"No tengo vocación de abrir caminos, pero me ha tocado"

M. Tsanis (EFE)
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NUEVA CINTA. La prestigiosa directora ha encontrado en la vulnerabilidad de la historia de 'Un amor', una novela de Sara Mesa, el terreno ideal para su cine

"No tengo vocación de abrir caminos, pero me ha tocado"

Referente para la nueva generación de mujeres cineastas, Isabel Coixet estrena mañana Un amor, basada en la novela de Sara Mesa, aunque la directora catalana reconoce que ya trabaja en un próximo proyecto con Penélope Cruz.

La ganadora del Premio Nacional de Cinematografía 2020 ha contado con Laia Costa para el papel de Nat y un elenco de secundarios que brillan con luz propia encabezado por Hovik Keuchkerian, junto a Hugo Silva, Luis Bermejo, Ingrid García Jonsson y Francesco Carril

¿Qué es lo que más le tocó de esta novela y de su personaje principal?

En mis películas hay más guiones originales que adaptados, pero es verdad que de repente lees algo que te obsesiona, te enamora, te hipnotiza y leer Un amor de Sara Mesa fue como un aldabonazo, había algo que quería explorar con la cámara.

La película aborda la complejidad del deseo femenino y «las masculinidades tóxicas».

Sí, lo que antes llamábamos gilipollas o gente impresentable. A mí las etiquetas no me van, estos lugares comunes, las masculinidades tóxicas, entonces ¿lo otro que son? ¿feminidades tóxicas? Gente chunga hay en todas partes, en todas las generaciones y en todos los géneros.

Es una historia compleja pero si resume su esencia, ¿qué diría?

Para mí es la vulnerabilidad, algo que te hace sufrir y crecer en la vida. En el caso de Nat, lo que le hace vulnerable es que quiere que la acepten y eso es algo que he vivido desde los cuatro años en el patio del colegio, tú quieres estar aparte pero también con los demás, que te reconozcan y ahí es donde los dramas aparecen.

Sara Mesa ha dicho de Nat que es el personaje más odiado de la literatura reciente, ¿por qué?

Hay gente que no quiere reconocerse en ella, gente que habla desde una atalaya de superioridad moral, entre la superioridad moral y la estupidez, que hacen que no quieras reconocer que muchas veces tu corazón desea una cosa, tu cabeza otra y tu coño quiere otra.

En la película introduce de forma colateral el drama de los refugiados, por desgracia de plena actualidad. ¿Nos hemos insensibilizado?

La prueba es que nadie me pregunta por la actriz que hace de refugiada, nadie, y a mí esto me choca. Azata Soro es una actriz de Burkina Faso y lo que cuenta es una historia que le pasó a su familia.

La cicatriz que tiene en la cara se la hizo un director de cine en un rodaje, intentó abusar de ella, ella le rechazó y él le cruzó la cara para que no tuviera ninguna oportunidad. Me tocó mucho esa historia cuando la leí y quise que hiciera este papel.

La generación de mujeres cineastas que ha surgido en los últimos años la mencionan como referente, ¿cómo se siente respecto a ellas?

Me da mucha alegría, porque sé lo que es empezar en un ambiente hostil y que ahora se sientan arropadas entre ellas yo creo que es bonito.

En realidad las envidio mucho, porque no están solas. Yo de Juana de Arco tengo cero, no tengo vocación de abrir caminos, pero me ha tocado, me tocó estar muy sola en un momento en que ser mujer y ser joven era la garantía de que te llegaran hostias por todos los lados.

¿Y ahora, en qué momento está profesionalmente?

A veces pienso que hago algo mal porque en cada película me siento en la casilla de salida, pero bueno, tampoco es una tragedia.

¿Qué puede avanzar de su próxima película con Penélope Cruz sobre la novela de Ferrante Los días del abandono?

Estamos con la adaptación, es uno de los primeros textos que publicó y en la galería de retratos de mujeres es uno de los que me marca.

¿Ha podido conocer a Ferrante?

No, pero si la hubiera conocido lo negaría. La envidio mucho, yo sé que hay directores que aman la promoción, pero yo me canso enseguida porque me veo a mí misma hablar y pienso ¿pero qué dice esta señora?