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La Montaña Palentina se resiste a olvidar su pasado vinculado a la extracción de carbón

Rubén Abad
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TRISTE ESTADO DE ABANDONO. Son muchos los pueblos de la mitad Norte de la provincia que aún conservan viejas instalaciones mineras abandonas a su suerte. Todas las miradas están ahora puestas en la apertura de 'Carbones San Isidro y María'

Interior del pozo de 'Carbones San Isidro y María'. - Foto: Rubén Abad

La ferviente actividad minera que se mantuvo durante décadas en la Montaña Palentina ha dado como resultado la proliferación de todo tipo de instalaciones e infraestructuras que aún permanecen en pie en varias localidades de la zona. Diario Palentino emprende hoy un viaje por la historia que les llevará a edificios industriales, bocaminas, lavaderos, oficinas y muelles de carga repartidos de Oeste a Este de la provincia.

Un camino que nace de la nostalgia de quienes en su día vivieron en una comarca próspera vinculada a la extracción del negro mineral y que actualmente observan cómo el sueño del carbón se desvanece.

Comenzamos nuestro periplo en Velilla del Río Carrión. Nos acercamos hasta Carbones San Isidro y María, el último bastión de minería de interior de la provincia que hace tan solo unos pocos meses cerraba con llave uno de los capítulos más amargos de la cuenca palentina. En sus instalaciones el panorama es completamente desolador con una bocamina clausurada a cal y canto por la que han dejado de pasar cada mañana los operarios que se jugaban la vida a diario por llevar un trozo de pan a sus familias.

Barruelo de Santullán fue una de las localidades mineras más prósperas de la provincia.Barruelo de Santullán fue una de las localidades mineras más prósperas de la provincia. - Foto: Rubén Abad En la explanada exterior, los restos de carbón se confunden con la débil vegetación que comienza a aflorar tímidamente de un suelo por el que ya no transitan personas, camiones, ni vagonetas. Grandes vagones de hierro, oxidados más que nunca por su desuso, que aguardan un futuro incierto en otra explotación minera, en alguna exposición o presos de las llamas de cualquier fundición. Mientras tanto, los ciudadanos de la comarca que pasean por la zona y observan la explotación desde la distancia, recuerdan lo que un día fue este pozo y en qué puede volver a convertirse si la empresa asturiana Minersa confirma la compra de las instalaciones prevista para las próximas semanas.

No nos alejamos mucho, concretamente hasta Las Cuevas, propiedad de Unión Minera del Norte (Uminsa), un pozo de considerables dimensiones que se construyó a los pies del legendario El Abuelo como la salvación de la minería palentina.

Lejos de cumplirse los propósitos iniciales, esta explotación en la que hasta los propios camiones se adentraban en sus entrañas gracias a su gran bóveda, tuvo que ser igualmente abandonada por la imposibilidad de desarrollar en ella la mecanización prevista por la compañía.

Instalaciones de 'San Claudio' en Castrejón de la Peña.Instalaciones de 'San Claudio' en Castrejón de la Peña. - Foto: Rubén Abad Meses de incertidumbre, con protestas ciudadanas y encierros bajo tierra incluidos, de poco sirvieron en esta mina que se fue apagando poco a poco. El desenlace de uno de los mayores estandartes del carbón en los últimos años se repite: un pozo anegado por el agua unido a unas instalaciones exteriores de gran tamaño donde la maquinaria pesada recuerda la grandeza, venida a menos, de esta explotación que se erige en el término municipal de Velilla del Río Carrión.

GUARDO. El barrio de la Estación de Guardo es uno de los más representativos del pasado minero del municipio norteño. En él se encuentran las oficinas de San Isidro -temporalmente cerradas- y a tan solo unos metros, las de Uminsa, que continúan prestando servicio en la actualidad.

Además, la propia Estación de Ferrocarril recuerda la actividad industrial de la localidad. En ella aún se conservan los muelles de carga de San Luis y son habituales los grandes vagones que transportan a diario decenas de toneladas de carbón desde los puertos de Cantabria y Asturias hasta la Montaña Palentina para ser quemados en la Central Térmica de Velilla del Río Carrión, hasta donde llegan en una gran cinta mecánica.

Asimismo, en pleno bosque se encuentra la popular mina San Luis, por la que han pasado cientos de guardenses en sus años de historia. Rodeada por una gran valla que impide acceder al recinto, en su interior se aprecian aún algunos restos de la actividad como el edificio administrativo, la zona de duchas o la bocamina, otra de las tantas tapiadas para que nadie se adentre en su interior. Cabe recordar que la Sociedad Minera San Luis, creada en 1907, era mucho más que una mina, estaba constituida como una gran empresa con varios focos de explotación en Valdecastro, Corcos y Tejueco, entre otros muchos parajes, hasta su cierre definitivo hace varios años.

LA PEÑA. Nuestro viaje nos lleva ahora, a través de la carretera CL-626, hasta el corazón de la comarca de La Peña. Por el camino no faltan los recuerdos de esta actividad incesante durante el pasado siglo. A nuestro paso por Villanueva de Arriba dejamos a un lado un viejo lavadero de La Cántabro. Prácticamente en la ruina, en sus grandes ventanales apenas quedan en pie más de una decena de cristales, la naturaleza comienza a apoderarse del terreno y los árboles se abren paso entre las pocas paredes que quedan en pie de este complejo.

