Obras en la catedral afloran un arco y una bóveda visigodos

Rubén Abad
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Según la distribución de estos restos recientemente descubiertos, la sala continúa hacia el hospital de San Bernabé. Las piedras podrían ser romanas y reutilizadas para la construcción

Obras en la catedral afloran un arco y una bóveda visigodo

La catedral es lo más parecido a un gran cofre del tesoro, con valiosas joyas a la vista del gran público y otras tantas que permanecen ocultas al ojo de los palentinos del siglo XXI. Así ha quedado demostrado nuevamente en los trabajos de restauración y consolidación que se están llevando a cabo en la capilla de San Isidro, donde han aflorado un arco, un muro y una bóveda probablemente de época visigoda. Uno de los grandes y más importantes descubrimientos de los últimos años en la Bella Desconocida, sobre el que la Diócesis y el Cabildo guardan absoluto silencio.

La sala que se encuentra bajo la bóveda tiene una profundidad aproximada de entre cinco y seis metros, lo que la sitúa a una cota similar a la cripta, con la que las nuevas dependencias compartirían altura y época, según se desprende de un primer análisis de las imágenes a las que ha tenido acceso Diario Palentino. A falta de confirmación oficial desde el Obispado, todo parece indicar, según la distribución de estos restos recientemente descubiertos, que la sala continúa hacia el contiguo hospital de San Bernabé. Un edificio que esconde sus orígenes en el siglo XII ubicado al lado norte de la catedral, a tan solo un puñado de metros del actual ábside.

Como se citaba al inicio de la información, los restos bien pudieran ser de época visigoda. Pero las sorpresas no quedan ahí, pues todo parece indicar que se trata de piedras de factura romana que habrían reutilizado en los entornos del siglo VII (de esta época es la cripta) para levantar estas dependencias que habían permanecido ocultas durante cientos de años. Es posible que el enorme archivo catedralicio conserve algunos legajos que pongan negro sobre blanco acerca de la existencia de esta sala hoy enterrada bajo tierra, pero nada se sabe o ha transcendido de la misma, al igual que ocurría hasta la fecha del feliz descubrimiento.

Las sorpresas no acaban ahí. En las fotografías remitidas a esta cabecera se observan paredes perfectamente pulidas, lo que hace pensar que se trataba de un muro visto (de ahí el afán en los remates de los maestros canteros), al menos en los primeros años de su construcción. En definitiva, restos de un enorme valor patrimonial que el Cabildo a buen seguro está estudiando y catalogando ya.

Los impresionantes hallazgos en la catedral no se limitan al arco y la bóveda. Según ha podido saber está cabecera de diferentes fuentes consultadas,  allí habría al menos dos cadáveres enterrados. En principio, y aplicando la lógica catedralicia, los restos pertenecerían a dos canónigos. Se desconoce su datación exacta, pero todo indica que sus restos coinciden con la construcción de la capilla.

Si bien estos se encontraban a unos seis metros de profundidad, apenas habrían sido necesarios unos pocos centímetros para que los primeros vestigios salieran a la luz a la vista de la disposición de los restos. Por lo demás, también allí podrían haberse encontrado piezas de cerámica y vidrio, dos elementos propios de los enterramientos de esta época.

APOYO INSTITUCIONAL

La puesta en valor de estos restos, que se antojan de vital relevancia para conocer los orígenes de la catedral, dependerá enormemente de la implicación del Gobierno de España y la Junta de Castilla y León. Y es que de su financiación y apoyo económico en fechas venideras dependerá, a todas luces, que un equipo de arqueólogos ponga en valor los restos allí aparecidos o que se opta por un robusto cristal de tipo expositivo para dejar los restos a la vista del público o de datan, catalogan y rellenan.

En este sentido conviene recordar las visitas a la catedral del ministro de Cultura en funciones,  Miquel Iceta, y el consejero de Cultura,  Turismo y Deporte, Gonzalo Santonja. Dos visitas al más alto nivel institucional que se produjeron en el más absoluto secreto y que por el momento se han traducido en un sepulcral silencio. Unos fondos que se antojan necesarios para relanzar aún más la imagen de la catedral en el exterior recién cumplido el séptimo centenario de su construcción.