Toyi Marcos Sosa

Desde mi ventana

Toyi Marcos Sosa


La Casa Pequeña

26/05/2024

El pasado día 17 este Diario en su espacio La imagen publicaba una foto remitida por Ignacio Pérez de Diego bajo el titulo ¿A qué esperan? Hace mucho que por ciertas razones ya no subimos al monte. Sentí enorme tristeza y profunda alarma al contemplar en qué  estado se encuentra la querida Casa Pequeña. No quiero pensar que sea por ignorancia. Pero el camino que lleva no es muy alentador. Por favor, no permitan que con ella ocurra como con la Venta, la de Baños, de la que ya no queda ni un adobe. El llamado pulmón, orgullo de Palencia, se ve olvidado y a quien competa, debería darse cuenta de que es una necesidad cuidar ese oasis único en beneficio y disfrute del común de los palentinos; otrora zona de caza, de carboneros,  hacejeros que llevaban a cuestas su carga de leña y tantos otros que se ganaban la vida con el producto del gran monte El Viejo. Sus emblemáticos edificios conservan en sus muros muchos sentimientos entre arboledas de encinas, robles, jaras y otras plantas que han cobijado tantas meriendas entre familias y amigos. A través de algún escrito de Domitilo Valverde aprendimos que las grandes atalayas tienen nombre propio. ¿Quién no ha pasado sus buenas horas pateando por sus caminos, sendas o atajos sorprendidos por algún animal, para terminar recalando ante un tentempié en la Casa Grande, el Refugio o la Casa Pequeña junto a amigos o en solitario? La atalaya de la Casa Pequeña era única. Desde esa zona y a su alrededor admirábamos nuestra alargada ciudad que mostrábamos a cuantos nos visitaban: el cauce del río, la catedral, allí está el Cristo… mientras, el porrón que la señora Encarna, con alguna agudeza o advertencia que de vez en cuando soltaba, nos había preparado con vino  o cerveza, con o sin gaseosa, corría de mano en mano acompañado de aceitunas o bolsa de patatas. Hoy, se divisa todo eso pero ya no se puede  llevar a nadie por la vergüenza que sentiríamos al ver en qué se ha convertido aquella entrañable Casa Pequeña, limpia y fresquita en verano y calentita en invierno. Increíblemente dañada por fuera y por lo que la foto muestra quemada y arruinada por dentro: sálvenla del hundimiento.