La patata palentina, de la tierra a la sartén

David Herrero (Ical)
-

La comarca del Boedo-Ojeda celebró ayer, pese a la lluvia, una edición más de la feria de exaltación del tubérculo más conocido de toda la provincia por su sabor y calidad

La patata palentina, de la tierra a la sartén


Castilla y León es una comunidad en la que en cada rincón hay una feria agroalimentaria. Legumbres, productos lácteos o vino son los reyes de la mayoría de las zonas que se enmarcan en esa España vaciada de habitantes, pero tan llena de riqueza gastronómica. Y la provincia palentina no se queda atrás. Después de las jornadas de exaltación del pimiento de Torquemada o de la cebolla de Palenzuela, es el turno de la patata de la comarca del Boedo-Ojeda.
Conocida por su sabor y textura, perfecta para freír, la patata de esta comarca es apreciada dentro y fuera de los límites provinciales. Con unas 207 hectáreas de cultivos y una producción estimada de entre 35.000 y 40.000 kilos por hectárea, muy similar a años anteriores, la campaña se presenta con buenas condiciones, dejando a un lado los daños por la plaga del topillo campesino, según los datos facilitados a la Agencia Ical por varios agricultores de la zona y la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de la Junta de Castilla y León.
La patata palentina, de la tierra a la sarténLa patata palentina, de la tierra a la sarténUn tubérculo que centra las tierras de labor del Boedo y de la Ojeda, por lo que toda la comarca se vuelca en potenciar, aún más, su producto estrella a través de la feria de exaltación que se celebró ayer en la localidad de Herrera de Pisuerga. 
Tal es así que el presidente de la Mancomunidad del Boedo-Ojeda, Miguel Abia, reconoce que la cita se «preparó en su día para promocionar y generar un nombre a la patata, pero debido al éxito se ha mantenido en el tiempo». Por ello, «cada año se intenta mejorar y realizar una programación más atractiva para atraer al mayor número de visitantes», afirma.
Como novedad, este año el pregón corrió a cargo del chef del restaurante Ajo de Sopas de la capital palentina, Alberto Soto.  «Nunca antes se había elegido a ningún cocinero con cierta relevancia para dar el pistoletazo de salida a los actos», destaca Abia. 
Además, entre las actividades celebradas en la jornada de ayer destacaron los concursos de tortillas y de guisos o el que premió a la patata más grande, sin olvidar la actuación musical de Los Blue Yeyés.
el trabajo en el campo. Pero antes de poder cocinar la patata en diferentes guisos o platos tradicionales, debe de obtenerse del campo y, para ello, hay dos formas distintas de hacerlo. El presidente de la Mancomunidad Boedo-Ojeda apunta que «muchos agricultores sacan el tubérculo a mano, de forma tradicional, ya que así tienen menos golpes y obtienen una mayor duración en comparación con la recolección a máquina». Por otro lado, hay productores que apuestan por la mecanización, una manera más rápida y menos cansada, pero que conlleva que la patata tenga «un envejecimiento mayor», debido a que el trato es menos cuidadoso que la recogida artesanal y con cestos.
Todos los años en la feria herrerense se realiza un homenaje a un sembrador de patatas jubilado a modo de reconocimiento por su vida de trabajo alrededor de este  tubérculo. En esta edición el honor ha recaído en Jesús Ángel Rodríguez, de Páramo de Boedo. En declaraciones a la Agencia Ical, Rodríguez asegura que «está muy agradecido» de que se hayan acordado de su persona, aunque afirma que le ha llamado la atención, al pensar que es «demasiado reconocimiento» para lo joven que es, ya que Jesús Ángel Rodríguez, con 68 años, recuerda ver en «ediciones pasadas de la feria a sembradores con más experiencia y vivencias» de las que él atesora.
Detalla que tiene un buen recuerdo de su infancia, «porque al final, de mayor, uno se acuerda más de los malos ratos». Sus remembranzas son «gratas», y revive cuando allá, por los años 50, «se veía a toda la familia en torno a la patata» y que «a pesar de los esfuerzos, entraba alegría a través de ella», puntualiza.
Rodríguez recupera de su memoria aquellos momentos en los que, al salir de la escuela, iba a ayudar a sus padres en el campo, donde seleccionaban «la patata en  invierno, aunque el resto del año no cesaba la labor, con el volteo o la sementera», y añade que «mientras las mujeres troceaban, los hombres sembraban».
Afirma que «nunca pensó en dedicarse a otra cosa», dado que su vida ha girado en torno al «medio rural y la agricultura, en especial el cereal, la remolacha y la alfalfa, a mayores de la patata».