Una vasija repleta de historia

A. Benito
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Una vasija repleta de historia

En agosto del 37, Eusebia y Tomás descubrieron en el camino entre Valsadornín y Gramedo una vasija con unas 15.000 monedas romanas. 'DP' repasa junto a Miguel de la Hera, único descendiente vivo de los hermanos Roldan, la historia del hallazgo

Para conocer el origen de esta historia hay que echar la vista atrás. 82 años exactamente. 81 y algunos meses para ser más precisos, dado que lo que a los hermanos Eusebia y Tomás Roldán les ocurrió, sucedió un 18 de agosto de 1937. Los vecinos del norte sabrán que por esas fechas son las fiestas de muchas localidades de la Montaña Palentina, entre ellas Cervera de Pisuerga. Incluso en aquella época, en plena Guerra Civil. 
"Mi abuelo y mi tía, naturales de Gramedo, volvían de la feria en burro, cuando algo les llamó la atención. Era la tapadera de una vasija semienterrada". Quien habla es Miguel de la Hera Roldán, único heredero del que ha pasado a ser conocido como Tesoro de Valsadornín. Pero avancemos en la historia. "Uno de los dos, le dio una patada a aquel mazacote oxidado, y ambos decidieron que mientras uno se quedaba vigilando que aquello no se moviera de su sitio, el otro iría a casa a por un hazadón", continúa el que actualmente es el director del Colegio San Gregorio de Aguilar.
Eran otros tiempos. Años en los que había gente en los pueblos y, por tanto, movimiento en los caminos. Por supuesto, muchos fueron los que vieron a Eusebia y Tomás afanarse en desenterrar aquel caldero. Es de suponer que la mayoría lo comentó con otros vecinos y de imaginar que eso fue lo que hizo que la noticia corriera como la pólvora y que, al día siguiente, la Guardia Civil se presentara en casa de los hermanos Roldán para requisar el hallazgo. Cuentan que, en aquel momento, la olla de bronce pesaba unos 45 kilos y podría contener en torno a 15.000 monedas. 
"Antes de eso y con mucha paciencia, mi abuelo y mi tía aprovecharon la noche para ir separando algunas de las piezas de aquel tesoro que, por acción del tiempo y la humedad, se había convertido en un conjunto amalgamado y oxidado", apunta de la Hera, que también sabe de aquellas crónicas de la época que aseguran que algunos vecinos de Cervera, donde fue depositado por unos días el caldero, también se quedaron con varios ejemplares. Incluso hay quien asegura que al señor Villalobos, por aquel entonces gobernador de Valladolid, se le entregaron 23 de las mejor conservadas de las que nunca más se supo. 
El caso es que el tesoro fue trasladado al Museo de Palencia, donde permaneció hasta 1951, momento en el que viajó hasta el Museo Arqueológico Nacional de Madrid (MAN). Al parecer, en la capital provincial quedaron 2.421 monedas sueltas, mientras que a la ciudad de los gatos se fueron la olla y otras 8.000 acuñaciones. "Sé que mi abuelo bajó a Palencia en alguna que otra ocasión, a reclamar el tesoro, y que al menos una vez, fue encerrado en el calabozo", asegura Miguel.
Desde entonces, la familia Roldán ha exigido en numerosas ocasiones al Ministerio de Cultura una compensación por el hallazgo del tesoro. "Nunca ha habido un enfrentamiento, pero tampoco se ha resuelto el litigio, dado que no nos hemos puesto de acuerdo en el valor", matiza el descendiente de Eusebia y Tomás, quien entiende que, en su momento, el objetivo de ambos descubridores era "conseguir algo de dinero para mejorar sus propias condiciones de vida". 
En este sentido y como precisa el arqueólogo barruelano Jesús Francisco Torres, director científico de las excavaciones en Monte Bernorio y Huerta Varona, "habría que revisar la Ley de Patrimonio de los años 30". Sin embargo, también es cierto que el Estado tiene "derecho pleno" sobre todos los recursos que estén por debajo de la superficie y que, en muchos casos, el valor de este tipo de hallazgos es "intangible", por lo que las cantidades que fija el Ministerio suelen resultar irrisorias para la otra parte.  
VALOR DOCUMENTAL. Casi un siglo después, para Miguel de la Hera, más importante que la compensación económica es el hecho de poner en valor el hallazgo. "No sé hasta qué punto las monedas pueden tener un interés numismático, pero estoy seguro de que sí que lo tienen a nivel histórico, cultural y documental", opina a la vez que lamenta que nunca haya habido un reconocimiento para su abuelo y su tía "más allá de haber sido nombrados en la prensa".
De la Hera también reclama algún tipo de medida que ayude a señalizar el punto en el que fue encontrado el tesoro. Un lugar a medio camino entre Gramedo y Valsadornín, dos localidades ubicadas en las entrañas de la Montaña Palentina a las que no les vendría nada mal algo así para fomentar la llegada de turistas. "Además, creo que sería muy interesante organizar una exposición temporal en la zona", añade Miguel.
Finalmente, el descendiente de Eusebia y Tomás asegura que en la zona han aparecido otros materiales romanos como cerámicas o piedras con inscripciones, por lo que también opina que no estaría demás realizar una investigación arqueológica.
arqueología | el imperio romano en la montaña palentina


