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 José María Nieto Vigil

Sin Perdón

José María Nieto Vigil


Gente de buena pasta

27/08/2021

De todo el mundo se aprende, lo bueno y lo malo, aunque la soberbia de algunos les impida reconocerlo. No importa la condición social, menos aún el nivel de instrucción, todos tenemos mucho que aprender y algo que poder enseñar. Así lo he entendido a lo largo de mi vida. Muchísimas cosas no están en los libros, más de las que podamos siquiera llegar a imaginar. El sentido común y la experiencia de la vida son algunas de ellas.
Se llama Pedro, el padre, y Pedro, el hijo. Desconozco sus apellidos, pero eso no importa. El mayor ya se ha jubilado después de una vida de trabajo infatigable, el hijo está en activo. Son los barrenderos o, si se prefiere, el personal de limpieza que trabaja en la zona donde vivo, que tampoco interesa. Son personas afables, atentas y educadas, siempre dispuestas a entablar una amable y aleccionadora conversación, muy esclarecedora y gratificante. En su diario quehacer se mueven entre nosotros, aseando nuestras calles –demasiadas veces afeadas por la falta de urbanidad ciudadana- , conociendo esa filosofía de la vida que muy pocos disfrutan. Su saber es un auténtico patrimonio cultural, apenas valorado y reconocido, pero admirable y lúcido, en una palabra, sobresaliente.
Hoy, desde mi columna, quiero rendirles mi más sincero reconocimiento, no ya por la labor que desempeñan, que también, sino por lo que he aprendido de su sabiduría de la vida, del mundo y del hombre. Unas cuantas palabras cruzadas, de manera fugaz y breve, me han permitido admirarles y aprender no pocas cosas de lo que me refieren y me comentan, sin pretensión ni presunción. Su sensibilidad social y su discreta, pero necesaria y fundamental presencia, les hacen acreedores de mi  sencillo homenaje. De todo corazón, muchas gracias.

 

ARCHIVADO EN: Libros, Patrimonio, Trabajo