximan bastante a aquellas narraciones». «Voy a contarte una anécdota: mi mujer, hablando de las nevadas, decía que en Piedrasluengas nevaba tanto que mucha gente tropezaba con las chimeneas...y comprobó que era cierto». Vega Antuña nació en 1919 en Langreo, La Felguera (Asturias). Fue jefe administrativo de las Minas de Felipe Villanueva y jefe del Economato que las minas pernianas establecieron en San Salvador: Sanfesa, La Vasco Cántabro, las dos de Redondo, Cuesta, Eugenia y Cobre. Siendo alcalde de La Pernía logró la fusión del Ayuntamiento de Redondo y Lores y le quedó una espinita porque no pudo conseguir la anexión de la Castillería, pueblos que años más tarde pasaron a depender del Ayuntamiento de Cervera de Pisuerga. Fue el autor de un lema que sigue utilizándose todavía: Pernía, paraíso palentino. Y, sobrepuesto a un infarto, pasaba aquellos meses estivales en los que hicimos la entrevista, en su casa de Vado, preguntándose por tantas cosas que desaparecieron, valorando siempre a las gentes que conoció, recordando su Asturias, pero impregnado hasta la médula de estas tierras a las que agradece la acogida y el trato recibido. ¿Qué dejaste en San Salvador?, le pregunto. Y la respuesta no tiene desperdicio: «Muchos amigos y muchas zancadillas de seres envidiosos, sin escrúpulos, y añadiría, sin alma, que fracasados y sin horizontes en la vida, no toleran y sufren porque el compañero, el vecino, e incluso el amigo, triunfa por su talento, esfuerzo y tesón». «La gente de fuera me estimulaba. No era por presumir, ni quería ser protagonista. Lo hacía por aquella gente que marchó de Pernía y que les entusiasmaba oír cosas de su tierra natal». Vega me recuerda cuando llamaban a huebra para abrir las carreteras, que la Campa era el Chicote de Madrid; el lento desmantelamiento de La Robla, el escaso apoyo que siempre tuvo la montaña por parte de las autoridades y las Crónicas satíricas, que publicaba en El Diario Palentino, por las que se hizo popular en Cervera cuando el fútbol estaba en auge.