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Juanma Terceño

El hecho gastronómico

Juanma Terceño


Viajar para comer

15/06/2022

Han llegado ya los primeros días da calor veraniego, con el sofoco que supone, y también con la motivación de la cercanía del período vacacional.
¿Cuál será el destino de nuestras vacaciones? ¿Qué presupuesto destinaremos a ello? Máxime este año, en que los precios están por las nubes…
Seguro que, aparte del destino principal de nuestro viaje, ya sea de descanso, buscando la playa, o cultural, o para visitar amigos o familiares, muchos tenemos previsto hacer esa escapada con la principal excusa de ir a comer a un sitio concreto. Porque hay multitud de restaurantes que por sí solos pueden ser el objetivo principal de alguno de nuestros desplazamientos; ir a comer al restaurante X, y como está en este sitio, aprovechar los días previos o posteriores para hacer turismo por esa zona.
Y es que la gastronomía es un importante motor de actividad y generador de economía, también un apoyo al asentamiento de población de algunas zonas rurales, en las que en ocasiones un restaurante pone en el mapa a una población. De hecho, los famosos criterios con los que la Guía Michelín define las estrellas que otorga son:
• Una estrella significa que el establecimiento cuenta con una cocina de gran fineza, que compensa hacer un alto en el camino para degustar sus platos.
• Dos estrellas reconocen una cocina excepcional y, por lo tanto, un lugar donde merece la pena desviarse para conocer.
• Tres estrellas representan una cocina única que justifica el viaje por sí misma.
Evidentemente no sólo vivimos de las estrellas, y todos tenemos en nuestra mente varios lugares preferidos para realizar esa escapada. Pensemos en el restaurante en el que nos encanta comer un gran arroz, una carne fantástica, nuestros chefs favoritos trabajando el pescado o elaborando platos de cuchara… También, en función de nuestra pasión por la comida y nuestra solvencia económica, nos puede dar más o menos pereza desplazarnos según la distancia al destino.
En cualquier caso, disfruten de esos momentos, de estar salivando los días previos al ágape y sobre todo durante el trayecto de ida al destino, en los que el gusanillo de la experiencia a vivir nos altera y excita a veces incluso como en los primeros momentos de un enamoramiento adolescente. ¿Verdad que sí?