Susto en la primera de abono

Rubén Abad
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Los aficionados de Campos Góticos se llevaron las manos a la cabeza con el percance sufrido por Paco Ureña en el primero de su lote. El respetable despidió al murciano con una cariñosa ovación de camino a la enfermería

Susto en la primera de abono - Foto: Á“scar Navarro

Trescientos sesenta y dos días sin un espectáculo taurino es demasiado tiempo para una ciudad que ama, siente y entiende los toros como pocas. Pero toda espera tiene su recompensa, y los palentinos saciaron ayer su apetito. Recibieron un pequeño tentempié de su dosis anual de fiesta nacional en forma de corrida de toros, la primera de abono de los sanantolines. Un plato que, a priori, tenía pinta de apetecible dados sus ingredientes y que cumplió todas las expectativas, resultando un excelente entrante para un menú bien pensado y rematado que se servirá cada tarde en Campos Góticos hasta el lunes.
La carta de presentación no ha podido ser mejor, con un cartel muy del gusto de los aficionados de la capital y de la provincia, tanto en los nombres que lo integran como en su diseño, con el corazón del Cristo del Otero integrado en la chaquetilla. Un homenaje a Victorio Macho y a todos los palentinos que ayer ocuparon los tendidos de una plaza en la que se palpaban las ganas de una buena tarde de toros.
Un menú cocinado a fuego lento durante semanas al calor de las estufas de la empresa Martínez Flamarique, gestora de la plaza. De esos que dejan un buen regusto en el paladar. Esa fue la sensación que acompañó al público que ocupaba los tendidos, que se vinieron arriba ya desde el primer toro, de nombre Bienvestido, para el riojano Urdiales.
Sin embargo, la alegría duró poco. El gran susto de la tarde llegó a las 18,31 horas, con una aparatosa cornada que llevó a Ureña a la enfermería. De camino, por el callejón, el de Lorca recibió una sonora ovación, en forma de ánimo de todos los palentinos en su deseo de una pronta recuperación. En ese momento, el diestro Miguel Abellán, que seguía la corrida desde el burladero del tendido ocho, junto al empresario Antonio Catalán, padre de Toñete, se ausentó. Y es que como hacían los mineros de la cuenca palentina, los toreros funcionan como una gran familia que se acompaña en los momentos difíciles. Un poco más arriba, desde los tendidos del ocho, presenciaba la lidia el maestro Félix López El Regio,  mientras que el ganadero, Antonio Bañuelos, lo hacía desde el uno, bajo el palco.

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