Una tractorada infantil urge un futuro digno en el campo

Rubén Abad
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Asaja, UPA y COAG sacan a la calle a cientos de chavales en una manifestación por la calle Mayor con sus vehículos agrícolas de juguete. «Cada vez es más difícil producir y las ayudas son menores», advierten

Pueden parecer simples juguetes entre otros cientos en un catálogo, pero para los niños de campo los tractores en miniatura son casi como una filosofía de vida. Es lo que han mamado desde pequeños y con lo que han convivido desde la cuna. Por eso, ayer lucieron sus pequeños vehículos con orgullo en una tractorada infantil, que no por tener a protagonistas menudos, rebajó el tono de las reivindicaciones de un sector que está pasando «por un mal momento», el «más crítico en años».

Unos 200 chavales se dieron cita en esta curiosa iniciativa de Asaja, UPA y COAG denominada Mi21F,  en la que se puso el acento en la necesidad de garantizar un futuro digno para el campo que garantice el relevo generacional de un sector al que, según advirtieron en la lectura del manifiesto, «cada vez le resulta más difícil producir, que su labor sea rentable y que sea una profesión con futuro».

Estas fueron algunas de las reivindicaciones que se escucharon en la plaza Mayor, punto final de esta manifestación que arrancó una hora antes en la plaza de Pío XII y recorrió la calle Mayor a la que se sumaron chavales llegados desde diferentes rincones de la geografía provincial con pancartas en las que se pudieron leer proclamas del tipo  Mis gusanitos se hacen con maíz, pero... ¡que sea de aquí! o Si sembramos placas, no comen nuestras vacas.

Una tractorada infantil urge un futuro digno en el campoUna tractorada infantil urge un futuro digno en el campo

En total, seiscientos metros de marcha para alzar la voz contra un problema que, según advirtieron, no afecta solo al campo, sino a la sociedad en su conjunto. «La agricultura y la ganadería son básicas para todos. Nuestra alimentación depende de ellas. Si nuestro campo no produce, no podremos comprar alimentos a un precio asequible ni tener una comida de calidad», rezó el texto, al que dieron lectura Emma, de siete años, y Mario, de ocho.

Alertaron también de la «reducción» de las ayudas que recibe el sector. Partidas que, según denunciaron, «dependen de exigencias sin lógica, casi imposibles de cumplir» y que deciden desde sus despachos personas que «no conocen la realidad del campo». 

«En la pandemia vimos qué importante era vivir en un país donde los alimentos estaban asegurados. Queremos que se produzcan aquí: en Palencia, en Castilla y León, en España y en la Unión Europea. Cuanto más cerca, mejor», afirmaron. Cuestiones que, aseveraron, garantiza la «calidad» de los productos.

Finalmente, apostaron por unos pueblos «vivo» y reclamaron que el medio rural «sea una opción para vivir y trabajar». Una vida rural que, en gran parte, depende de que esas explotaciones agrícolas y ganaderas «sigan funcionando», concluyeron.