Negocios con olor añejo

E.M.
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En la calle Mayor puede encontrarse todavía algún local que conserva la esencia de sus orígenes y que sigue en pie tras renovarse o adaptarse a los tiempos

Negocios con olor añejo - Foto: Á“scar Navarro

Entrar en muchos de ellos es como retroceder varias décadas, pero su olor a lo de antaño es también reflejo de su permanencia futura. A pesar de que las crisis económicas, los nuevos modelos de comercio y la falta de relevo generacional hacen complicada la permanencia de los negocios de toda la vida, la calle Mayor conserva algún superviviente. 
Sus estanterías, los mostradores, el empapelado de sus columnas o los techos, que igual pueden tocarse que parecen alcanzar el cielo, son algunas de las características de los locales que perviven en la principal arteria de la ciudad y que recuerdan a épocas pasadas. Entre ellos hay comercios textiles, establecimientos hosteleros, librerías, joyerías y farmacias, ejemplos de lo que otrora fue el alma del entramado económico palentino y que hoy constituyen casi una anécdota entre los negocios de esa vía.
Entre los primeros negocios con solera que aparecen en la calle Mayor, está Calzados Lasarte, con estanterías de madera y amplios mostradores de los que apenas quedan otros ejemplos. Unos metros después el bar Alaska, un emblemático local que ha sabido guardar la esencia de su fundador, Castor Rebollo, adaptándose a los tiempos y logrando atraer a muy diversas generaciones.
En la esquina de enfrente con Barrio y Mier aparece la farmacia de Josefa Herrero Muñoz, conocida en la ciudad como la de don Agricio, que en 1924 cogió el traspaso de Andrés Sanz. A continuación aparece otro de esos locales de los que no quedan muchos, Los 4 Hermanos, una confitería que elabora dulces caseros y tradicionales, además de destacar por sus exquisitos helados. Precisamente en esta zona hace años se concentraba un importante número de pastelerías, como Fredy, López o Portillo, todas ellas hoy desaparecidas.
Antes de llegar a la esquina con el Patio Castaño aparece otra de las farmacias con renombre en la capital, la de José María Fernández Nieto, actualmente regentada por su hija Ana, casi frente por frente con la de Atienza, donde hoy Javier sigue también los pasos de su familia. Ambas boticas son de esas que se han sabido amoldar a las distintas épocas y que, al mismo tiempo, conservan las peculiaridades de sus orígenes.
En la zona, el comercio que montara Marcelo Domínguez, Gadoma, una de las pocas tiendas de ropa que solo ofrece moda para hombre, fiel a sus orígenes. En el número 21 de la calle Mayor aparece Joyería Salamanca, mientras que un poco más adelante se encontraba Tejidos San Luis, cuyos sucesores trasladaron el negocio a un local ubicado enfrente.
al otro lado. Tras cruzar los Cuatro Cantones aparece otra de las farmacias emblemáticas de la ciudad, la del doctor Fuentes, abierta por Natalio de Fuentes Aspurz a finales del siglo XIX y al frente de la cual se encuentra hoy Belén, la sexta generación de la familia.
En el número 74 de esta calle se ubica un pequeño negocio de panadería y pastelería que, a pesar de llevar años en la zona, pasa casi desapercibido al viandante. Se trata de un local cercano a la librería Iglesias, otra empresa superviviente cuyos responsables han decidido trasladarse a otro espacio.
En el recorrido por la zona también se encuentran el conocido como estanco de Tristán, el bar Casero y la farmacia Manteca, a día de hoy bajo la batuta de Teresa Revilla.
En el siguiente tramo, ahora uno de los más concurridos en lo que a instalaciones comerciales se refiere, apenas quedan ejemplos de antaño. El que sin duda se lleva la palma es la imprenta El Pilar, que sigue en pie como si el tiempo no hubiera pasado por ella desde que fue montada por Jerónimo Alonso.
Un poco más adelante, Cres, un establecimiento de moda que montó Alfredo Gutiérrez y que sigue en pie dedicado en especial a vestir a los más pequeños, especialmente en días especiales.
«El pequeño comercio es fundamental. Además de ayudar a la economía de la ciudad cumple una función social importantísima», asegura la responsable del centro comercial Palencia Abierta, María José López. «Debemos cuidar lo que nos hace la vida más fácil y mejor, lo que es un punto de referencia en nuestra ciudad», añade. En opinión de esta profesional, «las tendencias las hacen las personas, por lo que merece la pena apostar por lo nuestro y lo que supone un medio de vida para muchos palentinos».
La mayoría de estos ejemplos refleja que sus responsables han sabido reorganizar la actividad para transformar un negocio tradicional en una oportunidad. Detrás de esas paredes hay una gran historia de la que han sido protagonistas muchas generaciones de palentinos y, aunque cada vez son menos, siguen demostrando que tienen su espacio en el ámbito empresarial. Su encanto, los productos que ofrecen y la oportunidad que brindan de aprovecharlos, es más que suficiente para que sigan en pie mucho tiempo.