Buteflika cede a las presiones y presenta su dimisión

Agencias
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El mandatario anuncia su renuncia tras perder la confianza de los altos cargos del Estado y más de un mes y medio después del inicio de las protestas para exigir que abandone el poder

Buteflika cede a las presiones y presenta su dimisión - Foto: Louafi Larbi

Las calles de Argelia se habían convertido en un auténtico clamor en contra del presidente del país, Abdelaziz Buteflika, desde finales de febrero. Y los altos cargos del Estado se sumaron a los ciudadanos en las últimas semanas, instando al mandatario, no solo a no presentarse a la reelección -como había manifestado, desatando las protestas-, sino a abandonar su puesto de manera inmediata. Y, ante tal presión, Buteflika claudicó ayer y notificó a última hora de la tarde al jefe del Consejo Constitucional su dimisión.
La renuncia, que al cierre de esta edición no se había hecho efectiva, ya que es necesario que el Consejo se pronuncie al respecto -aunque todo hace apuntar a que la validará en breve-, se produjo apenas un día después de que la Presidencia del país árabe notificara que la renuncia llegaría «antes del 28 de abril», cuando estaba previsto que se celebrasen las presidenciales -suspendidas en marzo y sin fecha todavía-.
El anuncio, además, llegó una hora después de que el jefe del Ejército, Gaid Salá, reclamara la aplicación «inmediata» del artículo de la Carta Magna que permite la inhabilitación del mandatario por motivos de salud. Salá, quien es además viceministro de Defensa, sostuvo que «no hay tiempo que perder» a la hora de aplicar los artículos de la Constitución que permiten la inhabilitación de Buteflika para «garantizar la gestión de los asuntos del Estado en el marco de la legitimidad constitucional». 
El presidente, que llegó al poder en 1999, sufrió un infarto cerebral en 2013 y quedó inhabilitado; pese a ello, se impuso en las elecciones de 2014. Desde entonces, se ha estado dirigiendo al público en una serie de cartas para anunciar sus decisiones. 
La más controvertida llegó el pasado 22 de febrero, cuando, con el país sumido en una aguda crisis económica y social, y el Ejército en un pulso de poder tras meses de purgas, su decisión de optar a la quinta reelección sacó a decenas de miles de jóvenes a protestar. El octogenario mandatario, gravemente enfermo, retiró su postulación, pero no fue suficiente. El hastío de la población acabó por obligar al dirigente a poner fin a dos décadas en el poder.