Toyi Marcos Sosa

Desde mi ventana

Toyi Marcos Sosa


Defender la mentira

25/02/2024

Nos dan gato por liebre y tan contentos. Se agarran como lapas y con su verbo viven bien. Nadie dimite. Los recursos para lo que quieren. Dan la mano, pero imponen credo. Y así, nacen partidos políticos con más ganas de mando y nómina que Carpanta de pollo. Cualquiera vale. Los extremismos se los pasan. Y esto no funciona. Pero empieza a vislumbrarse un algo que dice: «si me has engañado una vez, no quiero que me engañes dos». A los políticos y adláteres no se les puede perdonar todo, y menos aún feas fechorías. Muchos, mantienen un difícil problema para decir una verdad. ¿Habrá alguien que se atreva a conferenciar sobre el elogio a la mentira? Que crean que trae más cuenta mentir que contar la verdad cala poco, y hay quien no dice una verdad ni aunque se equivoque. Luego, salen en tromba y donde dijeron digo dicen Diego. ¿Cómo pueden tener ese cuajo? Nos tienen por tontos y así nos tratan sin nombrarnos. Que la mentira también tiene su valor histórico, es cierto. Es buena si es piadosa y no hace distinciones ni daño a nadie. Pero si la mentira es política y sirve para lucrarse a costa de los demás, causa desigualdad y males entre el conjunto de la población, es mezquina y repugnante. Y si un día deciden decir la verdad, ya no tiene valor. Solo demostrarán la falsedad de sus aseveraciones que son mucho peor para la verdad, aunque la cumplan. La pretensión por ambición de autoridad de reformar sin que se entere el prójimo, a escondidas y sin trasparencia, entendiéndose solo entre ellos y tratando de reformar no solo al escudero que escucha y declara a todo un territorio culpable cuando son los más beneficiados: cansa. El ordeno y mando no atrae. Las mentiras enfrentan. Y ocurre, cuando el mando dominante va saliendo victorioso de ellas y se convierte en duro reformador para los vencidos. Ya no parará y buscará la fórmula para vencen al caído aunque sea un moribundo. Pero los vencidos, si están contentos con el juez ecuánime y libre y las leyes que tienen, no quieren que se las cambien, pero el que se cree vencedor, seguirá imponiendo las condiciones en forma de leyes aunque no tenga potestad para ello.

ARCHIVADO EN: Leyes, Desigualdad, Política