"La producción de renovables es una oportunidad en pueblos"

A.P.L.
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El representante de Iberdrola, empresa que impulsa una alianza para reflexionar sobre los cambios necesarios este nuevo escenario mundial, subraya que en 2020 las energías renovables para producir electricidad ya son más baratas que los combustibles

Agustín Delgado. - Foto: Eugenio Gutiérrez Martínez

El responsable del Área de Innovación y Sostenibilidad de Iberdrola, Agustín Delgado, participó en Soria en los Diálogos para el Día Después, organizados por la alianza creada en 2019 por la citada empresa energética, el Centro de Innovación y Tecnología para el Desarrollo Humano de la Universidad Politécnica de Madrid, la Red Española de Desarrollo Sostenible y el Instituto de Salud Global de Barcelona. Desde Iberdrola, empresa líder en renovables, se considera oportuno reflexionar en este momento sobre los pasos a seguir para cumplir los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030.

¿Cómo definiría la alianza denominada El Día Después que impulsó e integra Iberdrola y que ha organizado estos Diálogos en Soria?

El Día Después no deja de ser un foro de reflexión que durante la pandemia quiso aprovechar el parón al que obligaba la crisis para empezar a pensar de una forma distinta sobre los retos y las oportunidades que tenemos como sociedad y sobre la manera de abordarlos. 

¿Por qué Iberdrola vio necesario el impulso de esta unión en 2019? Como responsable del área de Innovación y Sostenibilidad, ¿qué valoración hace de este paso al frente en un momento crucial?

En Iberdrola, como compañía energética, llevábamos ya un tiempo pensando que el sistema energético como está concebido tenía que cambiar. Es un sistema basado en combustibles fósiles que no es sostenible por tres motivos principales. En primer lugar, como todo el mundo pensará, no es sostenible por el motivo medioambiental, tanto por la contaminación, lo que se ve muy fácilmente en el aire en las ciudades, como por el cambio climático, que es una realidad y una crisis a cámara lenta cuyos efectos pueden ser muy devastadores. En segundo lugar tenemos la seguridad del suministro, porque los recursos energéticos están muy concentrados geográficamente y eso hace que durante muchos años haya habido crisis energéticas provocadas precisamente por esta concentración. Y, por último, tenemos que hablar de la competitividad, no tanto por que los combustibles fósiles sean más caros o más baratos, sino porque a raíz de estas crisis hemos vivido subidas y bajadas de precio del petróleo o de otras materias primas que han afectado a la economía, porque el sistema energético está en la base de las actividades económicas de la sociedad. Había que buscar un sistema energético que fuera distinto.

¿Qué papel juega la tecnología en la búsqueda de este otro sistema energético? ¿Qué cambios implica?

El problema que hemos tenido durante mucho tiempo es que no había tecnologías disponibles para poder suplir los usos energéticos. La electricidad está presente en nuestras vidas pero en España solamente un 23 por ciento de los usos energéticos son eléctricos, mientras que el resto corresponde a combustibles fósiles. 

Por ello, empezamos hace tiempo un viaje en el que la tecnología daba lugar a la posibilidad de generar negocio en el ámbito de las renovables y ese negocio hacía que se destinara más inversión de recursos a la tecnología, que hacía a su vez que bajaran de nuevo los precios. Eso hasta que hemos llegado a un momento, el año 2020, en el que las energías renovables para producir electricidad -sol, agua y viento- ya son más baratas que los combustibles fósiles.

¿Qué potencial tienen las renovables en este nuevo escenario y en un momento crucial? 

Tenemos tecnologías que medioambientalmente ya son más respetuosas que los combustibles fósiles y son más baratas. Por ello, son más competitivas y, además, están distribuidas geográficamente en el mundo de una forma más equilibrada. Por lo tanto, parece que son fantásticos candidatos para este nuevo sistema energético sostenible. Así se ha reflejado en el Plan Nacional de Energía y Clima aprobado en España, que se ha marcado como objetivo que más del 70 por ciento de la energía eléctrica producida venga de energías renovables en menos de diez años.Esto no es una transición, es una revolución, comparado con lo que tenemos ahora en la actualidad.

