Antonio Álamo

Antonio Álamo


Querencias

21/12/2023

En su despedida del columnismo Mario Vargas Llosa reflexionaba en El País sobre una serie de asuntos que en estos momentos puede que no interesen aunque utilidad sí tienen. Para mayores y pequeños. Que gusten o molesten es lo de menos porque acostumbrados a las opiniones de voceros de partidos y gobiernos y redes sociales viene bien conocer porque las suyas son directas y en su mayoría refrendan descripciones que ya se hallan en numerosos manuales de historia. El texto se publicó el domingo pasado y las primeras líneas estaban dedicadas al periodismo. Quien se fije en ellas debería guardarse en el bolsillo la faceta privada del autor y centrarse en lo que narra… entendámonos, olvídense de Isabel Preysler, García Márquez y su querencia a faldas, camas, puñetazos y revistas de papel cuché.
Verán entonces que ofrece un consejo a quienes se inician como columnistas en la prensa diaria y no es otro que el de decir o defender su verdad, coincida o discrepe con lo que el diario sostiene editorialmente. A simple vista puede parecer discutible pero en el fondo encierra un aserto difícil de encontrar en estos tiempos: la independencia de criterio. Que algunos medios de la prensa escrita, no todos, acepten e incluyan a gente que no comparte la línea editorial es síntoma de pluralidad y es bueno que quede constancia porque hubo un tiempo en este país, y en el periodismo también, donde la uniformidad era tan abrumadora que más que matices distintivos todo estaba tiznado con un gris de Davy. O uno repetía lo que mantenía el editorial o se iba a silbar a la vía. A la intemperie.
Con la llegada del régimen democrático aquella costumbre cayó en desuso y se abrieron ciertas puertas. Gracias a esta costumbre empresarial uno puede poner a parir a Sánchez o a Feijóo en las páginas de un diario cualquiera, como vemos todos los días cuando lo abrimos, pero hay serias dudas de que haya cierta independencia de criterio en algunos de esos textos que tan gentilmente ocupan la sección de opinión. Que se sepa, los hechos reales van por un lado y lo que defienda o ataque el periódico, por otro. Lo de los columnistas es otra cosa… ya tenemos en la sociedad suficientes comisarios políticos y sociales como para añadir más.