Pregón popular de altura

DP
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Las muestras de apego hacia la ciudad y su gente por parte de Urko Otegui, pregonero popular de los sanantolines, fueron constantes y sentidas. La intervención del alcalde fue 'silenciada' con los abucheos de los peñistas

Pregón popular de altura - Foto: Sara Muniosguren

Urko Otegui ve las fiestas como un  partido de baloncesto, con un pregón como pitido inicial. Durante el primer cuarto «vamos entrando en el juego con los pasacalles con los gigantones y cabezudos, llevando a los peques al tragaldabas o visitando la feria de artesanía», afirmó el deportista. En el segundo período, «cuando estamos aún frescos, es momento de pasear por el mercado medieval, acudir a cualquiera de los torneos deportivos que se organizan o disfrutar de la gran variedad de conciertos que acoge la ciudad». En el tercer cuarto, «con ya gran parte del esfuerzo realizado, pero aún con fuerzas para continuar, la Feria del Libro o el Palencia en Negro se me antojan grandes opciones». En el último cuarto del partido, «ya cansados, pero con las mismas ganas del principio, no podemos dejar de dar un paseo por el recinto ferial...».
El excapitán de Chocolates Trapa dejó patente su condición de deportista, con mensajes a favor del Palencia Baloncesto y  los clubes de cualquier deporte en la capital y provincia, para los que pidió apoyo. Y es que, «el deporte es una gran manera de promover los valores entre los más pequeños», subrayó. 
Lo primero que hizo Otegui fue agradecer al Ayuntamiento que hubiera pensado en él para el pregón, sentimiento que hizo extensivo al Palencia Baloncesto: «Ha sido mi familia durante todos estos años, sin ellos no estaría hoy aquí». Esta tierra fue objeto de alabanza por parte del pregonero, y es que a pesar de no haber nacido en Palencia, «me considero casi un palentino más», afirmó. «Desde el primer momento que llegué, siendo muy joven, hasta la actualidad, he notado el cariño de todos vosotros que me habéis hecho sentir que esta es mi casa», enfatizó. Palencia «siempre será un lugar especial, tanto para mí, como para mi familia». Recordó Otegui que llegó aquí siendo un joven que «aún tenía mucho que aprender». 
El jugador mencionó  que  cuando nació Markel decidieron regresar  «puesto que no se nos ocurría un lugar mejor para que nuestro hijo creciera». «Aquí hemos vivido los mejores años de nuestra vida. Aquí nació mi hija Iraia, coincidiendo además con los mejores años del club. Dos copas, una liga, una familia, ver crecer a tus hijos. Qué más se puede pedir», resaltó.
La querencia de Otegui hacia Palencia y sus gentes, así como por el equipo de baloncesto, se manifestó a lo largo del pregón.  Ejemplo de ello fueron frases como «oír corear mi nombre en el pabellón, toda la gente que me paraba por la calle para mostrarme su cariño, los peques que me saludaban cuando llegaba al colegio a llevar a mis hijos… todo eso son cosas que no se pueden olvidar y que hicieron que me fuera tan complicado decir adiós a esta ciudad que siempre será mi hogar»; una ciudad que «tiene de todo, una gran oferta cultural, de ocio, gastronómica y, sobre todo, una gran calidad humana».
Como la afición en el baloncesto, las fiestas «no serían lo mismo sin sus peñas. Aquellas que dotan de color y alegría año tras año a la ciudad, haciendo que las calles se tiñan de fiesta. Gracias y un fuerte aplauso para todas ellas», concluyó Urko Otegui.
Este, ovacionado por los asistentes, contados por cientos en una magnífica noche de agosto, recogió un obsequio de manos del alcalde, Mario Simón, que se dirigió a la concurrencia en los instantes previos al lanzamiento del cohetón. Su intervención, centrada en palabras de agradecimiento al pregonero y a todas aquellas personas que hacen posible las fiestas, que animó a disfrutar, coincidió con los abucheos de los peñistas, que no quitaron de su boca el «alcalde dimisión», incluso los niños que ocupaban las primeras filas junto al escenario.
Acto seguido se celebró el homenaje a las peñas, con la imposición de escarapelas.  Mario Simón a Pallantia; Urko Otegui a San Antolín, la concejala de Fiestas, Laura Lombraña y la presidenta del Consejo Local de Peñas, Mercedes Cagigal, a El Ruedo; el consejero de Empleo de la Junta de Castilla y León, Carlos Fernández Carriedo, a Los Despenaos; la  directora general de Política Económica y Competitividad, Rosa Cuesta, a La Filomena; la presidenta de la Diputación, Ángeles Armisén, a Los Remaches;  el subdelegado del Gobierno, Ángel Miguel, a Nueva Era; el delegado  territorial de la Junta,  Luis Domingo González, a El Órdago; el primer teniente de alcalde, Alfonso Polanco, a Santo Toribio; la portavoz del Grupo Municipal Socialista, Miriam Andrés, a Los Balasteros; la portavoz del Grupo Municipal Vox, Sonia Lalanda, a El Capote; la portavoz del Grupo Municipal Ganemos, Sonia Ordóñez, a El Cordón.
El acto se cerró con el reconocimientos al mejor peñista, Tomás Diago; la mejor peña, Pallantia, y al peñista de honor, Higinio Calle. Este momento fue el que aprovechó el secretario del Consejo de Peñas, Luis Miguel Robles, para recriminar a los peñistas su comportamiento y romper el acuerdo de ser respetuosos durante la imposición de escarapelas. También  incitó aplaudir la entrega del reconocimiento al peñista de honor por parte de Mario Simón.