¿Cómo se producirán estos cambios y cómo llegarán al ciudadano de a pie? ¿Estamos preparados?

Las empresas y la sociedad estamos preparados para este cambio y ya lo estamos haciendo. Una vez que tenemos esta electricidad descarbonizada y esta electricidad barata y respetuosa con el medio ambiente, el gran reto al que nos enfrentamos en esta década es empezar a poner en marcha las tecnologías para lograr aumentar ese 23 por ciento eléctrico en nuestros usos energéticos a un porcentaje muchísimo mayor. 

¿Qué sectores estarán a la cabeza de esta transformación, usando la electricidad para producir energía?

Nos preguntamos, ¿dónde no se está usando la electricidad? Pues no se utiliza en la movilidad. Y, ¿cuáles son las tecnologías que podrían ayudarnos a usar esa electricidad en la movilidad? Pues el coche eléctrico, los autobuses eléctricos y los camiones eléctricos. Y aquí también hay buenas noticias, porque igual que ha habido inversión en las tecnologías renovables que han permitido la bajada de costes, también se está invirtiendo mucho en el mundo de las baterías, que suponen el 40 por ciento del coste del coche eléctrico. 

La perspectiva es que para 2025 tener un coche eléctrico sea más barato que tener un coche de combustión interna.Es decir, el coche eléctrico más la electricidad que va a consumir va a ser más barato que tener un coche de combustión interna más la gasolina. Pero es que en 2027-2028, comprar un coche eléctrico va a costar menos que comprar un coche de combustión interna. A partir de ahí, el despliegue del vehículo eléctrico va a ser exponencial, va a ser lo normal, mientras que lo extraordinario será tener un coche de combustión interna. Lo mismo va a pasar para los camiones. Por lo tanto, el sector del transporte, que supone un tercio de los consumos energéticos, va a aprovechar esas tecnologías energéticas renovables en su uso y van a desplazar a los combustibles fósiles.

¿Y a otros sectores que hacen uso de la energía renovable, por ejemplo, el residencial?

También se va a beneficiar el sector residencial. ¿Cuántas casas tienen calderas de gas o de gasoil para calentarnos? Yo siempre digo, como broma, que quemar en el siglo XXI ya es un poco de ‘troglodita’, ya no hace falta quemar algo para calentarse. En nuestras cocinas ya nadie quema leña o carbón como antiguamente. Lo mismo pasa para calentarnos. Por ello, pensamos que las nuevas tecnologías, como las bombas de calor o aerotermia, van a ser tan competitivas que van a desplazar poco a poco a todos los combustibles fósiles. De hecho, ya hay zonas del mundo donde están empezando a prohibir que en las nuevas casas haya conexiones de gas, porque no tiene sentido que si vamos a luchar contra el cambio climático se haga una casa nueva con una conexión de gas que se va a utilizar durante muchos años. Tiene que ir directamente equipada con sistemas de bomba de calor, que son mucho más eficientes.Solo un ejemplo es que en Noruega, que no es un país cálido, el 80 por ciento de la calefacción se provee con tecnologías eléctricas. Por lo tanto, el cambio es posible, no hay ningún problema. 

¿Y cómo cree usted que se incorporará el sector industrial a los usos de esta tecnología de renovables?

En el sector industrial también vamos a ver cambio, tanto en las industrias que sean de baja temperatura, como la agroalimentaria, que puede abandonar las calderas de combustibles fósiles para sus procesos, como la industria de otra temperatura que utilizará directamente electricidad o el hidrógeno, que se producirá con electricidad. Por lo tanto, nosotros esperamos que en los próximos 15 ó 20 años el 80 por ciento de los usos energéticos pueden ser electrificados, fíjate el camino que nos queda con ese 23 por ciento. 

