«En lo sociosanitario, Palencia es puntera a nivel mundial»

A. Benito
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Un día, Diego Isabel la Moneda se dio cuenta de que si quería hacer algo por el medio ambiente y por la sociedad, tenía que tratar de cambiar el modelo económico. Así fue como puso en marcha el Foro Internacional de Nueva Economía e Innovación Social

«En lo sociosanitario, Palencia es puntera a nivel mundial» - Foto: MARA VILLAMUZA

Asesor político, escritor y conferenciante especializado en nuevos modelos económicos, innovación política y social, participación democrática y gestión pública, Diego Isabel La Moneda es también el promotor del Foro Internacional de Nueva Economía e Innovación Social (NESI), una entidad sin ánimo de lucro que trabaja con expertos a nivel nacional e internacional y que ha puesto en marcha una campaña para elevar al Congreso de los Diputados el debate sobre la construcción de un nuevo paradigma económico. Para La Moneda, la crisis del coronavirus puede abrir una oportunidad para cambiar el sistema y avanzar hacia un modelo más centrado en las personas y el planeta. 


Para situar al lector, ¿podría hacer un resumen de su trayectoria?
Soy ingeniero de Montes, es decir, vengo del ecologismo. También he sido empresario y me he formado en temas políticos, pero un día me di cuenta de que si quería hacer algo por el medio ambiente y por la sociedad, tenía que intentar cambiar la economía. De alguna forma, esa es mi motivación personal: cambiar un modelo económico que creo que es muy mejorable, puesto que, entre otras cosas, es incapaz de acabar con ciertas desigualdades y nos ha traído problemas como el cambio climático. De hecho, ahora con la crisis del coronavirus se ha demostrado que se trata de un modelo muy frágil. 


«En lo sociosanitario, Palencia es puntera a nivel mundial»«En lo sociosanitario, Palencia es puntera a nivel mundial»Hace un tiempo me impliqué en la creación de una fundación para acceder a emprendedores en Latinoamérica y en África y ese órgano acabó por convertirse en el Foro NESI, una entidad sin ánimo de lucro radicada en Palencia, que trabaja con expertos a nivel nacional e internacional en lo que llamamos Nueva Economía. Esta filosofía engloba la economía circular, la economía colaborativa o la economía del bien común, es decir, diferentes aproximaciones para diseñar una economía más orientada a las personas y al planeta.  


En Málaga, la ciudad en la que vive, está vinculado al coworking La Noria Social Hub, ¿no es así?
Sí, es un proyecto de la Diputación de Málaga, uno de los muchos en los que participamos a través del Foro NESI. Yo, en particular, coordino algunos de los proyectos y actividades que se hacen allí. Es un centro de innovación social donde se invita a participar a muchas organizaciones de la provincia mediante el propio xoworking, dando conferencias o impartiendo cursos.


«En lo sociosanitario, Palencia es puntera a nivel mundial»«En lo sociosanitario, Palencia es puntera a nivel mundial»¿Se podría poner en marcha algo similar en Palencia?
Sí, claro. De hecho, estoy deseando hacer más cosas en Palencia porque creo que tenemos un gran potencial. Lo que nos falta es un lugar de encuentro para emprendedores, empresas, ONGs y ciudadanos. Es verdad que como castellanos y leoneses somos un poco solitarios y nos cuesta colaborar, pero a mi modo de ver sería muy positiva la existencia de un espacio de estas características. 


También deberíamos pensar en la Palencia del futuro. Tenemos sectores en los que somos más innovadores que nadie. Por ejemplo, a nivel sociosanitario, hay organizaciones como Hermanas Hospitalarias, Fundación San Cebrián o Fundación Personas que, en el trabajo con personas mayores, vulnerables o con discapacidad, son punteras a nivel internacional. Aquí se podrían hacer formaciones universitarias, congresos y un montón de actividades relacionadas con ese sector en el que nos diferenciamos, y más ahora, que son tan importantes los cuidados. 


