Amenazar por Whatsapp, la ciberviolencia de género más común

Carlos H. Sanz
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Los expertos de la Policía Nacional y Guardia Civil recalcan la importancia de denunciar y conservar las pruebas, así como de concienciar sobre este tipo de delitos a los jóvenes

Amenazar por Whatsapp, la ciberviolencia de género más común - Foto: Sara Muniosguren

La ciberviolencia de género se define como todo acto de violencia que se ejerce a través de las Tecnologías de la Información y Comunicación -es decir, internet- contra la mujer, ejercida por parte del hombre, con ocasión de la relación de pareja, por quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aún sin convivencia, y que tienen como resultado un posible daño físico, sexual o psicológicos, ya sea que ocurra en la vida pública o privada.
Dentro de todos los delitos que entran en esta definición y de los diferentes medios que se pueden utilizar para llevarlos a cabo, son los de amenazas, coacciones e intimidación a través del Whatsapp los que más se denuncian, según desveló ayer el inspector del Cuerpo Nacional de Policía, Manuel Boñar durante la jornada organizada ayer por la concejalía de Mujer del Ayuntamiento y Grupo CFI.
Boñar detalló que las denuncias de este tipo de ciberdelitos se dan mayoritariamente cuando ya se ha producido una separación y existen medidas cautelares que impiden al hombre comunicarse con la mujer. «Cuando existe convivencia, aunque haya un control tecnológico, no se suele denunciar, ya que las víctimas dan más importancia a otros aspectos», explicó el inspector.
«Es cuando hay una separación, cuando el autor usa los medios técnicos a su alcance para maltratar a la víctima», señaló Boñar, que confirmó que es el Whatsapp la herramienta más utilizada y las amenazas, coacciones e intimidaciones los delitos más denunciados. «Lo primero que hay que hacer es denunciar y no destruir pruebas. Si son mensajes que se pueden borrar, hay que guardar un pantallazo del mensaje, y ya comprobará la Policía quién lo ha enviado», recomendó el agente. 
Boñar comentó también que uno de los consejos que se da a las víctimas de violencia de género es  cambiar sus contraseñas. «No hay que decirlas nunca, ni siquiera a la pareja. Nadie está obligado a ceder su PIN, su patrón de desbloqueo o su contraseña de Instagram. No es un signo de amor», sentenció Manuel Boñar, que recomendó cambiar todas las claves tras una ruptura sentimental.
También aconsejó ser precavido a la hora de grabar vídeos o hacer fotos sexuales, «una práctica muy extendida en edades tempranas y de chica a chico», porque es imposible controlar esos archivos. No obstante, dejó claro que usarlos o compartirlos para perjudicar a la mujer es ciberviolencia de género, así como practicar la sextorsión -chantaje- para conseguir recuperar la relación de pareja. 
Boñar también recalcó que la ley de enjuiciamiento criminal ha elevado los móviles y ordenadores a la categoría de domicilio, y, por lo tanto, «son inviolables y tiene que ser un juez quien dé permiso para investigarlos», o que otros casos como el acoso tanto en el ámbito de la pareja como fuera, o la contratación de servicios o anuncios implicando a la expareja, también son ciberdelitos graves. 
Identificar conductas. La guardia civil del equipo Mujer-Menor de la Unidad Orgánica de Policía Judicial, Clara Holgado, destacó en su intervención la importancia de saber detectar conductas que demuestran que se está sufriendo violencia de género. «Son actitudes violentas, como celos, acoso o control, enmascaradas bajo el manto digital, al creer que están amparados por el anonimato, la accesibilidad, la inmediatez, la viralidad y la sobreexposición de la red», comentó.
«Por ejemplo, si la pareja controla el teléfono móvil o si exige fotografías para saber con quién estamos. También lo es utilizar la geolocalización, pedir las contraseñas en las redes sociales o imágenes íntimas o de carácter sexual», enumeró Holgado.
«Las formas de ejercer la violencia de género han pasado del plano físico al tecnológico, donde los dispositivos electrónicos favorecen el ejercicio del control y el seguimiento de las relaciones», añadió.
Ante estas situaciones, para la guardia civil del Emume, lo primero que hay que hacer es denunciar la situación. «Son comportamientos cada vez más habituales, sobre todo en la juventud, que los han normalizado y no tienen la percepción de que estén sufriendo ningún tipo de violencia. Se amparan en el amor romántico, en la creencia de que si siente celos es porque les quieren», comentó. El peligro está ahí, porque Clara Holgado advirtió de que esas «conductas de control que se dan en el plano virtual, luego pueden ir a más».
Finalmente, Julio César Miguel, de Grupo CFI, ofreció algunas de las claves para protegerse de aplicaciones que pueden utilizarse para espiar o, directamente, dañar a las víctimas. Desde proteger los dispositivos con cifrados y contraseñas seguras a mantener actualizados los equipos informáticos y guardar copias de seguridad de la información.
«Los atacantes pueden utilizar las tecnologías existentes para insertar aplicaciones maliciosas con funciones ocultas para obtener información de los usuarios», explicó Julio César Miguel, que recomendó «sentido común» a la hora de navegar por internet para evitar peligros.



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