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Ilia Galán

Ilia Galán


Futura piscina embarrada

02/05/2022

Quéjanse y con gran razón quienes dicen no a la cerrazón y es que la Junta cerrar quiere la piscina del Campo de la Juventud, pues estamos en tiempos trágicos de senectud, vejez mental y social. Tendrían que acondicionarla según no se sabe qué normas de seguridad y eso cuesta una barbaridad. Esto es lo que nos está matando, una pretensión de seguridad que no nos deja actuar y que está anquilosando la sociedad. No importa que nadar sea estupendo para cuidar la salud, lo que importa es que un padrastro estatal cuide de toda actividad para ver si podemos ejercerla o no, y lo que no controla lo quiere cerrar. En vez de expandir lo bueno, se tiende a clausurar lo desarrollado en otros tiempos con enormes esfuerzos. 
Ahora que la Diputación de Palencia promociona la arquitectura de adobe en Cerdeña, cuando se buscan remedios ecológicos y renacimiento de palomares que den nuevos trabajos y alimentos a nuestros campos, tal vez prefieran una piscina que por abandono se vaya ensuciando y cubriendo de polvo hasta terminar en barro. Esperemos que no prosperen los legisladores, maníacos políticos que hacen leyes pensando que han de controlarlo todo, como si eso fuera bueno, y nos quiten el adobe, que tan barato es y útil contra frío o calor, porque a lo mejor si ingerimos a mordiscos las paredes pudiera ser inadecuado para nuestros estómagos. Las vísceras de las administraciones con sus legisladores están demasiado infladas y conviene eliminar leyes, dejarnos con el riesgo de la libertad, mejor que «encadenarnos por nuestro bien» con tripas hediondas que se supone nos protegen.
Agua y tierra, el cielo y el sol, los cuatro elementos de los antiguos pretendemos controlar sin hacer ni dejar hacer y eso no va bien, pues la vida tiene su margen de riesgo, de dejadez, de permitir ver que nuestro mundo no es el único, que todos moriremos y el buen Dios nos ha de recibir detrás de nuestros inevitables accidentes. Las instituciones tienen que apoyarnos, no cercenarnos los empeños... Pero así estamos hoy, atados por un cinturón de seguridad que no nos deja apenas maniobrar, ni caminar.