A lo ligero

A. Benito
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Dar a conocer las tradiciones de la Montaña Palentina es una afición que Juan Carlos Otero trata de practicar siempre desde el respeto y siendo fiel a la realidad de antaño

A lo ligero

Aunque vive en Cervera, tiene familia en la vecina localidad de Arbejal, lugar en el que el baile de pandereta se mantuvo hasta hace bien poco. «Recuerdo las enramadas y los cantos de enhorabuena a la antigua usanza. De alguna forma, esas vivencias fueron las que despertaron mi interés por las tradiciones», explica Juan Carlos Otero, que a lo largo de su vida ha llevado a cabo un valioso trabajo de investigación y difusión del folclore en el norte de la provincia.


Así, y tras pasar por el Grupo de Coros y Danzas, Otero empezó a recopilar testimonios en pueblos como Lores, Piedrasluengas, Aguilar o Resoba. «En ese momento, me di cuenta de que la tradición no era como me la habían contado», explica el joven. «Los bailes tradicionales se han convertido en un espectáculo, están excesivamente coreografiados, y el toque de pandereta, demasiado estipulado. La realidad es que todo era mucho más natural, el baile era un entretenimiento y la música el reflejo del ambiente de cada momento», matiza. 


Las mozas y los mozos no eran bailarines profesionales y, por supuesto, las llamativas vueltas que hoy parecen propias de algunas jotas eran impensables hace un tiempo. «Estamos hablando de una sociedad muy recatada. ¡Cómo iban a permitir las mujeres que se les vieran las enaguas!», continúa este defensor de la cultura tradicional que también ha indagado en las características de la ropa que vestían nuestros abuelos y da clases de pandereta a los vecinos de la comarca norteña. 


«Somos un grupo de amigos cuya única intención es que todo esto no se pierda», manifiesta Juan Carlos Otero al tiempo que declara el «máximo respeto» a sus predecesores. «Tengo por costumbre decir siempre dónde he recopilado las canciones que interpreto», añade el joven que, desde hace unas semanas, sale todos los días con su pandereta a la ventana para alegrar

un poco el confinamiento de los vecinos de Cervera de Pisuerga.


Su trabajo a lo largo de los años le ha permitido conocer las raíces de cada toque o baile e incluso las relaciones entre pueblos. «Resoba y Arbejal siempre han tenido muy buena relación  y, aunque en cada sitio se toca de una forma, hay muchas similitudes. En Cervera, se tocaba a dos manos, como en muchas localidades de La Pernía, mientras que en Aguilar se hacía a mano vuelta, igual que en Reinosa (Cantabria), lo cual demuestra la importancia de las comarcas naturales», señala Otero. 


Respecto a la tipología y el tamaño de los instrumentos, este profesor que recomienda a sus alumnos «tocar de alma y no de escuela», asegura que «de todo había en todos lados». Eso sí, la pandereta la custodiaban las mozas del pueblo y, en algunas ocasiones, se compraba con los fondos comunes. En cuanto a los intérpretes, en su mayoría eran mujeres, pero también había hombres. «Eran los tocadiscos de la época, tocaban lo que les salía y, lo principal, era transmitir alegría», apunta finalmente Otero.