«Hay confirmados doce casos de tularemia»

E.M.
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En el brote de tularemia que se produjo en 2014 diagnosticó varios casos y ahora ha sido la profesional que atendió al primero de los afectados en la provincia la semana pasada en el Hospital Recoletas Palencia. Ante todo llama a la prevención

«Hay confirmados doce casos de tularemia»

 

Hace poco más de una semana que la tularemia ha vuelto a hacer acto de prensencia en la provincia y usted fue responsable del primer diagnóstico
El 3 de julio se declararon dos casos en Castilla y León, uno de ellos en Palencia. Se trataba de un varón que, por ambiente epidemiológico positivo, tras haberse declarado tres brotes importantes en Palencia -en 1997, 2007 y 2014- y porque cumplía unos criterios epidemiológicos y clínicos compatibles parecía sospechoso. Se hizo screening, esto es, un diagnóstico diferencial de varias cosas. El varón tenía fiebre y era agricultor de una zona en la que había habido varios brotes de tularemia. Como todas las enfermedades infecciosas, es potencialmente letal, pero depende mucho de los factores personales. Afortunadamente, para la mayoría de las enfermedades infecciosas tenemos tratamiento. A partir del brote de 1997 y a raíz de un estudio que se realizó en el hospital Río Hortega, se amplió el espectro antibiótico y se pueden utilizar actualmente antibióticos con menos efectos secundarios que los empleados hasta entonces.
Los datos oficiales revelan que en la provincia hay cuatro casos declarados y varios en estudio. ¿Cree que aumentarán?
A día de hoy (por ayer), hay confirmados trece casos en Castilla y León: uno en Zamora y doce en Palencia. Se ha llevado a cabo desde la Red de Vigilancia Epidemiológica una búsqueda activa de casos, esto es, ver rápidamente los posibles casos de tularemia para ponerles un tratamiento de forma inmediata.
Como estamos en alerta epidemiológica se está llevando a cabo una vigilancia más intensiva de los pacientes y ante los casos sospechosos. El diagnóstico clínico suele ser fiebre y un síndrome pseudogripal, aunque hay otras formas bastante típicas por esta zona que son las glandulares: fiebre y adenopatías o adenopatías ulceradas. Depende de la forma de contagio y puede derivar desde una simple fiebre, una neumonía, una meningitis o una infección intestinal.
Por supuesto que no hay que crear alerta, pues tiene tratamiento y prácticamente el 99,9% va bien. Es un tratamiento antibiótico muy sencillo, que se tolera muy bien, por lo que el cumplimiento es muy alto y la tasa de curación es prácticamente completa. No se puede hablar de que sea una enfermedad grave. Potencialmente se puede complicar, pero con una buena sospecha clínica y el tratamiento no tiene mayor importancia.
De ahí que lo importante sean tomar medidas para evitar el contagio. ¿Qué es lo principal a tener en cuenta en este sentido?
Prevención. Por una parte con medidas generales higiénicas y otras más específicas. Todo el mundo potencialmente no es igual de contagiable. Hay personas que son profesionales y están más en contacto con el propio animal infectado y tienen que tener medidas de prevención que limitan ese contagio, como el uso de repelentes, ropa no holgada, guantes, mascarillas de protección, gafas... Se trata de una enfermedad estacional y es una zoonosis propia de pequeños roedores, topillos, liebres, conejos o cangrejos. El vector de transmisión también es importante, para evitar picaduras por mosquitos o garrapatas, que también lo pueden transmitir.
A ello se suma el consumo de agua contaminada y la inhalación de polvo, algo habitual en el campo cuando se siega o se ara la tierra. De ahí la importancia de la protección respiratoria. También hay que tener especial cuidado con los animales muertos, especialmente los descritos anteriormente, así como con aquellos que tengan un comportamiento extraño. Por supuesto, no hay que tocarlos y tener mucho cuidado con los niños, pues en otros brotes se han contagiado por contacto.
En esta época hay más población en el mundo rural, con mayor uso de piscinas o de agua de pozos, entre otras cuestiones. ¿Qué deben tener claro?
Desde la Red de Vigilancia Epidemiológica se están llevando desde febrero medidas para evitar las plagas de topillos, así como la desinfección de agua. Evidentemente, todo lo que no sea agua potable no se puede beber, pero eso es algo de sentido común. Si no es un agua desinfectada puede estar contaminada por muchas cosas. Las medidas higiénicas son esenciales.
Hay medidas de tratamiento muy eficaces y hay que estar atentos al diagnóstico y a declarar los posibles casos. También es importante la figura del agricultor colaborador, una persona que conoce el entorno y que puede poner en alerta en cuestiones como las epidemias de topillos o aumento de cantidad de cangrejos, que en anteriores ocasiones han sido uno de los principales focos.
¿Los profesionales médicos de la provincia están en alerta ante la aparición de esta enfermedad?
Estamos en alerta porque en 2007 se dieron casi 300 casos y porque se trata de una enfermedad endémica, propia de la zona. La conocemos, estamos alerta y la tratamos rápido. Pero eso no hace menos importante que tengamos que seguir unas medidas de prevención; no todo es tratar, hay que evitarlo.
La mayoría de los infectados son profesionales del campo y de ahí la importancia de que sean precavidos en sus trabajos con cuestiones que entran dentro de los planes de prevención.