«Todos los sectores se van a tener que adaptar»

A. Benito
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Para Juan Carlos de Margarida, la situación actual puede ser una oportunidad para que la región y la provincia aprendan a explotar sus grandes valores: el territorio más extenso de Europa y un carácter serio y trabajador que hay que promocionar mejor

«Todos los sectores se van a tener que adaptar» - Foto: Juan Mellado

El Colegio de Economistas de Valladolid, que desde hace unos días lo es también de Palencia y Zamora, es la institución representativa de la profesión que, mediante la organización de actividades y servicios diversos, contribuye a la mejora de la calidad de las prestaciones que esta ofrece a la sociedad. Diario Palentino ha aprovechado la reciente visita de su decano-presidente, Juan Carlos de Margarida, para hablar con él acerca de la propia entidad y de la situación actual.


En primer lugar, háblenos del Colegio de Economistas de Valladolid, Palencia y Zamora
El Colegio de Economistas de Valladolid se creó en 1979 por segregación provincial del de Madrid. En estos momentos tenemos 1.280 colegiados, fundamentalmente de cuatro provincias, aunque también hay del resto de la Comunidad. Esas cuatro provincias son Valladolid, Palencia, Zamora y Salamanca. 
«Todos los sectores se van a tener que adaptar»«Todos los sectores se van a tener que adaptar» - Foto: Juan MelladoEcova lo que hace es dar tres servicios fundamentales. En primer lugar, la protección del colegiado en todo momento, su valorización ante la sociedad y que se cumpla el código deontológico. 
También es muy importante el reciclaje, puesto que los cambios son constantes en derecho mercantil, fiscal, laboral o concursal. El economista -ejerciente libre, directivo o docente- tiene que tener siempre los conocimientos actualizados para dar el mejor servicio a su cliente, y eso lo da la Escuela de Economía del Colegio de Economistas de Valladolid, Palencia y Zamora, por la que pasan alrededor de 2.500 personas todos los años, no solo economistas, sino también abogados, gestores administrativos y ejecutivos de empresa, entre otros 
Y en tercer lugar, una de las cosas que ofrece el Colegio, y que es sumamente importante, es el servicio de estudios económicos Ecovacyl, que se puso en marcha hace algo más de diez años con el Observatorio Económico de Castilla y León. Es de carácter trimestral y analiza con datos reales y objetivos cómo han ido los tres últimos meses, aunque también tiene en cuenta la tendencia histórica de la economía, y dice cómo puede ir el próximo trimestre, el año en el que estamos o el siguiente. Cuanto más nos alejamos del presente, más imprecisas son las predicciones, pero hay que tener una visión final de dónde queremos llegar y qué creemos que puede pasar en el medio plazo. Este observatorio es muy potente porque llevamos ya una década, por lo que sabemos cómo ha sido la evolución en los últimos años y son muchas las instituciones que nos solicitan estos datos. 
«Todos los sectores se van a tener que adaptar»«Todos los sectores se van a tener que adaptar» - Foto: Juan MelladoExisten otros tres observatorios: industria agroalimentaria, comercio exterior y economía digital. Este último nos ayuda en estos momentos a tener una base muy importante para saber dónde tenemos que aplicar los fondos que nos van a venir de la Unión Europea para fomentar la conectividad. 


Este tipo de observatorios lo que no contemplan son imprevistos como la situación actual
Los observatorios sirven para saber cómo estábamos, cómo estamos yendo y qué base tenemos para seguir el camino. ¿Dónde está el gran problema? Cuando hay un parón, se descuadran todas las previsiones, hasta tal punto que nosotros tuvimos el gran problema, en mitad de la pandemia, de elaborar el observatorio del primer trimestre y no poder decir nada, porque cualquier cosa que dijéramos estaba totalmente desvirtuada. 
Las previsiones eran impredecibles, porque era la primera vez que la actividad económica del mundo se paraba completamente, excepto en términos muy concretos. De hecho, en el servicio de estudios nos consultaron que había qué hacer y dijimos que no lo sabíamos. Solo se podía esperar a que terminara el confinamiento y ver en qué medida el motor de la economía, que es el consumidor, iba a tener la suficiente confianza para empezar otra vez a gastar, porque si el consumidor no gasta, no compra; y si no compra no se fabrica; y si no se fabrica no hay impuestos; y si no hay impuestos no tenemos fondos públicos para sufragar el estado del bienestar.
En 2008 podíamos prever, más o menos, lo que iba a pasar, porque la economía se paró en el 40%, pero seguía funcionando todo. A pesar de los baches financieros, que provocaron desempleo y problemas de impagos en bancos, había una causa y un efecto, pero cuando se para la vida, no podemos saber cómo el organismo va a salir del coma. 


