Joyas a base de arte

Mónica Collado (EFE)
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Joyas a base de arte

Una firma valenciana irrumpe con éxito en los mercados anglosajón y asiático gracias a la creación de broches, collares y pendientes hechos a mano con metacrilato y madera de haya

Patines con ruedas, tiques de la compra o un walkman con auriculares se pueden transformar en joyas de metacrilato. Gracias a la nueva colección de la empresa española La Vidriola, estos productos y muchos más ya estan en los bolsos y en los dormitorios de numerosas jóvenes y no tan jóvenes de Australia, Estados Unidos y el Reino Unido.
Sus fundadores son Pablo Nieto y Blanca Calabuig, que desde su pequeño taller en Valencia han generado una sonada irrupción en la bisutería internacional con broches, pendientes y collares innovadores y exclusivos hechos a mano con metacrilato y madera de haya y que también han vendido en Malasia, Hawái o Singapur.
De hecho, el 98 por ciento de su producción se vende en el extranjero y, aunque reconocen que les gustaría introducirse en el mercado nacional, aseguran que su éxito en otros países hace que aumente su confianza para cumplir su reto de crecimiento: llegar a 2.800 pedidos frente a los 1.000 del año pasado.

 

La Vidriola


Con el título Pop Collection, La Vidriola acaba de lanzar la nueva colección que, como las dos anteriores, Where the magic happens (de circo) y Take away (viajes y gastronomía), han contado con la voz interactiva de sus más de 14.000 seguidores en Instagram, quienes han elegido el tema a diseñar. «Así se sienten más partícipes de las colecciones», asegura Nieto, que reconoce que han creado una «comunidad grande» y que el boca a boca a través de la red social ha sido clave para el crecimiento de la empresa.
Una «casualidad» en 2015 alumbró la idea que culminó en La Vidriola: crearon unos bolsos que Calabuig tenía en mente y encargaron los tiradores. Pero les dejaron colgados. Tuvieron que echar mano a su imaginación y crearon unos cierres de metacrilato que «tuvieron más éxito que los bolsos».
Entre sus más de 300 diseños, también en forma de anillos, pulseras y llaveros y con precios de entre 50 y 170 euros, hay medusas y otros animales, el tren de Harry Potter, la red de metro de Londres, trapecistas haciendo acrobacias, la catedral de San Basilio e incluso un carro de palomitas, mejillones y una paella.
Entre sus piezas más emblemáticas se encuentra un sushi atrapado por palillos, del que hicieron versiones con nigiri y maki, o «su mayor locura», una creación a la que llamaron wild life y que representa una jungla en la que se ve un lago, palmeras, un volcán e incluso un mono, una pantera, un tucán y un loro.

 

La Vidriola


Entre celebridades

La artista y galerista transexual Topacio Fresh, la presentadora Pilar Rubio y la celebridad Carmen Lomana están entre su lista de clientes, cuyo perfil son mujeres de entre 25 y 45 años «a las que les gusta el arte, el diseño y la moda».
La creatividad de estos jóvenes y peculiares diseñadores les ha llevado a marcar hitos como el día de la boda real del príncipe Guillermo y Kate Middleton: copiaron su look para un broche, lo diseñaron y pusieron a la venta esa misma noche y lo agotaron «en apenas cuatro horas», sobre todo en Australia, donde son grandes admiradores de la familia real británica.
Su visión de la actualidad y la solidaridad les ha impulsado a desarrollar una campaña tras el incendio de Notre Dame, a cuya restauración han donado los beneficios íntegros, unos 1.625 euros, de la venta de una aguja y un collar diseñados en exclusiva con la fachada de la catedral parisina sobre unos corazones.
Hacer apenas «veinte o treinta» piezas de cada joya hace de La Vidriola una marca de exclusividad que, además, cuida detalles como los envoltorios relacionados con el tema de la colección, lo que los convierte, como ellos se definen, en «arte para vestir».