Una práctica en la que no todo vale

E.M.
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Una práctica en la que no todo vale - Foto: Sara Muniosguren

Paredes, cristales o persianas, todo sirve de lienzo para quienes deciden dejar su firma y marcar así el territorio. Desde hace unas semanas, la ciudad ha vistocomo cambia su paisaje y lo que pudiera ser arte se convierte en vandalismo

A finales de los sesenta, adolescentes de Nueva York empezaron a escribir sus nombres en las paredes de sus barrios. En realidad utilizaban seudónimos, lo que les servía para crearse una identidad propia en la calle. Taki 183, un joven de Washington cuyo nombre era Demetrio y 183 el número de la calle en la que vivía, fue uno de los primeros en poner su apodo en calles, estaciones del metro y en vagones.
Luego llegaron Julio 204, Frank 207, Bárbara 62 o Joe 136, entre otros, que con el paso del tiempo y con formas cada vez más grandes y elaboradas, han llegado a tal punto que, hoy en día, es muy difícil para alguien ajeno a este mundo descifrar el nombre que hay detrás de algunas firmas o tags.
Tag significa etiqueta en inglés, esto es, el nombre identificador con el que se dan a conocer entre sí los grafiteros y que puede utilizarse para firmar un grafiti o solo por sí mismo.
En Palencia suelen encontrarse diferentes espacios en los que ver reflejados este tipo de arte pero, desde hace unas semanas, varias de estas firmas forman parte del paisaje de diversas zonas de la capital. Paredes, muros, escaparates o persianas, cualquiera de estos lienzos parecen servir para que Kore, Kaine, Shine, Kodak o Tripa, entre otros, dejen su huella.
Como muchas cosas en la vida, la cuestión es que los tags y los grafitis a veces seducen, mientras que otras molestan o irritan. Esto último es lo que le está pasando a muchos palentinos, pues están viendo como sus propiedades son invadidas por este tipo de marcas sin ellos haberlo elegido.
Diario Palentino se ha puesto en contacto con varios expertos en arte urbano y todos han coincidido en destacar que, al margen de la defensa de lo que en sí es un grafiti y de los gustos particulares de cada uno, a la hora de plasmarlo se puede hacer con mayor o menor acierto.  «Hay muchos sitios en los que han pintado que me parece fatal, pues hay que respetar determinados espacios, como pudiera ser una gran fachada o un inmueble histórico», apunta Alberto Barcenilla.
Explica que una firma de estas características es la categoría más básica dentro de un grafiti. «Se pretende dejar una señal, insistir en este soy yo y esta es mi firma. Pero no todo el mundo tiene el mismo código ético y hay quienes no saben distinguir dónde y cómo dejar su huella. Yo nunca firmaría donde se que puedo molestar a alguien», añade.
No es el caso de quienes estos días están llenado con sus nombres desde locales comerciales de la calle Mayor, hasta edificios y propiedades privadas de distintos barrios de la capital, en especial de San Pablo, San Juanillo o el Campo de la Juventud, aunque pocas zonas son las que se libran del spray y la pintura. «Se nota que son personas que están empezando ahora, pues los trazos muestran que no son formas conseguidas ni trabajadas, sino que se trata de simples juegos de letras. Parece que lo único que intentan es llamar la atención, hacerse y dejarse ver», apunta a este rotativo otro joven que desde años se dedica a este tipo de arte.
Barcenilla revela que, por las características de estas nuevas firmas se trata de gente joven, «mucha de la cual no evoluciona y al final lo deja, porque cuando no hay calidad y no se crece se pierde la esencia de este arte». De hecho, quienes conocen este arte aseguran que es muy fácil diferenciar un tag de una persona que lleva tiempo o que practica mucho, del de otra que no sabe, pues no sólo se trata de complejidad, sino de estilo.
Efectivamente, quienes están recorriendo parte de la ciudad con sus firmas son menores pues, según fuentes policiales,  se ha procedido a la identificación de varios de ellos, que fueron sorprendidos in fraganti.
Concretamente, a estas personas se las localizó por la noche, que es cuando se suelen hacer este tipo de grafitis, más en una ciudad pequeña como Palencia. «Se hacen de forma rápida y es complicado que a uno le pillen in situ, pues se va directo al lugar elegido, a una hora concreta y cuando no hay gente», apuntan quienes conocen bien este tipo de arte.
Es más, la mayoría coincide en destacar que dejar este tipo de marcas sin sentido, en lugares que no se debe o para llamar la atención, no es ético. «Es mi ciudad y me gusta que esté bien. Si viene un grafitero de otro sitio y se encuentra con un grafiti bien hecho es un orgullo, pero este tipo de firmas sin sentido y de forma indiscriminada lo único que consiguen es desacreditar a quien realmente quiere expresar algo», comentan.
 «La firma per se no es el problema realmente, sino lo que se hace con ella, dónde se hace y cómo», insiste Barcenilla. De ahí que, «la juventud unida a una ausencia de código ético, da como resultado una confrontación con el espectador ajeno al movimiento por su forma y contenido».
Su conclusión pasa porque, si en una ciudad pequeña no se incentivan desde las administraciones acciones para canalizar, en la medida de lo posible, las formas de expresión urbanas, «seguiremos abocados a presenciar cada cierto tiempo cómo los adolescentes reproducen lo que otros anteriormente hicieron sin nadie que les dé una visión sobre cómo actuar, que no pase únicamente por la vía punitiva».