Salvador Illa, diálogo y fe para olvidar el procés

Marc Corominas (EFE)
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El candidato socialista busca reeditar y ampliar el triunfo de 2021 a través de un perfil extremadamente metódico, de fuertes creencias religiosas y preparado para competir en maratones

Salvador Illa, diálogo y fe para olvidar el procés

Salvador Illa se ha convertido en el líder incontestable del PSC. Después de ser arropado por Pedro Sánchez hace dos semanas en el décimoquinto Congreso del partido, el barcelonés afronta una carrera contrarreloj hasta el 12 de mayo como firme contrincante a las fuerzas independentistas. 

El mandatario catalán, nacido en el municipio de La Roca del Vallès en 1966, desembarcó en la primera línea de la política catalana bajo el denominado efecto Illa, debido a su impacto mediático como ministro de Sanidad durante la época de la pandemia. Como líder del partido y jefe de la oposición en Cataluña, ha imprimido un estilo Illa, basado en la apuesta por el diálogo y el pacto.

Extremadamente madrugador, su despertador suena a las 5 horas de la mañana. Seguidamente, siempre que puede, sale a correr para despejar la mente. A las 6,45 le recogen en casa y antes de las ocho ya está en el despacho con un té verde en la mano. Un ritmo que él aguanta y al que sus colaboradores se han tenido que acostumbrar a seguir. Aunque durante años fue un fumador empedernido, antes de asumir la cartera de ministro de Sanidad dejó el tabaco y poco después empezó a hacer running, una afición que no ha limitado a salidas por su localidad natal, sino que le ha llevado a competir en maratones, donde posee una nada despreciable marca personal de tres horas y 40 minutos.

Su figura como corredor de fondo la ha aplicado en su acción como jefe de la oposición, centrando sus esfuerzos en construir una alternativa al Govern de Pere Aragonès y tendiendo la mano para aprobar leyes de calado como la del catalán en la escuela o los últimos presupuestos, logrando así romper la política de bloques instaurada con el procés.

De creencias religiosas, afronta la nueva etapa bendecido por el Papa Francisco, al que visitó hace dos semanas. Sabedores de su fe, el día que Aragonès anunció el adelanto electoral, la sectorial de militantes católicos del PSC le hicieron llegar una imagen de San Pancracio, puesto que la fecha de las elecciones, el 12 de mayo, coincide con ese santoral. «Es el santo que se invoca cuando se quiere prosperidad, es un buen augurio. Será un buen día para Cataluña y para España», señaló el día siguiente al avance de los comicios el propio Illa, quien colocó la imagen de este santo en su despacho.

Después de años siendo el señor Lobo del PSC como solucionador de problemas del partido -igual que Harvey Keitel en Pulp Fiction- por sus responsabilidades como secretario de Organización, ahora Illa es la gran esperanza blanca del socialismo catalán. El PSC ha encontrado en Salvador Illa el líder que hacía tiempo que buscaba, con el que confían en repetir y ampliar la victoria en las elecciones catalanas de 2021 logrando así las alianzas necesarias para gobernar.

Nacido en el seno de una familia trabajadora, Illa destaca por ser una persona tranquila, de trato cortés y extremadamente organizada. Sus colaboradores resaltan su energía incombustible. Como si temiera aburrirse, busca siempre llenar los huecos de su agenda con visitas por el territorio, reuniones o llamadas que a menudo tienen lugar mientras va en coche, donde prefiere hablar con otras personas que escuchar música, ya que no es un gran melómano.

Licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona y con un Máster en Economía y Dirección de Empresas por la escuela IESE, Illa tiene una larga experiencia de gestión como concejal y alcalde de La Roca del Vallès, municipio que gobernó durante 10 años y donde dio sus primeros pasos en política de la mano de Romà Planas, quien fue delegado especial del expresidente Tarradellas. En 2005, abandonó la Alcaldía al ser nombrado director de Gestión de Infraestructuras del Departamento de Justicia de la Generalitat. Con la incorporación del PSC al Gobierno de Barcelona, fue nombrado gerente de Empresa, Cultura e Innovación del Ayuntamiento de la Ciudad Condal. Pero fue en 2020 cuando obtuvo su mayor reconocimiento siendo designado ministro de Sanidad, puesto del que dimitió en enero de 2021 después de la crisis de la pandemia. Tras ello, se enfocó en las elecciones catalanas de ese año como candidato del PSC. Su partido fue el más votado, pero los independentistas lograron la mayoría. Tres años después, confía en reeditar triunfo. En esta ocasión, buscando pasar página del procés.