Mikel Garciandía

Carta del obispo

Mikel Garciandía

La Carta del obispo de Palencia


Contemplando tu rostro, aprendemos a decir...

26/05/2024

Queridos lectores, ¡Paz y Bien! El domingo pasado culminábamos el tiempo pascual con la solemnidad de Pentecostés. 
Y este domingo la alegría del Resucitado sigue brillando de una manera especial gracias a una porción del pueblo cristiano. Me refiero a nuestras hermanas y hermanos contemplativos. Hoy, la solemnidad de la Santísima Trinidad nos ofrece la ocasión de celebrar y orar gratitud por aquellos que se han consagrado enteramente a vivir a la luz del misterio eterno. Ellas y ellos «son los que rezan».
En efecto, hoy es la jornada pro orantibus, por los que rezan, por las monjas y los monjes. Han hecho de la actitud orante -que es inherente a la fe, pero se modula de distintos modos según los carismas- regla y medida de todas las cosas: las internas y las externas, las personales y las comunes, las decisivas y las pasajeras, las del corazón y las del mundo.
Este año os invito a que en esta jornada valoremos de modo singular la ofrenda de su vida. Gracias a las monjas y los monjes, quienes tenemos vocación secular (laicos, ministros y consagrados en el mundo) podemos respirar y encarnarnos en la historia humana. 
La fuerza decisiva de su intercesión y consagración total coopera para que se adelante el Reinado de Dios en el mundo. Todos, contemplativos y activos, caminamos a una en la historia.
Y digo este año, por las dolorosas noticias que nos llegan de un monasterio burgalés. Mete mucho más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. Este es un día para rezar por ellas y ellos, para mostrarles nuestro cariño, visitarlos, tenerlos presentes. 
Luchemos contra el desamparo y el aislamiento de estos hermanos, que, en muchas ocasiones entrados en años, mantienen intacta su pasión por ser cada día más de Dios. Atravesar los muros de un monasterio permite comprobar que allí la realidad se rige por una ley que «surge de las entrañas del Evangelio. Contemplar para asentir a la verdad y la bondad y la belleza del Dios que se revela a cada instante». 
El lema de la jornada de este año es contemplando tu rostro, aprendemos a decir: ¡hágase tu voluntad!. Las dos Marías, la hermana de Lázaro de Betania y la madre del Señor son los iconos perennes para los consagrados contemplativos. Las dos están cerca del Señor en toda circunstancia, incluso allí donde imperan las tinieblas del dolor y el sinsentido: en la tumba del hermano muerto o en la cruz del hijo agonizante. 
Ambas representan ejemplos sublimes de la vocación contemplativa en la Iglesia porque en ellas se cumple esa peregrinación interior por la que la visión humilde del Señor en todo tiempo y lugar termina traduciéndose en una senda esforzada de discopulado.
En su historia, conocemos la verdad profunda del seguimiento del Señor para todos, pues comprendemos que quien pone sus ojos en Cristo con serenidad y sinceridad no puede dejar de mirar lo que él mira y de caminar por donde él camina. Una mirada y un camino cuyo horizonte último es el Padre, que sale siempre al encuentro de los hombres -tantas veces heridos y perdidos- para que entremos en su voluntad.
Contemplando tu rostro, aprendemos a decir: ¡Hágase tu voluntad! Respecto al lema de este año, también podría decirse desde la perspectiva inversa: Haciendo tu voluntad aprendemos a contemplar tu rostro. Se trata, de un movimiento con cadencia de ida y vuelta que, justamente porque apela a los dos polos de la experiencia (el receptivo y el activo, el don y la respuesta), hace crecer la fe hacia cotas cada vez más intensas de relación con Dios y entrega fraterna. 
Lo que el Señor espera de nosotros y del mundo, nos interpela vivamente cuando contemplamos su santa faz, así como su imagen llagada y resucitada nos asalta en la realidad concreta cada vez que intentamos obrar según su voluntad.
Clarisas, brígidas, carmelitas, dominicas, agustinas, cistercienses y trapenses, jalonan el territorio de nuestra diócesis palentina y han de jalonar también el ritmo y la cadencia parroquial y diocesana. 
Ellas y ellos son preciosas poesías del Dios que hermosea la vida y el rostro de cuantos viven vueltos a él. 
Su norte y el fiel de su brújula es Jesucristo, y se consagran para que quienes nos movemos en las nieblas del mundo no caigamos en tinieblas y no perdamos el norte. Nuestro mejor homenaje a la vida contemplativa: ¡miremos al Padre que por medio de su Hijo nos regala a su Santo Espíritu!