Colaborar más e identificar nichos como este sería un paso interesante para Palencia. Por supuesto, también habría que mantener la diversidad del agroalimentario, del turismo y del patrimonio, pero se trata de buscar una identidad propia. 


Volviendo al Foro NESI, acaba de poner en marcha una campaña en Change.org para llevar elevar al Congreso el debate sobre la construcción de una nueva economía. Cuéntenos un poco más sobre esta propuesta
Con todo lo que ha pasado con el coronavirus, hemos creído necesario poner en marcha esta campaña. Nos enfrentamos a algo mucho peor que lo que vivimos en 2008, por eso hemos sumado esfuerzos con varias organizaciones para crear lo que hemos llamado el Plan A de Economía de la Vida, porque no hay planeta B, ni vida B. 


El proyecto tiene tres puntos clave: la recogida de firmas en Change.org y en la web del Foro  NESI; un ciclo de webinars que se extenderá hasta junio y donde vamos a tratar de identificar propuestas concretas para cambiar la economía desde sectores como la alimentación, la energía, la vivienda, las finanzas, la política o la sociedad; y la presentación del programa de política económica que logremos elaborar junto a las empresas, las ONG y la ciudadanía en el Congreso. 


La iniciativa ya ha conseguido recabar más de 3.000 apoyos en poco más de una semana y creemos que las propuestas, por encima de cualquier ideología, pueden  ser válidas para superar esta crisis y otras futuras.


¿Qué pasos cree que se han dado en los últimos años en el camino hacia esa nueva economía?
Hemos pasado de la visión simplista de hace 10 ó 15 años, cuando todo se reducía a si eras capitalista o comunista, a hablar de postcapitalismo a nivel internacional. 


Mucha gente es consciente de que tenemos que avanzar hacia algo que no sea nada de lo anterior. Es decir, hemos pasado de un momento en el que era difícil criticar el modelo existente a otro en el que nos hemos empezado a plantear seriamente las alternativas. Con el tema del cambio climático, todo el mundo tiene clarísimo que hay que cambiar muchas cosas y ahora con el coronavirus, más que nunca, nos hemos dado cuenta de que así no vamos a ningún lado. ¿Qué ocurre? Que hay que hacer cambios muy de fondo y aunque muchos pensadores con los que nosotros trabajamos tienen muchas propuestas concretas, al poder político y al poder económico quizá no les han llegado. 


A mí me gusta decir que necesitamos un nuevo renacimiento para decidir cómo queremos vivir, cómo queremos que sea nuestro contrato social y cuál debería ser la forma de intercambiar productos, servicios y trabajo.  


¿Qué papel juega el medio rural en la construcción de esa nuevo modelo de economía?
Uno muy importante. Nuestra apuesta es por la economía local, en su sentido más amplio, y ahí el medio rural y la España vaciada son clave. Quizá el coronavirus nos abre una oportunidad y la gente comienza a replantearse volver, ya no solo al medio rural, sino a ciudades pequeñas como Palencia, Toledo, Zamora o Ávila, donde se podría trabajar como autónoma, pero también en empresas de telecomunicaciones, de sanidad, de banca o de finanzas. Sin embargo, a día de hoy no se han hecho políticas país para afrontar el reto demográfico. Es decir, en el medio rural hablamos de algunos proyectos bonitos e innovadores, pero muy puntuales. En cualquier caso, si hubiera voluntad, solucionaríamos dos problemas de una vez: por un lado, la desaparición de los pueblos, y por otro, la superpoblación y la contaminación de las grandes ciudades. 


Otra apuesta clara es la autosuficiencia. Economía local es sinónimo de ser capaces de producir con lo nuestro. Por ejemplo, en Palencia hemos tenido un montón de cooperativas textiles en pueblos como Paredes o Fuentes de Nava, empresas que han generado un conocimiento que aún existe y que se podría recuperar porque ya no compensa tanto producir en esos países en los que antes era mucho más barato y ahora los trabajadores van adquiriendo derechos al tiempo que empiezan a surgir obligaciones medioambientales. 


