Pastor: un oficio que languidece

César Ceinos
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En los pueblos de la provincia cada vez quedan menos. En algunos lugares ya han desaparecido. En Baltanás se mantiene uno de los treinta que hubo en el pasado

Pastor: un oficio que languidece - Foto: Julio Manuel Gómez

Ya se van los pastores a la Extremadura, ya se queda la sierra triste y oscura.Estos son los primeros versos de una popular canción que versiona, entre otros, Ismael Serrano, y que muestra la pena por el adiós temporal de estos ganaderos por la trashumancia. Lamentablemente, con el paso del tiempo, las despedidas se convirtieron en definitivas. El oficio languidece y ya hay pueblos de la provincia sin rebaños por las calles, según explica el fotógrafo baltanasiego Julio Manuel Gómez. En su localidad de origen aún se mantiene un pastor, José, el de los Santamarías, heredero de una amplia tradición familiar. De hecho, recuerda que su padre, Ventura, «ya tenía unas churras selectas y en su casa tienen varios trofeos conseguidos con su ganado que lo atestiguan». 

La cifra decreció hace unos meses por la muerte de otro José, el de los Hilarios, que falleció por un accidente laboral. «Que razón tiene la famosa sevillana que cantan los del Río, Algo se muere en el alma cuando un amigo se va. Era un enamorado de su oficio, sus ovejas y del campo», comenta Manuel Gómez antes de asegurar que «no le asustaba nada: ni los días lluviosos con el suelo fangoso y pesado, ni los días de invierno donde el suelo plateado cruje al paso del ganado, ni los días de niebla espesa que te envuelve y con el sonido de los cencerros te hace sentir que estás solo en el mundo. Tampoco esos días sofocantes de agosto en los cuales hay que madrugar para que los animales tengan unas horas para pacer a gusto porque dejan de comer cuando llegan los calores».
Además, señala que a José, procedente también de una familia del sector, «era difícil verle por los bares del pueblo, aunque de vez en cuando le gustaba ir con sus amigos a la bodega a merendar y, después, a cantar». Asegura que «tenía una voz prodigiosa» que le servía para imitar a Antonio Molina o a cualquier otro artista. Con su fallecimiento, el fotógrafo echa en falta «el saludo y su sonrisa sincera» cuando se lo encontraba en el campo mientras pasea los días que vuelve al pueblo, ya que en la actualidad reside enPalencia.

Treinta ganaderos. Manuel Gómez, que admite tener «predilección» por las fotografías de pastores, declara que Baltanás llegó a tener treinta pastores. «Eran familias enteras donde todos los hermanos eran ganaderos», rememora. Entre ellos cita a Los Piquiques, aunque en la actualidad ya no ejercen. También menciona a Rufi,«porque a pesar de los años que tiene sigue entonando alguna canción y recuerda bien las letras». «Cuando estaba con las ovejas cantaba y como se inventaba las letras iba recordando cuestas, pendientes y valles. Como sonaban bien, las ovejas balaban mientras volvían al encierro», añade. Estos recuerdos del fotógrafo están íntimamente relacionados con su «predilección» por las imágenes de pastores. «Tienen asumido su trabajo y son muy fotogénicos», declara antes de opinar que «la persona que está a gusto con su yo es fotogénica». «Como la fotografía es como la radiografía del alma, ya puedes ser ministro, pero si no estás a gusto sales fatal», manifiesta.

Entre los ganaderos de su localidad también rememora con cariño a «dos grandes amigos que se fueron, Mari y Lucio». «A la primera le gustaba lucir su capa y mostrar lo fácil que era confeccionarla en casa con paño de Astudillo. Se rodeaba con ella y no le pasaba ni el agua ni el frío. Al segundo le encantaban los días de lluvia para lucir sus polainas y su zurrón de buena piel», declara el baltanasiego, que llega a asegurar que «la ciencia empírica de los pastores les hace ser un poco superiores a los demás en muchas ocasiones». «Tienen que ser autodidactas, pues ellos solos tienen que resolver las mil cosas que se les presenten. A veces se adelantan al hombre del tiempo», subraya Gómez.

El futuro. Conocedor de que el futuro de los pastores no es muy halagüeño, reclama que los políticos muevan ficha para que no se ejecute la sentencia de muerte a una profesión que languidece. «Es hora que se den cuenta de que este oficio no puede desaparecer», sentencia Gómez, quien reclama una mayor promoción para la procesión, así como medidas de apoyo. «Lo que se conoce no se aprecia y tienen que proteger el pastoreo con incentivos interesantes. Con ello evitarían litros de herbicidas y puede que algún que otro incendio, pues la labor de limpieza que hace este ganado es inmensa», concluye.