Cambiando de tema, ¿qué cualidades debe tener hoy en día un profesional de la Economía?
El economista, en su momento, adquiría conocimientos muy técnicos. Sin embargo, la economía ha evolucionado de tal forma que ni siquiera una empresa puede funcionar aisladamente, sino que tiene que tener en cuenta el entorno en el que está y la situación macro, microeconómica y global. Un cambio en EEUU puede hacer que mis productos sean más caros o dejen de ser rentables. Por tanto, empiezan a incorporarse a la economía sensaciones. Aquí interviene lo que Bolonia en los nuevos grados está intentando conjugar: el conocimiento o la técnica, la competencia, que es la aplicación de esos conocimientos a las múltiples realidades en constante cambio, y las habilidades para hacer las cosas de la mejor forma posible. Esos son los tres componentes que antes no se miraban y que ahora son imprescindibles para estar en el mundo globalizado, al menos en el que hemos tenido hasta ahora. 


Volviendo a la situación económica. Al presentar el último Observatorio Económico de 2020 indicó que «el camino para la reactivación económica y social de CyL va a ser muy largo y amargo, con altas dosis de desconfianza, incertidumbre y angustia». Es un hecho que se ha producido un hundimiento generalizado de la economía y que la región podría concluir el año con un retroceso de entre el 14 y el 18 por ciento en su PIB. Con este panorama y desde su punto de vista, ¿cuáles van a ser los sectores estratégicos para la recuperación de la Comunidad?
Parece que al hablar de sectores estratégicos estamos diciendo que lo que había no sirve y que hay que hacer cosas nuevas. Yo creo que lo que había sirve perfectamente, pero hay que ajustarlo a las realidades existentes en este momento, muchas de ellas desconocidas, dado que no sabemos las nuevas reglas del mercado, ni las de gestión de los fondos públicos. 
Obviamente, tiene que haber prioridades en las inversiones, y esas van a ser las prioridades de muchos sectores. Las ayudas de la UE vienen orientadas a la digitalización, el medio ambiente y el transporte. Ahí hay tres grandes sectores por los que hay que apostar, porque Europa dice que esa es la base para que todos los demás campos se potencien, se consoliden y se reorganicen. Dicho de otro modo, todos los sectores son importantes, pero va a haber un cambio en muchos de ellos relacionado con la digitalización, el e-comerce y la forma de entender al consumidor. Ese futuro ya es un presente, ahí es donde vienen los 73.000 millones de euros, no nos equivoquemos, a apoyar esas tres grandes macroideas y a que se reconviertan los sectores. 


