«Lo que nos llega de Cuba es una visión en blanco y negro»

Pablo Torres
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El escritor y profesor vallisoletano Jesús Salviejo presenta este viernes en el Ateneo, a las 20 horas, su última novela, 'En el desván de las caracolas'. El autor es un habitual de la Feria del Libro de San Antolín

Jesús Salviejo - Foto: Lola Fajardo

Un viejo escritor exiliado que vive bajo una falsa identidad termina sus últimas memorias en La Habana, en 1999. Unos meses más tarde, se encuentra con una mujer en un hospital de Valladolid para resolver el misterio de una muerte que obligó a separarse en 1941. A partir de ahí, las historias de ambos personajes irán construyendo un relato ambientado en la época de guerra y posguerra, cuando el estraperlo, la traición y los asesinatos eran el pan de cada día.

Bajo esta consigna, el profesor y escritor Jesús Salviejo publicó su última novela, En el desván de las caracolas, una reescritura de su primera publicación, No sorprende la lluvia, que vio la luz hace 15 años. El autor llega este viernes al Ateneo para presentar esta obra, a las 20 horas, en un acto en el que estará acompañado por el coordinador de Secciones y Actividades de la entidad, José Luis García, y el escritor palentino Samuel Marina. 

¿Está inspirada su obra En el desván de las caracolas en personajes reales?
Es un cruce entre mis memorias y las de mis abuelos y mis padres, que vinieron de Santander y vivieron la Guerra Civil y la posguerra en Valladolid. En ese diálogo de memorias se forma el tejido narrativo. No obstante, los escritores ficcionamos los sucesos con el lenguaje para conectarlos con el contexto histórico.

¿Esta superposición de memorias que describe la ha combinado con labores de documentación?
Las ha habido para determinar la ubicación exacta de algunos lugares. La represión del telón de acero en Polonia, los campos de concentración de la dictadura franquista o el trasfondo de La Habana de los gánsteres a los que hago referencia en el libro son ejemplos que están documentados. Siempre hay que aportar un armazón de coherencia a las historias para que asuman pisos de verosimilitud. 

El encuentro entre los dos protagonistas en el hospital de Valladolid, ¿es entonces el suyo con sus padres y abuelos?
De alguna manera, sí.

Podría definirse a la represión y las miserias como los hilos conductores de la novela. ¿Usted lo ve así?
Hay un pulso entre esas dos cuestiones, que hacen referencia a la guerra que nunca acaba y que persigue constantemente a todos, y la resistencia de la gente que, pese a haber atravesado un infierno, sigue dando pasos mirando al horizonte y viendo posible un futuro en el que quepamos todos. 

Este 2024 se cumplen 15 años desde la publicación de su primera novela, No sorprende la lluvia (2009). ¿Percibe una evolución de usted mismo como escritor?
He adquirido más seguridad a la hora de escribir. Por otro lado, he depurado las tramas, ajustando más la arquitectura de las novelas, y eso que En el desván de las caracolas es muy ambiciosa en este sentido por los varios narradores, escenarios y saltos temporales que contiene. 

Cada vez me desenvuelvo mejor en esa complejidad y, al mismo tiempo, voy descubriendo recursos de género. He avanzado como novelista puro y duro y he aprendido claves sobre cómo contar una historia desde diferentes géneros: novela negra, histórica o de viajes, por ejemplo.

Ahora que las novelas van tan rápido y que al lector hay que llevarlo prácticamente a la sillita de la reina, creo que ha llegado el momento de empezar a demandarnos como escritores un pulso más reflexionado y sesgado. Hay que recuperar el poso novelístico de la reflexión para no convertir a la novela en un mero trayecto de evasión, y pase a ser un territorio de diálogo. 

¿Cuál es el significado del título del libro?
Una de las primeras dudas que me plantee al comenzar la novela es que, si estoy escribiendo desde la memoria, que es un territorio tan inestable, ¿desde dónde lo está haciendo el personaje del libro? Debía ser un lugar físico a la par que abierto, con una forma y condición. Me pareció buena idea que fuera un sitio recóndito de su casa, donde puede retirarse, y que al mismo tiempo fuera espiral y le permitiera ascender y descender en la memoria con cierta naturalidad. Es ahí cuando se me ocurrió la idea del desván. 

Estudió en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba. ¿Considera que la visión que llega a España del país se asemeja a la realidad?
Como la vida en cualquier país, está abierta a un sinfín de matices. Lo que nos llega es una visión en blanco y negro. Por un lado, tenemos la del turista, en la que se vende el ocio, el sexo y la sabrosura; por otro, tenemos el devenir de la revolución en dictadura y una situación de miseria evidente y lamentable, que se refleja en el deterioro del tejido físico y social de las ciudades. 

Entre estas dos visiones tan pronunciadas, que no dejan de ser ciertas, está la lucha cotidiana. 

¿Diría que la visión está politizada?
Por supuesto. Como he dicho antes, está llena de matices. La función que tenemos como escritores no es la de hacerlos más subrayados, sino la de abrirnos a expandir ese abanico de grises que cualquier existencia en cualquier lugar permite que aflore. Ahí es donde se puede tomar un testimonio real de lo que es la vida en un país. 

Es como si en España tuviéramos solo, por un lado, la imagen de un paraíso con sol donde los bares nunca cierran y todo es buen comer y vivir; y por otro, la de la Cañada Real en Madrid.

Aunque esas dos realidades existen y son palpables, sería injusto definir el país solamente con esas dos visiones. Hay que atravesar la geografía humana y social de España para tener un dibujo más próximo de lo que es. 

Es uno de los rostros habituales en la Feria del Libro de San Antolín. ¿Ha notado desde dentro un crecimiento de esta cita anual con el paso de los años?
Y lo he percibido con alegría, porque siempre que un ayuntamiento apuesta por poner en marcha una feria del libro significa que está asumiendo riesgos. 

El perfil de lector no es el que busca la evasión, sino que está interesado en las novedades y abierto a escuchar voces nuevas sin quedarse solo en el bestseller. Además, el contexto de las fiestas de San Antolín es estupendo porque acompaña todo a la feria: el tiempo, la  luz, el ambiente de fiesta...