Abascal, azote de la 'derechita cobarde'

JAVIER M. FAYA (SPC)
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La formación está obligada a mostrarse muy agresiva durante toda la campaña, ya que no le ha favorecido aupar gobiernos en los que no toca poder ni logra ver sus exigencias satisfechas

Abascal, azote de la ‘derechita cobarde’

En todas las encuestas publicadas hasta ahora sobre las próximas elecciones generales hay algo que se repite, y es que Vox baja, no tanto como Ciudadanos, pero la caída es importante. Yes que desde el milagro andaluz del pasado 2 de diciembre, la tendencia es decreciente. 
Así, la noche del 28 de abril, un exdiputado y colaborador cercano al líder de la formación, Santiago Abascal, confesaba: «Sí, ha sido una decepción, esperábamos mucho más aunque hayamos dado una imagen de triunfo, pero podía haber sido peor». Ylo fue en la siguiente cita, un mes después, la de las autonómicas, municipales y europeas.    
Las explicaciones a ese desfondamiento progresivo son varias, comenzando por el hecho de que ya no son una novedad, y sobre todo, el no haber podido poner en práctica las medidas populistas que prometían y que tanto encandilaron a muchos de sus votantes. Yes que si no gobiernas, si no tocas el poder, da igual que aúpes al que sea, véase en este caso, PP y Ciudadanos, partidos a los que siempre se ha referido despreciativamente como «derechita cobarde» Abascal y los suyos.   
Tener la llave del poder suponía mucho para Vox, pero también es cierto que su electorado nunca le hubiese perdonado no haber facilitado Gobiernos que no fueran de izquierdas en la Comunidad de Madrid, Castilla y León, Región de Murcia, Villa de Madrid... Curiosamente, en Burgos permitieron que el PSOEse hiciese con el Consistorio, por lo que habrá que ver si lo acaba pagando dentro de un mes y medio. 
Así, lo que era una ventaja, ser clave para Ejecutivos conservadores y frenar a la izquierda, se acababa transformando en un hándicap, en un callejón sin salida, dado que la formación de Rivera llevó a cabo su segundo cordón sanitario, negándose a compartir poder con la fuerza derechista, e incluso a sentarse para la foto de rigor. 
De este modo se convertía en una auténtica bisagra, fundamental para llevar a la gloria a los de Pablo Casado, que ha resucitado -y va a ser el que más crezca en las generales- gracias a ellos y a los naranjas, pero sin influencia alguna. Esto se pudo ver en el Parlamento andaluz el pasado 12 de junio. Quedaban pocos minutos para que los Presupuestos del Ejecutivo popular -y liberal- de Juanma Moreno quedaran tumbados. El polémico exjuez y líder de Vox en el sur, Francisco Serrano, había amenazado desde que arrancó la Legislatura que si no se cumplían sus exigencias no los apoyaría con lo que eso supondría:prorrogar los de 2018, los del PSOE-A. 
Esa puesta en escena, con foto subida a las redes sociales, en la que se veía resoplar a uno de los líderes del PP mientras discutía en plena sesión con el magistrado suspendido, tuvo cierta repercusión. Pero nada más, porque de los famosos 37 puntos del acuerdo que firmó con los conservadores, ninguno se ha cumplido totalmente, comenzando por su política migratoria o de violencia de género, término que repudian.   
Esto provoca el desencanto de sus seguidores, a lo que hay que sumar el giro a la derecha del PP tras Rajoy. ¿Conclusión? Muchos retornarán a la casa común que diría Casado. 
Para evitar esto, Abascal llevará una campaña muy agresiva contra Génova, intentando demostrar que no hay nadie más conservador que él, como ya se pudo ver esta semana con la exhumación de Franco, uno de los temas estrella de aquí al 10-N. Deberá multiplicarse en los medios (se habla de El hormiguero, programa que, según algunos medios, el político vasco tenía vetado) y cargar contra los Gobiernos que él mismo apoyó hace 100 días. Así se explica el ataque en la Asamblea de Madrid de Rocío Monasterio a Isabel Díaz Ayuso, tachando de «estafa» la prometida bajada de impuestos.