En ese sentido, ¿cuáles son los puntos fuertes de Castilla y León y, más concretamente, de Palencia? ¿Cómo pueden la Comunidad y la provincia aprovechar esta situación para mejorar?
La Covid nos ha enseñado dos cosas: que somos mortales y que tenemos que apostar por la continuidad de la especie. Hay una necesidad imperiosa en los humanos que es la alimentación. Castilla y León tiene un valor añadido que es la tierra, la más extensa de Europa, un recurso que no es deslocalizable. Lo que tenemos que aprender es a gestionarla bien, con todos los medios que nos está diciendo Europa, para no desperdiciar la energía ni el agua, apostando por los cultivos rentables y sostenibles. 
Hay que emplear y valorizar a las personas que se han ido del campo a la ciudad. También es necesario que estas últimas compartan la vida rural. El problema de la despoblación es que lo que nos han vendido es que el futuro estaba en las ciudades. Ahora no podemos volver a poblar el mundo rural de la noche a la mañana, es imposible. Nos ha durado casi cuatro décadas vaciarlo y esto hay que revertirlo, pero no diciendo «vuelve al campo que vas a estar fabulosamente bien», sino dando a ver que el ámbito rural y el urbano son complementarios, no sustitutivos. Hay que cambiar la mentalidad, pero sin decir que una cosa es mejor y otra es peor. 
También hay que cuidar y potenciar otros sectores como el automovilístico, el químico o el farmacéutico, así como los servicios, tan importantes en nuestra Comunidad. El 70% de la actividad económica de Castilla y León corresponde a este último apartado, pero también hay que tener en cuenta que para que los servicios existan y se mantengan hay que mimar y acrecentar la industria, sobre todo la agroalimentaria.
A mayores, existe otro valor añadido muy importante, el carácter castellano y leonés: serio, circunspecto y, en cierta forma, enjuto. No hay medias tintas y, además, el castellano y leonés trabaja porque quiere tener una buena calidad de vida, sobre todo, familiar; no se cuestiona si es mucho o poco. Ese carácter es el que hay que vender a esas empresas que se tienen que incorporar en la región o tienen que internacionalizarse desde aquí. Además de eso, tenemos dos generaciones con mucha preparación. Hay que aprender a transmitir bien estas ideas.  


CyL tiene un tejido económico caracterizado por la pequeña y mediana empresa, con una capacidad de reacción reducida para adaptarse a lo que requiere esta situación. ¿Cree que las empresas de la región deberían aumentar su tamaño?
El propio carácter castellano y leonés hace que queramos subsistir solos, pero para poder ser competitivos, modernizar las empresas y abrir nuestras mentes para saber que el mundo no es solamente Palencia o las provincias que están a su alrededor, se necesita ser grande e invertir en tecnología, en capital humano y en formación. Tenemos que ser conscientes de que quizás podemos estar vendiendo en las Islas Fiyi, de que allí puede haber un mercado que puede ser el 60% de lo que estoy fabricando. Empresas grandes en CyL hay unas 14, medianas 100 o 200 y el resto son microempresas que cuando quieren crecer, porque la demanda se lo pide, no pueden hacerlo.


También ha expresado que en estos momentos de crisis es vital transmitir certidumbre al consumidor. En Palencia, tras las últimas medidas restrictivas, son muchos los que opinan que se está generando miedo entre la gente. ¿Qué opina al respecto?
Todas las medidas que se están tomando crean incertidumbre y desasosiego. Eso, en definitiva, está parando la relación social y el consumo presencial en cafeterías, restaurantes, bares y comercios. El confinamiento de Palencia, en principio, tendrá una duración de 14 días. El problema es que ese temor perdure en el tiempo, y eso va a ocurrir cierres o no cierres. En las ciudades que no se han confinado, la gente tampoco consume tanto. Se ha notado cierto repunte en el ocio, porque estamos hartos y nos gusta relacionarnos. Lo malo es que, a la vez, somos inconscientes y no respetamos las medidas, aunque todavía no haya pasado el peligro. Tenemos que ser más responsables y entender que va a haber un problema durante un período de tiempo. Es complejo, pero hay que dar los pasos de forma coordinada, ordenada y con mucha fe en que lo que estamos haciendo es lo correcto y vamos a ir hacia adelante. 


Por último, a los representantes públicos y a los directivos del sector privado les pide que den ejemplo de unidad y sacrificio, pero sobre todo de austeridad
En momentos convulsos no se pueden tener ideas dispares. Tiene que haber un único camino, quizá no el mejor para todos, pero sí por el que hay que apostar. El camino tiene que ser austero y hay que recorrerlo con tranquilidad y humildad, corrigiendo las desviaciones para ajustarlas de manera unánime, sin sobreactuaciones de nadie, porque nos estamos jugando la generación presente, de los 30 a los 45 años, y la futura, de los 15 a los 30, que en muchos casos aún no se ha incorporado al mercado laboral. Necesitamos unanimidad, coherencia, consenso y personas objetivas, pero, sobre todo, justas.