Editorial

Todo según el libro en el balance de daños y el polvorín de Cataluña

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Casi todo sigue igual en España tras la jornada electoral europea y el posterior análisis de daños. El PSOE de Pedro Sánchez no se da por aludido y rechaza la idea de que recibió un varapalo tras perder casi dos millones de votos respecto a 2019. El presidente sigue silente después de haber proclamado a los cuatro vientos que quería darse el gusto de ganar a Feijóo y Abascal en las urnas, cosa que no ha sucedido. Cabe colegir del discurso presidencial que él sí entendió las europeas como una consulta sobre sí mismo, faltaría más. Bien, pues ya la tiene y la ha perdido. No es nueva ni la derrota, que ya cosechó el 23-J, ni la soberbia frente a un mal resultado electoral. Tampoco ha hecho nada el PSOE al respecto del CIS, organismo presuntamente imparcial que se nutre de fondos públicos y que, una vez más, volvió a tratar de inclinar el voto hacia la papeleta del PSOE pronosticando una victoria por el margen por el que se ha producido la derrota. Por último, nada ha cambiado en lo que toca al discurso único que sostienen en Ferraz y Moncloa: señalar al avance ultra como una responsabilidad del PP de Feijóo, que mientras no se demuestre lo contrario es precisamente la fuerza política que frena el avance electoral de Vox y los antisistema que ahora germinan por la orilla derecha de las redes sociales.

Las réplicas de los resultados electorales sí se han hecho sentir en media Europa, donde se han producido dimisiones y adelantos electorales. En España, por contra, todo va según el libro. El presidente gana cuando pierde y sus socios son amarres de seguridad mientras sus opositores conforman una mefistofélica conspiración contra los valores democráticos que sí defienden los amigos parlamentarios de Sánchez, caso de EH Bildu, ERC o Junts, por ejemplo. La única e insuficiente reacción que ha habido en el entorno de 'los zurdos', como ahora se hacen llamar en el PSOE, ha venido de la mano de la vicepresidenta Yolanda Díaz, que renuncia a seguir siendo la mandamás del partido que creó a su imagen y necesidad pero se aferra al sillón del Consejo de Ministros y del Parlamento. Hay que ganar tiempo para guionizar un nuevo relato.

Mientras, en Cataluña vuelven a activar los focos sobre la testa presidencial y el secesionismo vota en bloque (la burguesía, los republicanos y los antisistema de Junts, ERC y la CUP) para entregar a Puigdemont la Presidencia del Parlamento catalán y comenzar a hacer trampas aceptando el voto telemático del fugado. Porque eso tampoco ha cambiado. Los socios del PSOE siguen trabajando con la determinación de un jabalí en reventar la convivencia que Sánchez dice proteger, así que la única novedad es que el día de la implosión ya está más cerca.