Concordia en las raíces

Pablo Torres
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El Olivo de la Paz, replantado hace 25 años en la avenida de los Vacceos, aterrizó en Palencia el 10 de junio de 1999 tras el desmantelamiento de la pasarela ferroviaria. Su llegada coincidió además con el fin de las hostilidades en Kosovo

Águeda Gimeno, hija de Miguel Ángel Gimeno (donante del olivo), con la placa conmemorativa entregada por el Ayuntamiento por el 25 aniversario del árbol. / óscar navarro - Foto: Óscar Navarro

Ha visto crecer a los vecinos de Eras del Bosque, ha vivido el desarrollo del barrio y ha contemplado el paso de miles de trenes. El Olivo de la Paz preside desde hace 25 años la zona ajardinada de la avenida de los Vacceos, entre los números 9 y 11, lugar en el que crecen sus raíces desde el 10 de junio de 1999. Fue plantado como símbolo de la paz, coincidiendo su llegada a la capital con el fin de las hostilidades en Kosovo.

De cara a su 25 aniversario, ¡Vamos Palencia! reclamó al equipo de Gobierno más atención al árbol, una petición que canalizaba a su vez las reclamaciones de los vecinos. «Hemos planteado, a iniciativa de ¡VP!, renovar y limpiar la placa para qué vuelva a ser visible», anunció ayer la alcaldesa de la ciudad, Miriam Andrés, durante el acto conmemorativa por la efeméride de la replantación. 

Diario Palentino también se hizo eco hace tres años del mal estado en el que se encontraba, y trasladó esa preocupación al departamento municipal de Medio Ambiente. Por aquel entonces, el servicio confirmó a este rotativo que había podado las ramas secas que se encontraban en un lado del árbol y que había aplicado un tratamiento con fungicida para prevenir «nuevos problemas».

En el acto de ayer estuvo presente Águeda Gimeno, hija de Miguel Ángel Gimeno, donante del árbol. «Quiero dar el más sincero agradecimiento al Ayuntamiento por volver a tener en cuenta, que siempre lo ha hecho a este olivo», manifestó y, a renglón seguido, subrayó «el cariño» con el que su padre lo trajo y «el amor con el que lo donó a la ciudad». 

HISTORIA. El Olivo de la Paz sustenta sobre sus raíces más de 1.500 años de vida. Así al menos lo acredita la placa conmemorativa que se encuentra a sus pies, pese a que algunos expertos dudan de su verdadera edad.  Sea como fuere, lo que es innegable es que este árbol es un emblema para los palentinos y, más concretamente, para los vecinos de la avenida de los Vacceos.

El olivo, con un peso que supera los 8.750 kilos y un diámetro de cuatro metros en la base, llegó a la capital palentina el 10 de junio de 1999. Tras pasar la mayor parte de su vida en un monte de Sabiñán (Zaragoza), fue adquirido en 1996 por la familia Gimeno, propietaria de la empresa Viveros Gimeno.

Miguel Ángel Gimeno, propietario de un vivero de la firma en Palencia, donó hace 25 años este árbol. En declaraciones recogidas por Diario Palentino en su edición del 11 de junio de 1999, aseguró que lo hizo porque «quería que estuviera en un lugar que me motivara como esta ciudad». «Aquí es donde tiene que estar, porque todas las calles tienen nombres de árboles», apostilló aquel día el por aquel entonces conejal de Parques y Jardines, José Antonio Maté.

El árbol recibió su nombre con motivo del momento en el que llegó a la ciudad, el cual coincidió con el fin de las hostilidades en Kosovo.

El lugar en el que se situó fue fruto de polémica hasta meses antes de su replantación. En esa misma ubicación se encontraba una antigua pasarela de ferrocarril, denominada la pasarela de la discordia por el malestar que generaba entre los vecinos. La sociedad civil clamó durante meses por su demolición, pues apenas se utilizaba. En su lugar, se construyó el paso subterráneo que actualmente confluye entre la avenida de los Vacceos y la plaza del Pintor Díaz-Caneja.