En mi opinión, estamos en un proceso de transición en el que, si fuéramos capaces de aglutinar la voluntad  política, empresarial y de la ciudadanía, podríamos recuperar mucho empleo y mucha calidad de vida en el medio rural, y eso beneficiaría también a las ciudades. 


De alguna forma, se trata de echar el freno y de volver haca atrás, hacia los orígenes
Es verdad que cuando la gente escucha lo de volver atrás se piensa que vamos a perder calidad de vida, y eso no es así. Lo cierto es que cuando hablamos de economía circular no estamos inventando nada. Por ejemplo, cuando eramos pequeños y se nos rompía un pantalón, nuestras madres nos ponían un parche en la rodilla, no nos compraba uno nuevo. Y cuando sobraba pollo, se hacían croquetas. La economía circular es una economía del sentido común, que es la que ha habido siempre. 


El año pasado, hicimos un estudio con la OCU y el mantra que salió fue consumir menos y mejor. Es decir, la idea es comprar aquello que realmente necesitamos. Muchas veces no necesitamos dos coches, sino movernos. No necesitamos poseer muchas cosas, sino tiempo para hacer deporte, estar con los amigos y la familia o practicar actividades al aire libre. Tenemos los armarios y los trasteros llenos de productos que no necesitamos... Yo creo que se nos ha olvidado qué es la vida: la vida no es acumular cosas, es disfrutar de las personas con las que nos encuentramos por el camino y desarrollarnos como persona. 


Esto, que es muy existencial, es la base del modelo económico. Si el modelo económico te dice que tienes que tener muchas cosas, acabas comprando mucho. Si el modelo económico te dice, consigue aquello que necesites, pero oriéntate hacia alimentos saludables, una moda sostenible o una movilidad ecológica, al final la economía cambia. 


Lo que usted propone, por tanto, es vivir conforme a unos valores más éticos, que por otro lado, es lo que desea la mayoría de las personas.  Entonces, ¿por qué es tan complicado desarrollar ese modelo?
Como he dicho anteriormente, estamos en un proceso de transición. Ocurre en todo tipo de sectores, desde la vivienda hasta la energía, pasando por la alimentación o el turismo, que sus productos son, cada vez, más sostenibles y socialmente responsables. Los consumidores lo demandan y las empresas lo ofertan. Lo que pasa es que la regulación todavía no ayuda, y pongo un ejemplo: los alimentos ecológicos y saludables, son más caros que los que no lo son. Eso no es una ley de la naturaleza, es una ley de la economía regulada a través de la fiscalidad, y se puede cambiar. 


Por tanto, en la medida en que las políticas públicas van apoyando esa transición, podremos adquirir alimentos, vehículos, viviendas y otro tipo de productos alineados con los valores mencionados, pero mientras las políticas públicas todavía estén atrasadas en el modelo anterior, seguirá siendo más caro un vehículo eléctrico que otro que no, o una camiseta hecha con un producto ecológico que otra de poliéster. 


En alguna ocasión ha hablado usted de decrecimiento feliz. ¿Podría explicar en qué consiste este concepto?
Volvemos a lo de antes, hay gente que piensa que la palabra decrecimiento significa volver a las cavernas, y para nada. Ese concepto viene de la idea de que el PIB, el máximo indicador económico, el que hoy en día determina si vamos bien o mal en nuestras vidas, no dice más que la cantidad de productos y servicios que se han intercambiado en un año en un país. No dice si tenemos más o menos tiempo para estar con nuestras familias, de si hay mayores o menores facilidades para acceder a la vivienda o de si existe o no la igualdad de género en España. Yo creo que tenemos que ir hacia un modelo en el que no estemos obsesionados por tener más y sí centrados en ser felices. 