Un mapa del poder de la época que regresará a casa medio siglo después
Después de muchos años, entre 2016 y 2018, el Instituto del Patrimonio Cultural de España (IPCE) abordó la restauración de la vasija y su contenido. Una intervención con la que se buscó conservar el aspecto más aproximado al hallazgo original y con la que se actuó en un pequeño número de monedas desprendidas del bloque. 
Emma García, directora del proyecto, explicaba a principios de año a DP que, si bien en el resto de España se han encontrado otros tesoros monetarios, este es singular, no tanto por la cantidad de monedas, sino por su diversidad. "Su importancia radica en que nos da indicios de la inestabilidad del periodo, ya que además de ser un ocultamiento aislado, sin conexión con ningún yacimiento conocido, las acuñaciones representan a varios emperadores que se sucedieron en muy poco tiempo", subrayaba la experta. De hecho, la información obtenida por el MAN, recoge que las monedas más antiguas se sitúan hacia el 240 d.C y las más modernas son del 269.
En este sentido, el Tesoro de Valsadornín es algo así como un mapa del poder de su tiempo, dado que hay monedas a nombre de 18 emperadores, emperatrices y sus herederos, lo que permite poner cara a la inestabilidad política del Imperio, con dirigentes efímeros y usurpadores que se suceden y superponen en Roma, en la Galia y en Oriente.
En este sentido, el arqueólogo barruelano, Jesús Francisco Torres, compara el Tesoro de Valsadornín con el de Tomares, localidad sevillana en la que apareció el mayor conjunto de monedas romanas descubierto en España y uno de los mayores del mundo. "Todo apunta a que podrían ser dos casos similares pero disintos, dado que la mayoría de acuñaciones encontradas en Andalucía nunca habían sido usadas, y las aparecidas en la Montaña Palentina sí, de tal forma que la primera ocultación podría tener que ver con un convoy del Imperio cargado de dinero para pagar algo, y la segunda, con una recaudación de impuestos", indica Torres. 
Según asegura el director del Imbeac, "nadie en aquella época, en una zona rural, tenía tal cantidad de monedas". Sin embargo, sí que es cierto que las piezas pertenecen a una etapa muy inestable y el hecho de que el tesoro apareciera junto a un camino, apunta a que algún funcionario tuvo que esconderlo ante una situación de peligro. Para Torres, el recipiente es otro de los elementos que dan peso a esta teoría. 
Cabe señalar por último que, tras haber sido expuestos en la denominada Vitrina Cero del Museo Arqueológico Nacional (MAN), continente y contenido regresarán al Museo de Palencia a lo largo de este año. 
miguel de la hera familiar

Una vasija repleta de historia
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