Cuando el enemigo está en casa

M.R.Y. (SPC)
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Más allá de los problemas propios de un presidente, a Gustavo Petro los peores agravios le han llegado por la actuación ilícita de su hijo, las palabras de su hermano y los gastos de su esposa

Cuando el enemigo está en casa - Foto: Europa Press/Contacto/Cristian B

Dicen que a perro flaco, todo son pulgas. Y parece que ese dicho se cumple a la perfección para el presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien ha visto en los últimos meses cómo a los problemas propios de un mandatario se le han ido sumando otros familiares que han saltado a la escena pública: los negocios ilícitos de su hijo, los gastos elevados de su esposa ejerciendo de primera dama cuando el cargo no existe o la puesta en duda de la salud del mandatario por parte de su propio hermano son trapos sucios que, lejos de lavarse en casa, están poniendo al dirigente contra las cuerdas con una popularidad en caída libre y una ciudadanía cansada, más allá de por algunos fracasos políticos y polémicas en su Gobierno, de sus escándalos personales. 

La última controversia llegó de la mano de Verónica Alcocer, esposa del presidente, a la que acusan de elevados gastos y un inusitado poder que se contrapone con la promesa de cambio y austeridad que hizo Petro cuando llegó al poder. Más aún cuando en Colombia no existe el cargo de primera dama y Alcocer actúa como tal, acudiendo a numerosos viajes al extranjero en calidad de representante del Estado y cuenta con un séquito que ha costado a las arcas públicas más de 250.000 euros en este último año y medio. 

Además, también se le acusa de contar con una gran capacidad de decisión a la hora de colocar en puestos importantes a personas de su entorno, lo que ha enfadado a unos colombianos que ven en la mujer de su presidente a alguien que mueve los hilos desde la sombra.

Pero también el dirigente ha vivido un sonoro escándalo por culpa de su hijo mayor, Nicolás, imputado formalmente por la Fiscalía por delitos de blanqueo de capitales y enriquecimiento ilícito en la campaña electoral de 2022 que llevó a su padre a la Presidencia.

El primogénito del dirigente, de  37 años, ya había aprovechado su apellido para colarse en política y era diputado de la Asamblea del Departamento del Atlántico. Pero, además, quiso también sacar tajada para sacar dinero a cuenta de su padre. Así, tal y como denunció su exmujer a mediados del año, Nicolás habría recibido de un narcotraficante una alta suma para la campaña de Petro, pero él se quedó con el dinero. Es más, según datos oficiales, se llegó a gastar más de 1.000 millones de pesos colombianos (unos 240.000 euros) en solo seis meses, lo que hizo sospechar de su tren de vida.

El mandatario, pese a ser incriminado inicialmente por su hijo, salió airoso de cualquier investigación al constatarse que él no tenía conocimiento alguno de esta trama. En cambio, Nicolás será juzgado en las próximas semanas y podría ser condenado a entre nueve y 15 años de prisión.

Estado de salud

Otro de los frentes que tiene abiertos el jefe del Ejecutivo de Colombia es con su hermano Juan Fernando, quien en una entrevista a finales de 2023 aseguró que tanto él como Gustavo habían sido diagnosticados con el síndrome de Asperger, que afecta la capacidad de socializar. Sin embargo, el señalado no dudó en responder que «jamás he recibido un diagnóstico sobre el síndrome de Asperger. Es imposible que nos hayan diagnosticado este síndrome cuando éramos niños porque esa enfermedad solo empezó a diagnosticarse en 1994, tenía 34 años de edad, y dejó de estar en los tratados de diagnósticos en el 2013, porque la ciencia la rechazó como una enfermedad específica». 

Si bien la noticia no tendría que haber tenido mayor trascendencia, la oposición aprovechó esas palabras para exigir al mandatario que se realice chequeos médicos que evalúen su actual estado de salud y confirmar si sus condiciones médicas estarían relacionadas con sus constantes cancelaciones a eventos de carácter nacional e internacional.

Además, Juan Fernando también hizo flaco favor a su hermano al asegurar que Gustavo fue elegido para el cargo, en gran parte, gracias a los votos que él mismo gestionó en visitas a la cárcel, que cifró en más de un millón de sufragios. 

Con dos exmujeres y otros cinco hijos más allá de Nicolás, el presidente puede temblar cada vez que algún familiar abre la boca.