Fernando Jáuregui

TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Feijóo y esas 'nuevas plataformas de centro'

25/09/2023

Resulta curioso, aunque pienso que seguramente es una mera coincidencia, que dos plataformas 'de centro', lo llamo así por simplificar, hayan hecho presencia pública justo en la víspera de la manifestación convocada por el Partido Popular para este domingo y cuatro días antes de la sesión inaugural de la que seguramente será fallida investidura de Alberto Núñez Feijóo. Algo se está moviendo en el inquieto, desconcertado, desnortado, cuerpo político español. Y, siempre que reina la confusión, aparece algún embrión de ese centro que, dicen las encuestas, acapara a una mayoría de los electores, aunque, en parte por culpa propia, en parte por otros factores, acaba frustrándose en las urnas. Ahora, ambas plataformas --ni cien firmantes entre ambas, ningún parlamentario 'providencial'-- buscan el ruido y la proximidad de los deseados: los que fueron alguna vez miembros destacados del PSOE y hoy abominan del modo como Pedro Sánchez maneja el partido fundado por Pablo Iglesias Posse hace 144 años.

Lo lógico sería que los desencantados, gentes como José Luis Corcuera, Nicolás Redondo Jr., Francisco Vázquez o Joaquín Leguina, por ejemplo (para nada hablo de Felipe González y Guerra, que son cuestión aparte, caza muy mayor), se acercasen a estas plataformas, que los esperan con los brazos abiertos. Y que, luego, estas organizaciones incipientes, Nexo (compuesto por ex Ciudadanos básicamente) o La Tercera España (donde brillan nombres interesantes, algunos con larga trayectoria en nidos políticos diversos), se acercasen a un Partido Popular coherente con una idea centrista, incluso de centro-izquierda. O de centro-derecha, que, la verdad, se hace muy difícil frecuentemente distinguir entre ambas etiquetas.

Pero, ay, resulta que el PP se encuentra, hoy por hoy, preso de los escaños de Vox, con los que sin duda tiene menos que ver que con todos estos firmantes de plataformas 'centristas' y con los 'huérfanos del sanchismo'. Y, mientras la sombra de Vox planee sobre la deseada mayoría que Feijóo pretende para llegar al Gobierno, no habrá aproximación ninguna, y menos aún, claro, integración con el auto etiquetado 'centrismo'. A los moderados, que cuentan con abundantes enclaves mediáticos y con una cierta influencia moral en una parte, quizá pequeña, pero cultivada, del electorado, les horrorizan las proclamas de Abascal asegurando que, si ganase en Cataluña, imperaría la 'mano dura' contra los independentistas (que podrían ser hasta el cuarenta por ciento de los catalanes) y que procedería a la ilegalización de los secesionistas, que, por cierto, tienen perfecto derecho a serlo incluso en términos constitucionales, nos guste o no.

Pienso que la sesión de investidura, que probablemente perderá Feijóo, según todas las previsiones y salvo sorpresas mayúsculas que no se me alcanza de dónde podrían venir, servirá al menos para distanciar al PP de ese Vox que espanta en los escaños 'populares' cuando su líder dice que tiraría los pinganillos de la traducción en el Congreso 'a la cara del presidente'. Sé, claro, que no llegaría a hacerlo, pero en política las formas son más importantes que el fondo, y Vox, en cuanto a las formas, deja bastante que desear.

Así, tras la presumible no-investidura de Feijóo se halla la liberación de ataduras, con un Vox a la baja en casi todas las encuestas (para lo que sirvan) y con ese magma centrista que hoy cabría en un autobús, pero que cuenta con indudable potencialidad entre una ciudadanía literalmente harta de manejos, incompetencias, mentiras, contradicciones y protagonismos de gentes que solo piensan en su propio poder y no en el bienestar ciudadano. Como sugirió, aunque no explícitamente, en su bastante concurrido mitin de este domingo, Feijóo tendrá ahora que empezara hacer una oposición moral, muy bien pensada y son los zig zags habituales, al presumiblemente inestable Gobierno de Sánchez salido de una alianza, aún no completada --y ya veremos--, con Puigdemont.

Que no digo yo, oiga, que lo de la Tercera España o Nexo, aun en el caso improbable de que llegasen a fusionarse, sea la panacea que se necesita como complemento de un PP sin Vox echándole el aliento al cuello. Ya hemos visto demasiadas veces fracasar al centro naciente, ya sea por desgaste e incoherencia, como la UCD, por malos planteamientos, como el CDS, por táctica equivocada, como la 'operación Roca', por ciegas ambiciones sin causa, como Ciudadanos, o por incompetencia como UPyD. Demasiados personalismos juntos en agrupaciones que apenas tienen eso: nombre sonoros que escriben en los periódicos o participan en tertulias televisivas. Solo con eso, aunque por ahí, por las teles de la serie B, empezase Pedro Sánchez --al que en el PSOE tildaban inicialmente de 'excesivamente moderado'--, no se forja una opción política seria.

Pero, en fin, parece llegada la hora de los 'sin trinchera', esos ex que gustaron, aunque fuese de lejos, las mieles del poder y hoy son rechazados por unos, como excesivamente críticos y demasiado conservadores, y deseados por otros, por ser esos rostros conocidos a los que estos días se entrevista tanto, con el obvio deseo de meter un dedo en el ojo de Pedro Sánchez. Que seguramente está yendo demasiado lejos a la hora de estirar una cuerda que él cree sólida, pero que muchos ven a punto de romperse por algunos de sus muchos frágiles, a veces incoherentes, veintitrés --23-- lados.