El deterioro de la Casa Pequeña

Carlos H. Sanz
-

El fuego calcina una habitación y un balcón de la antigua vivienda del policía de monte y vega, cerrada desde verano de 2019. Desde entonces, se está deteriorando por actos vandálicos

El deterioro de la Casa Pequeña - Foto: Óscar Navarro

Con el Refugio cerrado desde noviembre del año pasado y la Casa Grande a la espera de un proyecto que la transforme en un centro de interpretación de la naturaleza y espacio hostelero, el vandalismo ha hecho de las suyas en la Casa Pequeña, donde, además de las pintadas que decoran sus fachadas y el entorno, alguien ha prendido fuego a una habitación, calcinando su interior, uno de los balcones y dañando el canalón.   

No hay certeza de cuándo se produjeron estos daños porque nadie avisó a la Policía Local ni a Bomberos pero, en todo caso, que evidencian la necesidad de contar con un proyecto para el monte El Viejo y, sobre todo, para las tres construcciones que en él esperan un futuro mejor. 

Desde 1979, la Casa Pequeña fue la vivienda del policía de monte y vega y de su familia. A ella estuvieron destinados dos agentes, el último de los cuales se jubiló en abril de 2019. Datos que mucha gente desconocía porque por lo que verdaderamente era conocida la Casa Pequeña era por su humilde negocio hostelero que ofrecía sus famosos porrones de cerveza, bocadillos de tortilla o bolsas de aperitivos.

En un principio, el Ayuntamiento se planteó arreglar la vivienda para ponerla a disposición del Servicio de Medio Ambiente de Policía Local, que tiene encomendada la vigilancia del pulmón verde de la ciudad.Sin embargo, tras la pandemia se optó por dejar de obligar al agente de monte y vega a residir en este espacio. 

El Ayuntamiento descartó desde el principio destinarla a un uso hostelero, así que reparó lo que pudo para evitar un deterioro irreversible y salvaguardar las dos enormes antenas de radio que dan servicio tanto a la Policía Local -y en el pasado a la Guardia Civil- como a radioaficionados, y que es necesario vigilar.

Donde sí destinó dinero el Consistorio fue a la Casa Grande, en la que se invirtieron 65.231,40 euros para limpiar la mampostería de las fachadas y el sellado de las juntas, reemplazar la cubierta y renovar toda la carpintería exterior. La idea era dejar el edificio preparado para un futuro proyecto que lo transformase en un centro de interpretación de la naturaleza y espacio hostelero. 

Y, por último, está el Refugio, que cerró sus puertas el 31 de octubre del año pasado, después de que la Fundación Valora2 pusiese fin a la gestión del bar y restaurante, dejando al monte El Viejo huérfano de establecimientos hosteleros. 

El equipo de Gobierno de Miriam Andrés es consciente de esta situación, la cual se abordó en la Junta de Gobierno Local de la semana pasada. Hay dos medidas sobre la mesa. La primera, una actualización del plan de usos del monte que permita compaginar el disfrute de la naturaleza con otras actividades; y, por otra parte, trabajar en un  «proyecto distinto» que atraiga a algún empresario hostelero, para lo que se utilizará la partida de estudios y proyectos consignada para 2024. Eso sí, de momento, y salvo que la UE ofrezca alguna oportunidad, no hay dinero para más.