El Chato Garrido

Alberto Moreno
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El Chato Garrido

Falleció a los sesenta años Toño Garrido, integrante del legendario Osorno de los años ochenta y un hombre muy querido en el fútbol provincial

Dicen que sólo se mueren los buenos. No es cierto, tarde o temprano, lo hacemos todos. Sí lo es, o parece, que los buenos se nos van antes. Y es el caso de Toño Garrido, que nos dejó a los sesenta años.
El Chato, como cariñosamente se le conocía, como futbolista, fue un notable jugador formado en la cantera del desaparecido Palencia, al que no le dieron una oportunidad que mereció debido a su baja estatura. Cierre o centrocampista, de personalidad y calidad, destacó especialmente en aquel maravilloso Osorno de los primeros años de los ochenta con los Montoya, Pastor, Javi, Celes, Marcelino, Hinojal , Ramón, y su gran amigo de toda la vida, Matallana; dirigido primero por Guti (que lo compaginaba con el Cajapalencia de baloncesto), luego por Juan Pastor) y presidido por José María García.
Dejó el fútbol en activo por las lesiones y por el trabajo en el Cuerpo de Bomberos, pero siguió ligado a su pasión como técnico, en la delegación palentina y en la Territorial colaborando con el seleccionador regional. Su hijo Víctor tomó el relevo.
Como persona, era un diez. Un hombre con un talante siempre positivo, con una sonrisa permanente, con  un gran sentido del humor. Superó una dura enfermedad con entereza, dando un ejemplo de superación, pero el corazón (ese que tenía tan grande que no le cabía en el pecho) se le paró. La Iglesia del Salvador se quedó pequeña para despedir a un hombre que sólo dejó amigos.