El lado más distendido del sumo

Nora Olivé (EFE)
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El lado más distendido del sumo - Foto: FRANCK ROBICHON

El festival de Honozumo acoge a más de 6.000 personas, entre espectadores y luchadores, que disfrutan en plena primavera de Tokio, de un día repleto de combates y celebraciones de la tradicional disciplina japonesa

Más de un centenar de luchadores de sumo han mostrado esta semana su lado más “relajado” frente a unas 6.000 personas, entre japoneses y turistas, se sentaron al sol para disfrutar del festival anual de primavera Honozumo, que se celebró en los terrenos del santuario Yasukuni de Tokio, uno de los más famosos del país.

El Honozumo es un torneo ritual con más de un siglo de antigüedad que se celebra abierto para todo el público y es de las pocas oportunidades para los aficionados de este deporte de ver en acción a la élite de deportistas. Se trata de un día repleto de combates en los que participan desde principiantes del sumo profesional hasta los luchadores de primera clase.

Además de los combates, la jornada incluye exhibiciones de comedia, cantos tradicionales de sumo y ritos de honor a las divinidades del santuario sintoísta donde se celebra.

 

Un espectáculo limitado

El sumo es uno de los deportes más difíciles de ver y los más fanáticos deben contentarse con asistir a uno de los grandes torneos que se celebran solamente seis días al año en diferentes ciudades del país.

Sin embargo, en esta ocasión los asistentes del festival pudieron contemplar de cerca a las principales estrellas de este deporte nipón, que entre combates charlaban y bromeaban en un ambiente relajado a pocos metros del público.

También fue ocasión para degustar el ‘chanko nabe’, un plato repleto de calorías que constituye la dieta básica del sumo y que está preparado con varios tipos de verduras y carnes bañados en caldo de pescado.

La jornada comenzó por la mañana con los combates de luchadores de la categoría más baja, seguidos por los de segunda categoría o ‘juryo’, para dar paso al cierre del festival con los competidores de primera división o ‘makuuchi’.

Además de pelear, los luchadores presentaron sus respetos a las divinidades del templo con una oración colectiva tras la que recibieron la purificación de la máxima autoridad de Yasukuni.