El latido de las viñas

Maricruz Sánchez (SPC)
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El diseñador Alberto Corazón inmortaliza con su obra su pasión por el vino

Alberto Corazón, en la exposición ‘Vivanco Suite’. - Foto: Vivanco

El vino es una bebida social y amable, símbolo cultural y cultura en sí mismo. Una esencia de vida, presente en la humanidad desde tiempos remotos, en la que se puede intuir la misma energía que desprende la mirada de Alberto Corazón. Diseñador, escritor y artista multidisciplinar, este madrileño que ronda los 80 años ha sabido interpretar gráficamente el alma del último medio siglo de la Historia de España 
Premio Nacional de Diseño en 1989, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia de Gastronomía, Corazón no solo es el autor de logos emblemáticos como el de la ONCE, Paradores Nacionales y Cercanías de Madrid, sino que es un fiel admirador del vino. Un amante de los caldos y de todo el ritual que gira en torno a su elaboración y consumo, aunque reniega con firmeza de los maridajes, que no podía dejar su trayectoria huérfana de una declaración de amor al mundo de la viticultura y la enología.
Con esta intención, al artista aceptó el reto que le planteó hace solo unos meses la familia Vivanco, impulsora de uno de los mejores museos del vino del mundo en el municipio riojano de Briones. La idea era construir, mediante pinturas y grabados, un relato que comienza en la tierra y las vides y culmina sobre la mesa con una botella, compartiendo unas copas de buen vino en compañía. 
Vista panorámica de los viñedos que componen el paisaje de la localidad riojana de Briones.Vista panorámica de los viñedos que componen el paisaje de la localidad riojana de Briones. - Foto: M. C. SánchezAsí fue como Corazón plasmó el alma de esta bebida, el latido del músculo que simbólicamente la irradia, en una veintena de pinturas con diferentes técnicas y formatos, y un gran mural integrado por 18 grabados. Y lo hizo con voracidad y fiereza, en lo que dura un verano, a pesar de los vértigos que sufre y que le jugaron una mala pasada con una caída que no le impidió trabajar como nunca: con la mano izquierda. 
«Las uvas, las viñas, siempre han estado ahí, hasta que un buen día lo tosco se convirtió en excelente gracias al conocimiento de la cultura del vino», afirma Corazón, asegurando que esta bebida le ha dado «alegría, placer y buenos amigos».

Inspiración

El resultado es una exposición que, bajo el nombre de Vivanco Suite, podrá contemplarse hasta mediados de junio de 2020 en la sala de muestras temporales de Vivanco, y que se fraguó en las propias instalaciones del museo, impulsada por el ansia artística del madrileño, que no solo disfruta ideando logotipos. «El diseño por aporta realidad. La creación libre, fantasía», sentencia. De hecho, la visita los 4.000 metros cuadrados del enclave y sus seis salas dedicados a la cultura del vino son una cita imprescindible para cualquiera que presuma de conocer y admirar esta bebida.
Situado junto a las bodegas que llevan su mismo nombre, las colecciones que lo integran, reunidas gracias a un esfuerzo de décadas de la familia Vivanco, buscan mostrar los aspectos que engloba la cultura del vino: su historia, las técnicas de elaboración y todas las manifestaciones artísticas y culturales que giran en torno a él. Todo con el objetivo de devolver al mundo del vino lo mucho que aporta en cualquiera de sus variantes: embriagador, pleno, sabroso, misterioso, eterno, leído, contado y soñado. 


Más fotos:

Uno de los bodegones que integran la muestra.
Uno de los bodegones que integran la muestra. - Foto: Vivanco
El taller del artista.
El taller del artista. - Foto: Vivanco