Por otro lado, el significado de crecer o de decrecer puede variar mucho. Me explico, en turismo, Madrid o Málaga tienen que decrecer, porque la gente que vive allí ya no puede comprarse una casa para vivir. En cambio, en Palencia tendríamos que crecer, porque hay cabida para mucho más turismo. Igual que el dinero, crecer o decrecer no debería de ser un fin, sino un medio que debería aplicarse de manera diferente en función del sector, el lugar y el momento. 


Hablando de aplicar, ¿cómo debería ser la gobernanza de la nueva economía que usted propone?
Es tan fácil como tener claros unos valores y aplicarlos a cada política pública. Por desgracia, y ahora lo estamos viendo más que nunca, los partidos políticos no miran el fondo de las propuestas, sino que si uno dice blanco el otro dice negro, y al revés. Estoy seguro de que podríamos ser líderes en agroalimentación saludable, en vivienda y moda sostenible, en energías limpias y renovables, en finanzas éticas, pero para eso necesitamos la parte política, que a día de hoy es la que nos siguen fallando. He vivido en Reino Unido y en Holanda y creo que lo tenemos mucho más fácil que otros países para desarrollar ese modelo. Por eso el objetivo del Plan A es presentar estas propuestas a nivel político, porque es la variable que falta para que todo se ponga en marcha.


También se necesita un mayor compromiso por parte de los ciudadanos
Totalmente. Primero tenemos que darnos cuenta de que el motor de la economía son nuestras decisiones de compra. Cuando una persona decide comprar en un pequeño comercio en Palencia o irse a una gran superficie, está influyendo en el modelo económico, igual que cuando decide comprar un producto más o menos saludable. Somos la clave en este proceso de transformación.


En segundo lugar, es verdad que acusamos a los políticos de lo que hacen mal, pero no nos involucramos y, quizá, nos dejamos engañar. ¿Cuánta gente vota pensado esto es lo mejor para mí, para mi ciudad, para las personas que conozco o para mi país? Yo creo que muy poca. Entonces sí, nos tenemos que implicar mucho más, pero de una forma propositiva, no simplemente diciendo lo que está mal o entrando en Twitter a despotricar. En política necesitamos menos combate y más debate. Entendiendo que somos diversos, hay que ser más dialogantes y más empáticos. 


¿Qué papel juegan los países desarrollados y cuál los que están en vías de desarrollo en este paradigma?
No es por desmontar la pregunta, pero creo que ese planteamiento cada vez tiene menos sentido. ¿Qué es un país desarrollado y qué es un país subdesarrollado? Mejor aún, ¿qué es desarrollo? Según las normas actuales, el que tiene más PIB es más desarrollado, entonces Arabia Saudí o Qatar, ¿son países desarrollados? Quizá las mujeres no piensan lo mismo. Esa es mi primera reflexión. 


La segunda es que a nivel geopolítico y geoconómico, todo está cambiando. Rusia, EEUU y Europa han dejado de ser los grandes centros de poder, ha emergido China, pero se nos olvida que hay países como India, como Tailandia o como algunos de Latinoamérica y África que están haciendo las cosas muy bien, y no tienen un PIB mayor que el nuestro. Como digo, todo está cambiando y mirar al mundo con las lentes del siglo XX es un error. 


Para finalizar, ¿cómo ve el mundo de aquí a diez años?
Es muy fácil imaginar todas las cosas horribles que podrían pasar de aquí a 2030 a nivel climático, pandémico y de colapso social, pero soy optimista y creo que existe otro escenario. Espero que podamos transformar nuestra forma de relacionarnos para poner en valor cosas que esta crisis nos ha hecho ver, como la solidaridad, la cercanía o el consumo local y con sentido. Además, confío mucho en las nuevas generaciones. A los que somos más mayores y hemos conocido tiempos mejores, nos cuesta adaptarnos a esto, pero en la gente joven está la esperanza.