Justo en frente, una de las pocas ventas de carbón que subsisten en la actualidad. Un guiño al recuerdo de las viejas calderas que se alimentaban del negro mineral en cada rincón de la Montaña Palentina para combatir los azotes del duro invierno.

En la cabecera comarcal, Santibáñez de la Peña, se levanta junto a la Estación de Ferrocarril los restos del lavadero de La Cántabro, que entró en funcionamiento tras el desmantelamiento del de Villanueva. Un edificio del que solo quedan unas pocas piedras que resisten en pie el paso del tiempo.

La siguiente parada de este viaje la realizamos en Villaverde de la Peña. A la orilla de la carretera encontramos el Grupo Perruscales, otra de las minas de antracita que Victorino Alonso adquirió cuando desembarcó en la provincia de Palencia. La explotación se asienta en una gran finca donde no faltan, junto a la bocamina, los talleres, el viejo lavadero, oficinas, duchas y taquillas para los empleados.

Desde la carretera las naves más recientes se confunden con las edificaciones históricas de lo que en su día se conoció como La Estrella Verde. Quienes trabajaron en Perruscales, no pueden evitar echar una vistazo lleno de sentimiento al que un día fue su lugar de trabajo y hoy es pasto del olvido diez años después de su cierre.

Pero ésta no es la única explotación de esta pequeña localidad. En las afueras del pueblo encontramos La Requejada, otra de las minas de antracita enclavadas en pleno valle. Fue precisamente en esta localidad donde se realizó uno de los primeros registros de la cuenca minera palentina. Así, en 1843 se constituyó la ya desaparecida La Amaltea, en el paraje denominado La cárcava del collado.

A escasos mil metros se encuentra otra de las explotaciones que más tiempo lleva sumida en el abandono, hablamos ahora de la mina de Velilla de la Peña conocida como Antracitas del Norte. Una pequeña explotación en la que los animales y la vegetación se han adueñado del terreno.

En los entornos se suceden los cristales rotos, los azulejos desencajados y el sistema eléctrico completamente desmantelado. A pocos metros, una bocamina tapiada con una pared de ladrillo y cemento en la que se puede leer 1997, el año de su clausura, recuerda el desenlace de este pozo. Inglesa, en la Cuesta del río, fue la primera mina registrada en este pueblo.

Castrejón de la Peña es nuestro próximo destino. Allí se conservan aún en pie las oficinas centrales de San Claudio en pleno casco urbano, una explotación situada a las afueras de la localidad, entorno en el que también se puede observar el antiguo edificio del lavadero, en desuso desde hace años.

Cervera de Pisuerga es el hito intermedio de este viaje por la historia del carbón en la Montaña Palentina. Una población que contó con varios pozos entre los que destacó La Constancia, del Grupo Felipe Villanueva, mina que en la actualidad siguen recordando los cerveranos y muchos profesionales del carbón.

SANTULLÁN. La extracción de antracita pierde peso cuanto más al Este nos dirigimos en favor de la hulla, gran protagonista en esta zona de la provincia. Entre las localidades mineras de la cuenca destacan Barruelo de Santullán y Vallejo de Orbó.

En el primero de los casos la actividad industrial fue durante años la seña de identidad de la localidad con varios pozos entre los que destacaron Calero, Cocoto, Peragido y Luis. El primero de ellos es el mejor conservado en la actualidad y el más conocido de la comarca por su leyenda negra y el castillete de sillería que se levanta a su entrada. Calero estuvo activo en su primera etapa hasta 1972, aunque se reabrió en 1993 para prolongar su actividad durante nueve años más de la mano de Uminsa.

En el Peragido los trabajos de perforación comenzaron en 1936, pero la explotación no se puso en marcha plenamente hasta 1949 debido al estallido de la II Guerra Mundial, que dificultó considerablemente el suministro de materiales y maquinaria. Esta explotación permaneció en activo hasta 2005, al igual que Cocoto y Luisa.

Nuestro recorrido por la cuenca concluye en Vallejo de Orbó, localidad en la que se encuentran numerosos vestigios de la actividad minera como son la bocamina del pozo Rafael, el viejo lavadero o la antigua central eléctrica, todos ellos sumidos en un lamentable estado de ruinas. Junto a estos restos, se conservan otros como que son fiel reflejo del esplendor de este pueblo años atrás. Entre ellos destacan el sanatorio, las escuelas, los barrios obreros o el mítico Cine Ideal, el primero de la provincia de Palencia, que prestó actividad entre 1912 y 1966, sin olvidar la iglesia de Santa Bárbara, cuyo tejado se está viniendo abajo.

Todo un recorrido por los elementos más característicos de la historia de la cuenca minera palentina que comenzó su andadura en 1838, momento en que Ciriaco del Río, sacerdote de Salcedillo, encontró de manera fortuita unas piedras de color negro intenso y muy lustrosas, similares a las que había oído hablar tiempo atrás con gran entusiasmo.

A partir de ese momento fueron proliferando, poco a poco, pequeñas explotaciones ligadas a empresarios locales y a otros llamados por la riqueza del mineral llegados desde otras regiones cercanas como Cantabria o País Vasco. Así comenzó, hace 176 años, la historia del carbón en la provincia. Un legado que llega hasta nuestros días.