Rafael Torres

FIRMA SINDICADA

Rafael Torres

Periodista y escritor


Fumar en las terrazas

14/12/2023

La prohibición de fumar en las terrazas de los bares no sé si salvaría a alguien del tabaco, pero seguro que sí a muchas de las pulmonías que se agarran en las terrazas, pues dejarían de sentarse en ellas.

Ese último reducto de los fumadores podía haber quedado como eso, como el lazareto acotado para los suicidas lentos hasta su extinción natural y definitiva, pero la pandemia vino a subvertir ese orden acordado de las terrazas al llenarse éstas de gente que no fumaba y, lo que es peor en otro orden de cosas, al llenarse las calles de terrazas. Así, al invadir en masa el público no fumador los predios del humo, y no gustarles nada lo que se respiraba en ellos, la grey antitabaco se ha venido arriba y quiere llevar el Plan anti-vicio hasta sus últimas consecuencias, esto es, hasta la prohibición de fumar en la puñetera calle, que es donde están y lo que son las terrazas de los bares.

De los coches que con sus tubos de escape atufan a los no fumadores que se están tomando un café con la nariz pegada a ellos, produciéndoles a la larga tantas o más enfermedades que la combustión infecta de los cigarrillos, los resucitadores del Plan Nacional Antitabaco, con la nueva ministra de Sanidad a la cabeza, no dicen nada. Se ve que hay inhalaciones tóxicas buenas e inhalaciones tóxicas malas, y como la cuerda se rompe siempre por lo más delgado, en éste caso los innombrables que siguen dándole al fumeque, lo más probable es que se prohíba definitivamente fumar en las terrazas, aunque, al tratarse de España, también es probable que se ideen mil y un ardides para transgredir la norma.

Pero antes de prohibir fumar en todas partes, ya se prohibieron los cigarrillos de chocolate que se regalaban en Navidad y Reyes a los niños, que ya es imposible encontrarlos entre las chucherías propias de las fechas. Es verdad que aquellos cigarrillos maravillosos, que venía empaquetados en un remedo de las cajetillas de verdad, eran producto de unos tiempos en los que fumaba todo el mundo, empezando por los médicos incluso en las consultas, pero también es cierto que podrían ser una alternativa al castigo inclemente que se propina a los fumadores, aliviándoles del mono con la ensoñación del cigarrillo perdido entre los dedos. Claro que volverían a prohibirlos, por el azúcar.

Sentarse en una terraza entre automóviles y cacas diversas, sin un mal cigarro que llevarse a los labios, ya no será un planazo para los fumadores. No se sentarán, se esconderán en cualquier otra parte para seguir fumando, y no pillarán, como andan pillando, tantas pulmonías.