Casi dos años en verde

O. Herrero
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Las carreteras CL-613 y CL-615 registran su primer fallecido desde que en octubre de 2017 comenzaran a funcionar los radares de tramo

Casi dos años en verde - Foto: Á“scar Navarro

Las dos carreteras convencionales de la provincia con mayor volumen de tráfico, con picos de intensidad media diaria de cerca de 6.000 vehículos, han logrado rozar los dos años sin registrar accidentes de tráfico mortales. La CL-613 (Palencia-Sahagún) y la CL-615 (Palencia-Guardo), ambas de titularidad de la Junta e incluidas en el acuerdo de colaboración del Gobierno Regional con la Dirección General de Tráfico para aplicar un programa de mejora de la seguridad vial, se anotaron su último hecho luctuoso en agosto de 2017, en Paredes de Nava, cuando falleció el acompañante de un turismo que se salió de la vía. 
Desde aquel verano hasta el pasado viernes, en el que un hombre perdió la vida a la altura de Villoldo en la CL-615, han pasado casi dos años en los que las dos carreteras con mayor número de accidentes y de muertes en los últimos años han estado sin saldo negativo de vidas.
Lo deseable es que las muertes se redujesen a cero en las carreteras, pero hoy por hoy es más un objetivo aún utópico, por lo que cualquier reducción en la mortalidad y accidentalidad de las carreteras es todo un avance.
El que ha supuesto a todas luces la implantación de las medidas que desde 2017 se han tomado entre ambas administraciones en estas dos carreteras. La más destacable, la puesta en funcionamiento de los radares de tramo que vigilan que no se supere la velocidad máxima de estas vías como se hacía casi de forma impune hasta hace dos años.
Menor velocidad, menos accidentes.  «A más velocidad, más accidentes y sobre todo más gravedad en las lesiones, que en caso de atropello a 60 km/h no se salva nadie, que a 80 km/h necesitarás 55 metros para detenerte por mucho ABS que tengas y que las famosas estrellas Euroncap de seguridad se hacen con colisiones frontales a 64 km/h y a partir de esta velocidad mejor que tengas suerte», explicaba en un artículo de opinión el actual director de la DGT, Pere Navarro, titulado Es la velocidad estúpido, publicado en el Diari de Girona al tiempo que en Palencia se secaban las líneas verdes, en diciembre de 2017.
 De hecho, una de las primeras medidas que tomó el equipo de Navarro tras su reincorporación a la DGT fue la de establecer la velocidad de todas las carreteras convencionales en 90 km/h, algo que ya propuso en 2011, argumentando que la mayor parte de las víctimas mortales se dan en carreteras convencionales y un tercio de los fallecidos, tienen algo que ver con el exceso de velocidad.
Así es fácil de explicar que primero el control más exhaustivo de la velocidad en ambas carreteras palentinas y posteriormente la reducción a 90 km/h han logrado secar la fuente de los accidentes mortales de las carreteras de la provincia. No en vano, 20 de las 87 víctimas mortales del asfalto palentino desde el año 2011 hasta el comienzo de este año, se dieron en estas dos vías.
Y es que a menor velocidad, mayor tiempo de reacción. Porque hay más margen a 100 que a 120 para esquivar un corzo, corregir una distracción o incluso para acelerar para adelantar con mayor seguridad porque hemos calculado mal. 
Pero para que eso se consiga, por mucho que se acuse de afán recaudatorio, hay que tocar el bolsillo o el crédito de puntos, que al final redunda también en la cartera. Porque las líneas verdes de estas carreteras, las que anuncian una mayor persecución de la velocidad y tratan de que el conductor tenga la sensación de un carril más angosto que lo que realmente es para que levante el pie, no dieron resultado por sí solas. 
las multas. Durante el tiempo que estuvieron en funcionamiento únicamente las líneas verdes, de noviembre de 2016 a octubre de 2017, fallecieron en la CL-613 y en la CL-615 cuatro personas. Aunque el dato no significa que lo hicieran a causa de exceso de velocidad, sí es llamativo que desde el momento en el que pisar de más el acelerador pasó a pagarse, la cuenta de fallecidos se ha mantenido a cero en las carreteras con más muertos en los últimos años.
Los datos de la DGT sobre accidentalidad, también lo manifiestan con una reducción del 13 %.  Durante el año inmediatamente anterior a la puesta en marcha de estos radares (desde el 23 de octubre de 2016 al 22 de octubre de 2017), las carreteras CL-613 y CL-615 registraron 205 accidentes de circulación, con un balance de cuatro personas fallecidas y 20 heridos. En cambio, durante el primer año de funcionamiento de estos radares (desde el 23 de octubre de 2017 al 22 de octubre de 2018), las mismas carreteras registraron 178 accidentes, con 16 heridos  y ningún fallecido. Guarismo que se movió, por desgracia, el pasado viernes, registrándose el primer fallecido de las carreteras controladas por radares, casi dos años después.
Y aún así, durante el primero de los años de funcionamiento, los últimos datos disponibles, casi 1.400 conductores se jugaron sus los puntos, además de su vida y la de los demás, al superar los límites de velocidad y, por tanto, fueron multados. Y la diferencia es llamativa, puesto que de las 1.388 denuncias, 1.189 infracciones se produjeron en los tramos controlados de la CL-613, frente a las 199 de la CL-615
Algunos con excesiva temeridad, como el de un conductor que con su Audi fue detectado a una velocidad media de 163,4 kilómetros por hora entre Paredes de Nava y Becerril, donde el límite es de 90 km/h. Velocidad media sostenida durante un tramo de algo más de 3 kilómetros. De haber llegado a los 170 km/h el conductor, al que se le detrajeron 6 puntos, con una multa de 600 euros, hubiera cometido un delito, penado con hasta seis meses de prisión.
En el caso de la CL-615, la máxima velocidad detectada fue la de un Mercedes E, que circuló de media a 161 kilómetros por hora entre Renedo de la Vega y Carrión de los Condes (12 kilómetros). Fue sancionado con una multa de 500 euros y seis puntos. Entonces el límite era de 100 km/h.

Más información, en la página 42



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