Es destacable porque en países como España, donde tenemos una dependencia energética tan importante y una capacidad de renovables tan envidiable en muchos sitios, tenemos una oportunidad de producir energía propia y barata y usarla en procesos industriales, residenciales y de movilidad que hagan que las empresas sean más competitivas.Es una oportunidad que tenemos que aprovechar.

Las zonas rurales de Castilla y León, ¿van a tener que aprovechar la ocasión?

Sí, es una oportunidad que va a venir muy bien a las zonas rurales porque van a tener una herramienta, no la única, pero una herramienta para competir o balancear ese diálogo entre grandes urbes y áreas rurales. Las energías renovables, por su naturaleza, están muy distribuidas y se producen en el territorio, no en las grandes ciudades, que no tienen capacidad para ello. Sí que la tienen territorios como puede ser Soria.

Además, la industria va a hacer bien las cosas porque van a ser infraestructuras que se van a integrar en el territorio, que van a tener un impacto neto positivo en la biodiversidad a la hora de construir este tipo de instalaciones, como fijamos desde Iberdrola. Vamos a poder aprovecharnos de este recurso que teníamos ahí pero ahora disponemos de la tecnología adecuada para hacerlo.

¿Puede ser también una herramienta para atraer población y crear empleo?

Creo que sí, porque hay estudios que comparan poblaciones que han tenido o no renovables desde 2010 y de forma global se demuestra que donde hay renovables la población decrece menos, porque está decreciendo en todos los sitios, la renta aumenta más y el desempleo es menor. Por lo tanto, creo que es una herramienta más de competitividad que las zonas urbanas no tienen y puede beneficiar a su desarrollo.

¿Cómo será España y Castilla y León en el año 2030 respecto al cumplimento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que se han fijado? ¿Es usted optimista?

Creo que estamos en el camino adecuado a la hora de cumplir los objetivos, pero no a la velocidad adecuada, por eso desde la plataforma El Día Después antes de la pandemia organizamos un congreso denominado Acelera. Una vez que tenemos claro hacia donde nos dirigimos y que herramientas tenemos para hacerlo, hay que vencer la resistencia, no quiero decir del pasado, pero sí las de los sectores que se ven sometidos a cambios pueden llegar a tener. Por eso decía lo de incluir a la mayor parte de sectores de la sociedad en este momento de transformación que es ilusionante, porque creo que vamos hacia un mundo mejor en muchos aspectos. En 2030, como sociedad, seremos mucho más avanzados y tendremos más tecnología. Pero tendremos que hacer frente no solo a retos tecnológicos, sino también sociales para ver hacia dónde apostamos.

La tecnología es una herramienta poderosa pero ella sola no va a responder a los problemas. La sociedad tiene que expresar a través de su voluntad para mejorar las cosas hacia dónde quiere que vaya la tecnología y la política bien entendida, como expresión del deseo de la sociedad, tiene que poner los medios para que esos cambios se produzcan de la mejor manera posible.

Usted ha participado en un diálogo sobre ‘¿Una (urgente) necesidad de reformas?’. ¿Sobre qué se ha reflexionado?

Ha sido una reflexión sobre los grandes retos que tenemos como sociedad y la digitalización como oportunidad. Los cambios en los modelos de trabajo, los cambios demográficos y, por supuesto, los cambios tecnológicos, hemos hablado de los de la energía pero va a haber en otros muchos sitios. 

Esta etapa de cambio, que supone oportunidades y desarrollo, también tiene que tener en cuenta a las personas que les va a costar adaptarse a esta situación o a aquellas que trabajaban en sectores tradicionales que están sujetos a cambios, de tal forma que sea transformaciones inclusivas. Esto es importante, porque son cambios necesarios pero hay que facilitar que se produzcan en una sociedad que los apoya porque ve que en general son buenos para ellos, para aquellas personas que tengan dificultades en adaptarse que también se las cuida. Creo que esa es la reflexión que tenemos que hacer.