La batalla del relato

Leticia Ortiz (SPC)
-

Los partidos políticos han olvidado que el coronavirus aún amenaza la salud de los ciudadanos y se lanzan a la carrera de reescribir lo sucedido durante estos meses para sacar el máximo rédito posible

La batalla del relato

Dicen que revolucionó el fútbol moderno. Que de sus enseñanzas nació aquello que en España se bautizó como tiquitaca y que llevó a la selección a los años más gloriosos de su Historia. Una de las máximas de aquel genio, que enamoró primero sobre el césped al frente de la Naranja Mecánica -recordada a pesar de no haber ganado ningún gran título- y luego en los banquillos de aquel Dream Team que permitió al Barcelona asentarse entre los grandes de Europa, era que si tu equipo tenía el balón, el rival no te podía atacar. Con una frase sencilla y lógica, Johan Cruyff consiguió que la posesión pasase de ser un arma únicamente ofensiva a la mejor herramienta defensiva. 
La política actual, polarizada hasta el extremo en los últimos años, tiene ya más de deporte que de intelectualidad, con sus propios equipos y los hinchas de cada cual, que se mueven más por la parte sentimental que por lo racional. El balón, también de unos lustros a la actualidad, ya no es la razón. Ni siquiera la verdad. Ahora lo que se intenta dominar en la vida pública es aquello que se ha dado en llamar el relato. Y la crisis sanitaria desatada por el coronavirus no se iba a quedar fuera de esa batalla.
Relacionado por los politólogos con el Watergate americano que acabó con la Presidencia de Richard Nixon, en España se comenzó a oír hablar de aquello del relato cuando ETA abandonó las armas de forma definitiva. El miedo a un posible blanqueamiento de la banda terrorista que dejó más de 800 muertos en sus 50 años de historia hizo que muchos políticos recurrieran a aquello de la batalla del relato. Se trataba, simplemente, de contarle a las generaciones siguientes el sufrimiento que la organización de pistoleros causó en España, evitando justificar o amparar los asesinatos, los secuestros o la kale borroka en la lucha independentista. Viendo que chavales de 18 años desconocen quién fue Miguel Ángel Blanco, como se mostró en el documental ETA, el final del silencio, de Jon Sistiaga, parece que el relato no quedó muy claro...
Las crisis institucional que vivió en España después de la moción de censura que acabó con Mariano Rajoy fuera de La Moncloa y que mantuvo al país con un Gobierno en funciones también desató una cruenta lucha verbal entre los partidos. Había que intentar convencer a los españoles de que la repetición electoral era culpa del adversario, no propia. El independentismo catalán, como muchos otros populismos mundiales, se grabó a fuego esta nueva forma de hacer política, poniendo el foco de atención en el extranjero, donde se trataba de vender la idea de que España era un estado fascista que oprimía a la región mediterránea. 

 

Se buscan culpables

Con el coronavirus aún campando por todo el territorio nacional, como advierten las autoridades sanitarias, los partidos políticos parecen haber olvidado ya el peligro de la pandemia y sus consecuencias en la salud para emprender la carrera del relato. La COVID-19 ya se ha convertido, casi de manera oficial, en el arma arrojadiza preferida entre las autoridades patrias. El objetivo es buscar culpables y, a la vez, presentarse a sí mismos como salvadores de un país que ha perdido por el camino, al menos, a 27.000 personas. Pero los muertos, como ya ocurrió en el pasado, también sirven para hacer política.
En la defensa a ultranza de su gestión de la crisis sanitaria, el PSOE ha dado estos días un paso más al desentenderse del mando único que, por ley, le correspondió tras la aprobación del estado de alarma y sus posteriores prórrogas. «Todas las comunidades mantuvieron sus competencias (durante los dos meses con la herramienta constitucional en vigor). Que no nos engañen», lanzaba la cuenta oficial en Twitter de los socialistas en un intento por cambiar el relato para cargar la responsabilidades sobre las autonomías. En esta maniobra de poner el foco sobre las regiones, Madrid -el territorio más combativo contra el Ejecutivo- ha sido la diana predilecta desde Ferraz, y también desde Unidas Podemos. Las formaciones regionalistas, nacionalistas e independentistas del Congreso, que ostentan además el poder en sus autonomías, no compran esta versión y recuerdan que, en su día, denunciaron el mando como un «155 sanitario» y solicitaron la devolución inmediata de todas las competencias. 
El PP, por su parte, no esconde que la «nefasta», a su juicio, gestión de la pandemia por parte del Gobierno será un argumento predilecto en la campaña electoral de Galicia y País Vasco. Así se desprende de un argumentario interno que fue filtrado a distintos medios. De hecho, el pasado martes en el Congreso, presentó una iniciativa parlamentaria para reclamar una auditoría oficial de los fallecidos en España por la COVID-19.

 

El ‘caso 8-M’

Y es que tanto la cifra total de muertos como la supuesta inacción de Moncloa en los primeros momentos de la pandemia, con el 8-M como ejemplo máximo, fueron los primeros protagonistas de esta batalla por el relato, con los miembros del Gobierno justificando todas sus decisiones en «criterios sanitarios», mientras los populares insisten en la falta de previsión del Ejecutivo como causa principal del número de decesos en España, que ha situado al país como una de las naciones con más muertos por habitante.
Precisamente, el 8-M, al que muchos miembros del Gabinete animaron a asistir, se sitúa como uno de los puntales de la narración de lo sucedido en el país estos meses para Vox. Los de Santiago Abascal apuntan directamente a la Moncloa de todo lo ocurrido hasta el punto de abandonar la Comisión para la Reconstrucción creada en el Congreso al entender que únicamente busca «blanquear» al Gabinete.
Ajeno a las polémicas, Ciudadanos también intenta sacar rédito a la crisis sanitaria, presentándose como el único partido que ha puesto los interés del país por delante de los suyos propios.
La batalla para imponer el relato propio de los meses más insólitos y duros de la nación en la Historia reciente ha comenzado. Ahora solo falta saber si los españoles elegirán alguna o si preferirán crear su propia versión de lo vivido.