Exhaustiva y profunda mirada a la cirugía

J.M.P.
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Análisis retrospectivo de las intervenciones quirúrgicas por parte de Eduardo Crespo en la Real Academia de Medicina de Valladolid

Exhaustiva y profunda mirada a la cirugía

El galeno palentino Eduardo Crespo sorprendía hace unos días con una mirada retrospectiva a la cirugía en la Real Academia de Medicina de Valladolid, de la que es académico correspondiente. Una exposición científica que el doctor supo mostrarnos a los profanos de forma comprensible. De ahí sus premios: desde el del médico masón palentino Salvino Sierra, hasta el San Nicolás. 

Origen de su conocimiento fueron las iniciales enseñanzas del catedrático Beltrán de Heredia, sus trabajos en Estrasburgo, así como en el hospital de Valladolid y en el  provincial de San Telmo de Palencia como jefe del servicio de cirugía, entre otros.

Fue presentado con exquisito cariño por el que fuere cirujano jefe de la plaza de toros de Valladolid durante 50 años, Antonio Mateo, vallisoletano de ejercicio y amigo, que imbricó al doctor Crespo en toda una saga de médicos vinculados al hule taurino y con arraigo en las ideas liberales Albistas de quien el zamorano doctor Crespo Carro, padre de todos, en 1898 era conmilitón. Alba le llamaba: prepárame las elecciones. Dicho y hecho. 

Crespo puso de manifiesto durante su charla que si la humanidad progresa con el esfuerzo de unos pocos, la cirugía, con sus aspectos científicos, es hija de un entorno que la desarrolla. Parte del esfuerzo personal inicial, de concienzudos estudios, seguida de un periodo de silencio introspectivo, reflexión y debate. Silencios activos, como dice el nieto de Eugenio D'Ors, que cristalizan en el éxito final y reconocimiento del cirujano. 

La medicina de los conocimientos chamánicos llega a la melancolía hipocondriaca del Imaginario de Molière, al spleen de Baudelaire, o la Salpetrière de Charcot. Y colaborando con ella, a la fuerza, las guerras: la franca prusiana y la civil americana.

Los cirujanos ordenan su conocimiento científico universal donde se instala el saber de los progenitores de leyes administrativas y el del médico, entre Alemania y Viena. La llamada escuela europea.  Allí el doctor Billroth ejecuta como pionero la cirugía abdominal tarareando internamente a sus amigos, Brahms, Mozart o Schumann. Aún no se creía en las bacterias patógenas. La invención de la autoclave y la esterilización del agua fueron hallazgos de entonces.

La ciencia quirúrgica avanza hacia la atraumática, la cocaína como anestesia y se practica la antisepsia y la asepsia en aquellos edificios que describe el Pabellón de Reposo de la novela de Thomas Mann. Nace para quedarse la arquitectura hospitalaria.

Los viajes de estudios se inician con el Grand Tour y surgió el mundo de los trasplantes de la escuela americana de medicina, que se analizó con detalle en el paseo científico y vocacional por un espacio de ayuda al hombre que Rembrandt plasmó como nadie y que el doctor Eduardo Crespo mostró en su exposición a los asistentes.