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Víctor Corcoba

Algo más que palabras

Víctor Corcoba


La triste pobreza

06/09/2022

El contexto inflacionario, que sufre la ciudadanía de todos los continentes, demanda el reforzamiento de las instituciones laborales, especialmente el salario mínimo y la negociación colectiva, lo que requiere un activo diálogo mutuo y permanente, si en verdad queremos avanzar en el cierre de  brechas laborales y no retroceder. Lo mismo sucede con la capacidad de ser solidario, esto también nos exige mayor escucha, para saber ayudarse. Está visto que cuando falta el intercambio de pareceres y todo se mueve en un mercado de intereses, nada se reconstruye ni se libera. Es público y notorio que la pobreza más grande radica en este aluvión de incertidumbres que padecemos. En consecuencia, hay una labor prioritaria pendiente de realizar, la de trabajar por lo armónico, antes de que las guerras se globalicen y nos muestren sus garras destructivas, dejándonos sin rastro alguno. Hemos de superar, por consiguiente, todos estos fanatismos generadores de contiendas inútiles, que lo único que hacen es que las llagas del hambre y de la pobreza persistan.
Precisamos conciliación en todos los territorios habitables. Las naciones necesitan crecer en la quietud. Volvamos a rehacer y renacer como familia. Restauremos los vínculos. Naturalmente, la mayor pobreza es sentirse solo, abandonado por los suyos, sin amor alguno y con el desasosiego de no tener donde abrazarse en el campo de batalla. Porque sí, en efecto, la vida es lucha diaria, que nos requiere vivirla en solidaridad. De ahí, lo trascendente de concienciarnos sobre los derechos de los marginados y desfavorecidos. Sea como fuere, estamos aquí de paso y el paseo será fructífero en la medida en que contribuyamos al mejoramiento de nuestro espacio vivencial. Por eso, es vital unir nuestras fuerzas morales y económicas, más allá de las propias fronteras,  y universalizar la oposición contra cualquier pobreza que degrada, ofende y mata a tantos semejantes nuestros. 
Desde luego, tenemos que superar todos estos desórdenes que nos desequilibran, creando nuevos excluidos, con una economía interesada que no responde a una democracia inclusiva y participativa, puesto que no está al servicio de sus gentes ni tampoco del bien común.