Dulce tentación al paladar más exigente

Rubén Abad
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La iniciativa, creada en 2016, se consolida como una tradición navideña más y cada año es mayor el número de palentinos que adquiere productos de los monasterios y conventos participantes

dulce tentación al paladar más exigente - Foto: Sara Muniosguren

Si Willy Wonka tiene su factoría de dulces en la ficción (Charlie y la fábrica de chocolate), las religiosas palentinas cuentan con sus propios hornos artesanos en muchos de los conventos y monasterios de vida contemplativa repartidos por la geografía provincial.

Su producción en nada se parece a la de una gran factoría y ninguno de sus procesos está robotizado, pero las recetas con las que trabajan y la buena mano que ponen las monjas en cada uno de los productos que sacan a la venta los convierten en una dulce tentación a la altura de los paladares más exigentes.

Por este motivo, no es difícil pecar de gula cuando uno visita estos días el Seminario Mayor de Palencia, donde ayer abrió sus puertas una nueva edición de Dulzura en Clausura. Un mercado convertido ya en una tradición navideña que se mantendrá abierto hoy y mañana en horario de 11 a 14 y de 17 a 20,30 horas, con la participación de las Brígidas de Paredes de Nava; las Dominicas de Palencia; las Clarisas de Carrión de los Condes, Calabazanos y Astudillo; y las Carmelitas de Carrión.

Turrones, polvorones, mazapanes, roscones, rosquillas de palo, tortas, cocadas, magdalenas, almendrados, pastas, amaguillos, virutas de San José o tejas de almendra son algunas de las delicias que se ponen a la venta. 
Junto a ellos, otros clásicos como las tradicionales anguilas navideñas (las de mayor tamaño rozaban los 300 euros) y otros productos de más reciente incorporación como el panettone, el dulce italiano por antonomasia en estas fechas que cada vez tiene más aceptación entre los palentinos.

FUENTE DE INGRESOS

La elaboración de dulces es, para muchos conventos y monasterios de la provincia, su medio de subsistencia y su principal fuente de ingresos, en muchas ocasiones casi el único. Así lo ponían de manifiesto ayer las Carmelitas carrionesas, que hace tres años cambiaron la huerta por la repostería. «El campo requería mucho tiempo y trabajo, y en nuestra comunidad nos vamos haciendo mayores. Decidimos cambiar y estamos muy contentas, la gente ya nos conoce, ha probado nuestra oferta y sabe que trabajamos con productos de primera calidad», destacaba una de las hermanas en declaraciones a Diario Palentino.

De ahí que Dulzura en Clausura se haya convertido por méritos propios en un imprescindible para quienes asisten a esta cita anual que nació en 2016 a iniciativa del entonces obispo y hoy administración apostólico de la diócesis Manuel Herrero. Y es que este mercado ya consolidado entre los palentinos también pone el foco en el trabajo de las monjas, encargadas de velar por el valioso patrimonio religioso que atesoran sus conventos y monasterios, a cuyo mantenimiento destinan gran parte de estos ingresos.