Antonio Álamo

Antonio Álamo


Bocazas

23/05/2024

Se preguntaba el martes el periodista Carles Francino que qué hacíamos con los bocazas y dijo que aceptaba opiniones. Quien tuvo curiosidad pudo escucharlo en la SER anteayer, por la tarde. En fin, si estaba un poco sordo pudo leerlo porque también estaba escrito. Incluso ahora podría pasar olímpicamente de este asunto, está en su derecho y nadie se lo reprochará. En cualquier caso, si cree que su opinión es valiosa puede hacérsela llegar. Su reflexión surgió tras el guirigay diplomático entre Argentina y España a causa de tres políticos a quienes el día en que la naturaleza derramó los dones de la mesura y la elegancia poco les afectó. Estaban en la caverna. A cubierto.
Son muy conocidos. Uno, el protagonista, es Javier Milei, presidente de Argentina, un pequeño desastre en materia de historia a juzgar por sus afirmaciones sobre los muertos causados por el socialismo -nada ha dicho sobre Videla y los vuelos de la muerte-, un poco faltón a la vista de sus palabras sobre la esposa del presidente español y la corrupción, y sin conocimiento del protocolo oficial. El segundo es el ministro español de Transportes, Óscar Puente, especialista en iniciar conflictos gratuitos. Véanse sus comentarios sobre Milei y competencia desleal en materia ferroviaria en la Unión Europea. El tercero es el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, quien, a base de sacrificio, ha alcanzado idéntico nivel lenguaraz al de su compatriota. El primero es ultraderechista, el segundo es socialista y el tercero es conservador.
Ellos, los tres, y otros tantos de la estirpe de la gestión pública llevan mucho tiempo jugando con ventaja ante la prensa por el uso de fórmulas chuscas para hacer llegar a la opinión pública mensajes distorsionados, hirientes y chungos a sabiendas de que serán reproducidos en ese afán suicida de captar oyentes, lectores o telespectadores al precio que sea. El problema de fondo, pues, a lo mejor podría no estar en la política. Y hay soluciones. Una de ellas está basada en el principio de reciprocidad. Unos convocan ruedas de prensa sin preguntas o las ofrecen en pantallas de plasma… otros arrojan a la papelera los silencios y las gracias propias de bocazas. Aquí, en Argentina y en Alfa Centauri.